Reducción del riesgo de desastres: Lo que está en juego para los niños en Sendai

Para fines del decenio de 1990, los desastres debidos al cambio climático afectaban a unos 66 millones de niños por año. Se calcula que en las décadas próximas, el número de niños afectados se triplicará hasta llegar a unos 200.000 menores damnificados por año. Lamentablemente, podemos prever un aumento del número de muertes infantiles debidas a los desastres naturales. Más niños correrán mayores peligros físicos y psicológicos. Como consecuencia de los desastres naturales, también aumentará el número de niños que no podrán ir a la escuela y que correrán peligro de ser víctimas de la trata de personas, el abuso, la explotación y el trabajo forzado.

El nuevo Marco Mundial sobre la Reducción del Riesgo de Desastres que se acordará en la Conferencia Mundial de Sendai, en el Japón, tendrá como objetivo el logro de avances más ambiciosos hacia la meta de cortar los desastres de raíz.

Pese a que quizás no podamos evitar las inundaciones, las sequías y los terremotos, hemos aprendido que es posible dar pasos destinados a reducir el riesgo de los desastres. El objetivo de Sendai consiste en lograr acuerdos con respecto a esas medidas y comprometerse a ponerlas en práctica. Los niños y los jóvenes se harán presente en la Conferencia Mundial para ayudar a que eso ocurra. Debemos prestar atención a lo que digan, y es necesario que les involucremos en los diálogos, la búsqueda de soluciones y la toma de decisiones.

Alguien comentó alguna vez que “no son los terremotos los que matan niños sino los edificios”. El comentario tiene algo de verdad. Los fenómenos naturales como las inundaciones y los terremotos no tienen por qué constituir desastres. Los edificios, como las escuelas, no deberían matar a los niños sino protegerles. Y se puede salvar vidas aplicando medidas simples. Por ejemplo, cumpliendo con los códigos de edificación y enseñando a los niños de que, en caso de temblor de tierra o de un simulacro de emergencia en la escuela, deben “agacharse, cubrirse y sujetarse fuerte”.

Alumnos de cuarto grado se protegen refugiándose bajo una mesa durante un simulacro de preparación para caso de terremoto en una escuela de Kazajistán.
© UNICEF/NYHQ2011-1591/BellAlumnos de cuarto grado se protegen refugiándose bajo una mesa durante un simulacro de preparación para caso de terremoto en una escuela de Kazajistán.

Pero la Conferencia de Sendai no estará dedicada exclusivamente a lograr que estemos preparados. Se referirá, más bien, a la necesidad de dar respuesta a las cuestiones y circunstancias que hacen vulnerables a las personas en primer lugar. Para ello, tratará el tema de la inequidad, que impide que muchos niños vayan a la escuela, que les priva de atención de la salud y que determina que vivan en sitios donde no viven los demás, como las regiones inundables, las regiones litorales bajas y los tugurios urbanos carentes de toda forma de planificación. Son los más pobres entre los pobres quienes viven expuestos al peligro en los sitios donde los desastres son más probables y frecuentes.

El desarrollo, cuando se logra por medios adecuados y cuando tiene en cuenta los peligros para comprender quiénes son vulnerables y por qué, sirve para reducir el riesgo de desastres y puede liberar a las personas de la pobreza, darles una voz y alejarlas del peligro. Sin embargo, esos logros pueden ser frágiles, de manera que debemos resguardarlos.

En Etiopía, por ejemplo, las inversiones en programas comunitarios de salud y alimentación, que constituyen servicios básicos que muchos dan por hecho, salvaron miles de vidas durante la sequía de 2012. Y no se trató de un caso aislado.

Sufiya Akter, instructora comunitaria de natación de 21 años de edad, imparte una clase como parte de un programa de natación segura que cuenta con el respaldo de la Oficina de UNICEF en Bangladesh
© UNICEF/UKLA2014 - 1564/MatasSufiya Akter, instructora comunitaria de natación de 21 años de edad, imparte una clase como parte de un programa de natación segura que cuenta con el respaldo de la Oficina de UNICEF en Bangladesh.

Se han obtenido algunos avances, pero no son suficientes. Teniendo en cuenta que el número de niños afectados por los desastres se multiplicará por tres en las próximas décadas, algo tendrá que cambiar. Es necesario que el nuevo Marco sobre la Reducción del Riesgo logre su cometido, no sólo por el bien de los niños y jóvenes de hoy sino también por los millones de niños y jóvenes que heredarán un mundo donde los desastres naturales serán más numerosos y el clima más riguroso. Al igual que el cambio climático, el riesgo de desastres es un problema de carácter intergeneracional.

Sabemos bastante bien cómo responder a esos desafíos, pero tenemos por delante una cuestión de escala. Para superar el ciclo de crisis que afecta a tantos niños y familias es necesario realizar inversiones en medidas simples pero eficaces que reduzcan los efectos de los desastres naturales, respondan a las causas más profundas de la vulnerabilidad y aumenten la preparación.

Si aprovechamos las lecciones obtenidas en sitios como Mozambique, Armenia y el Nepal, ¿por qué no vamos a poder conseguir que todas las escuelas sean escuelas seguras? ¿Y por qué no aprovechar la experiencia del Níger, donde las inversiones en los sistemas de salud lograron beneficiar a los pobladores pobres e hicieron posible que estos enfrentaran con éxito las sequías? ¿Acaso no es posible aplicar esas prácticas del desarrollo exitosas en el resto del mundo?

Antony Spalton es Especialista en Reducción del Riesgo y Capacidad de Recuperación de la División de Programas de UNICEF.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con “obligatorio.”