La resiliencia de los niños cubanos ante los desastres naturales

Tras haber arrasado el oeste de Haití, entre el 4 y el 5 de octubre, el huracán Matthew (de categoría 4 en la escala Saffir Simpson) descargó toda su fuerza en el extremo oriente de Cuba, colapsando los sistemas públicos de abasto y suministro de agua a pesar de los esfuerzos de preparación de las autoridades y de la población. En casa de Johan, de 10 años, las dificultades para recibir y almacenar agua no son nuevas, la palabra sequía cada vez se escucha más en su casa y en su comunidad, en San Antonio del Sur.

Johan es uno de los muchos niños y niñas que vivieron un huracán por primera vez en su vida el pasado mes de octubre. Cuando las autoridades notificaron la fase de alerta, su abuela Josefa y su madre Aylin siguieron inmediatamente las orientaciones de la Defensa Civil, entre ellas almacenar la mayor cantidad de agua posible. Johan ayudó a llenar cada recipiente disponible en la casa; había que estar preparados.

El currículo cubano, a lo largo de todos los niveles de enseñanza hasta la universidad, integra conocimientos teóricos y prácticos sobre la Defensa Civil y los riesgos naturales, tecnológicos y sanitarios. Los estudiantes aprenden los conceptos y contenidos de prevención, preparación y recuperación en situaciones de desastre; a través de los conocimientos y habilidades adquiridos, incorporan los procedimientos y aprenden a actuar consecuentemente. Además, desde primer grado, todos los estudiantes forman parte de la organización escolar de exploradores, que les prepara para la vida en campaña.

En San Antonio del Sur, el huracán provocó inundaciones, fuertes vientos y deslizamientos de tierra. Unas 112.000 personas sufrieron afectaciones en el suministro de agua tras el paso de Matthew en la provincia de Guantánamo, el cual dañó 63 acueductos y 13 kilómetros y contaminó ocho embalses de tuberías, debido a la crecida de los ríos o deslizamientos de tierra. Al colapsar los acueductos, camiones cisterna tuvieron que distribuir 50 litros por habitante al día en zonas de difícil acceso.

Los esfuerzos de vigilancia desde la escuela y a nivel comunitario del estado epidemiológico se extremaron tras el paso del huracán, previniendo con éxito la proliferación de vectores y los brotes epidemiológicos. Aylin cree que existe una concienciación en los hogares sobre las enfermedades de origen hídrico, ella confiesa que tomó conciencia cuando nació Johan y desde entonces siempre hierve el agua. Como el resto de sus compañeros de escuela, Johan acude a la escuela cada día con su botella de agua segura.

 

Johan y su abuela Josefa en su cocina, donde guardan todos los recipientes de agua que utilizan para almacenarla
UNICEF Cuba/2016/LópezJohan y su abuela Josefa en su cocina, donde guardan todos los recipientes de agua que utilizan para almacenarla.

En casa de Johan, donde normalmente llega el agua cada dos días, tuvieron suficiente agua para uso y consumo durante los días que tardó en restablecerse el suministro. Otros vecinos, que no tenían la misma capacidad de almacenamiento, acudieron a ellos para obtener agua. UNICEF ha apoyado la respuesta a la emergencia del gobierno con la distribución de tabletas purificadoras de agua en los municipios más afectados de la provincia de Guantánamo (Baracoa, Maisí, Imías y San Antonio del Sur), para asegurar el consumo seguro y evitar enfermedades de las poblaciones. Los kits de higiene y contenedores de agua para familias cubrieron las necesidades básicas inmediatas de higiene y almacenamiento de agua segura de aproximadamente 52.000 familias y 156.900 personas, de las cuales alrededor de 38.000 son niños, niñas y adolescentes.

El abastecimiento en camiones cisterna es común en las comunidades más intrincadas, donde los ciclos de abastecimiento van desde los 10 hasta los 15 días. La población de montaña, que no tiene agua corriente, carga el agua en sus animales hasta sus casas y los contenedores para almacenarla de forma segura son cruciales. Unas 17 comunidades, donde habitan casi 2.000 personas, quedan sin abasto de agua en tiempos de sequía.

En el municipio de San Antonio del Sur el 79% de las viviendas dañadas han sido reparadas, lo que va dando a la comunidad una sensación de normalidad; sin embargo, no ha vuelto a llover desde octubre. La población vive primordialmente de la producción agrícola y el fenómeno meteorológico dañó severamente sus cosechas. La intensa sequía actual complica la recuperación y exige soluciones sostenibles a un problema que ha venido para quedarse, el cambio climático.

En colaboración con el Ministerio de Educación, UNICEF ha estado trabajando durante estos últimos tres años en las comunidades en las provincias centrales y orientales, especialmente vulnerables a estas catástrofes. Más de 14.000 niños, niñas y adolescentes de 128 escuelas han participado en un proyecto de fortalecimiento de su capacidad de enfrentar los desastres.

*Marta López es CD4 Fellow en UNICEF Cuba

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