Sin mirar atrás: los niños ex soldados se labran una nueva vida

Abdi, de diecisiete años, lleva el mono azul propio de un aprendiz de electricista, y arregla los cables eléctricos rojos y azules que cuelgan de un tablero de madera. Cerca de él, uno de sus compañeros aprendices ha brincado a una escalera para comprobar la luz fluorescente a la que van conectados los cables de Abdi, pero no se enciende.. “Entre los soldados, yo era valiente como un león”, asegura Abdi con naturalidad. “Estuve en la guerra luchando contra otros grupos”.

Abdi se toma un descanso de cables y bombillas y se sienta para hablar conmigo sobre la época en que, en lugar de un mono azul, vestía un uniforme del ejército. Una vez fue soldado; se dejó cautivar por una ideología y un sueldo mensual que lo arrastraron a la interminable guerra civil de Somalia.

unas manos trabajan con cables eléctricos.
UNICEF Somalia/RichNiños anteriormente asociados a las fuerzas armadas y aquellos en riesgo de ser reclutados, aprenden acerca de electrónica en un centro de formación organizado por INTERSOS, una ONG aliada de UNICEF. Cerca de 100 niños y niñas están matriculados en formación profesional en INTERSOS, incluyendo plomería, electrónica, carpintería y sastrería.

“Al principio, pensábamos que la gente de allá era buena, porque su ideología estaba basada en la religión”. Conforme Abdi se sumerge en la historia, su mirada se hace más intensa y sus manos gesticulan, como si eso pudiese ayudarlo a librarse de la carga que lleva sobre sus hombros desde entonces. “Al final, nos dimos cuenta de que su ideología era, en realidad, una mala interpretación del Islam. No hacían más que perjudicar a las comunidades a las que pertenecemos. Así que me fui”.

“Mi familia se alegró mucho de verme. Yo, sin embargo, no sabía qué hacer con mi vida ni a qué dedicar el tiempo”. Con una educación limitada, sin habilidades y sin esperanzas de encontrar un trabajo decente, Abdi se encontró a sí mismo atrapado en otro limbo.

Más adelante, escuchó hablar de los programas de formación profesional para niños ex soldados. Gracias al apoyo de su familia, Abdi se inscribió en un programa dirigido por INTERSOS: una ONG italiana aliada de UNICEF. De la oferta de modalidades de formación en carpintería, fontanería, electricidad o sastrería, él eligió electricidad.

“Me veo terminando este curso y encontrando un buen trabajo como electricista profesional”, dice Abdi. Su voz muestra seguridad. Su prioridad es, sin duda, aprovechar al máximo esta segunda oportunidad. Y no está solo..

En el patio, el desarrollo de las actividades se encuentra en su máximo esplendor. Una zona la ocupa el grupo de carpintería. Un muchacho joven maneja con entusiasmo un taladro, mientras que otro utiliza una lijadora igual de ruidosa para partir una pieza de madera. Separado por el edificio de las oficinas, se encuentra el grupo de fontanería. Siguiendo las indicaciones de un profesor, se dirigen uno por uno al centro del grupo y hacen prácticas sobre un artilugio empleando herramientas de distintas formas y tamaños.

Lejos de los colegas de Abdi, en una clase amplia, hay un grupo de mujeres jóvenes también muy ocupadas: no con serruchos o taladradoras, sino con agujas, hilo y máquinas de coser. La facilidad con la que se familiarizan con el uso de volantes y pedales hace que parezca mentira que empezaron a aprender a usar estas máquinas hace tan solo seis meses.

Las niñas son tan vulnerables como los niños, o incluso más, cuando se trata de conflictos armados. De los 100 aprendices de este centro, 30 son niñas que alguna vez han sido reclutadas por grupos armados o que han estado en peligro de serlo.

Una de las consecuencias más devastadoras de la guerra civil de Somalia, que comenzó hace más de dos décadas y aún mantiene su intensidad, es el tratamiento violento, agresivo y de explotación que se da a los niños. UNICEF calcula que, en la actualidad, 5.000 niños y jóvenes podrían encontrarse en las filas de distintos grupos armados. La situación es especialmente nefasta en las regiones del centro y el sur del país.

“Me uní a Al-Shabaab porque no era más que un niño; era demasiado joven para tomar decisiones”, explica Ali, otro aprendiz inscrito en los cursos de formación profesional. Gracias a la financiación de la Unión Europea, UNICEF sirve de apoyo para estos niños y ayuda a las autoridades locales, las ONG, la sociedad civil y las comunidades a proteger a aquellos que se encuentran en peligro. Además, facilita la reintegración a quienes quieren comenzar una vida nueva.

Al acabar el curso, se repartirá a los aprendices un kit de iniciación y se les proporcionará apoyo continuo durante el proceso de reintegración. Ayudas tan significativas como la formación profesional son esenciales para proteger a los niños y los jóvenes de las miradas depredadoras de las milicias, así como para mantenerlos a salvo con sus familias y sus comunidades.

Tanto Abdi como Ali están convencidos de que no volverán al ejército.

“Es muy estresante formar parte de esos grupos”, explicaba Ali. “A quienes estén pensando en alistarse, les pediría que se lo pensaran dos veces. No aportará nada bueno a sus vidas. Con el empoderamiento que nos da la educación, sin embargo, sí podremos lograr tener una buena vida.

No os unáis nunca a esos grupos. Lo único que harán será guiaros a la muerte”.

Kun Li trabaja como Especialista en Comunicación para UNICEF Somalia. China de nacimiento; ciudadana americana, africana y del mundo de corazón.

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