Protegiendo a los niños, más allá del temor a la COVID-19

Nancy y María José son dos consejeras de protección de Táchira, Venezuela, a quienes la pandemia de la COVID-19 no ha detenido en su afán por apoyar a los niños, niñas y adolescentes más vulnerables.

Diariamente, hacen recorridos por las comunidades para atender los casos que requieren apoyo psicosocial, orientación jurídica o cualquier soporte necesario para restituir los derechos vulnerados de la infancia y la adolescencia.

“Por la situación de la COVID-19 estamos más activas que nunca, durante las 24 horas del día”, dice María José, consejera de protección de la niñez adscrita al Consejos de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes, donde trabaja desde hace un año y medio.

“Los niños han sido objeto de descarga de la frustración y el estrés de los adultos, como producto de la situación de la pandemia, que supone a papá, mamá y familiares conviviendo las 24 horas, además de la situación preexistente en el país.”, agrega.

©UNICEF Venezuela/2020/PovedaMaría José desde hace más de año y medio camina todos los días para llegar a su lugar de trabajo y a las comunidades para brindar el servicio de protección de los niños, niñas y adolescentes que más lo necesiten.

El cierre de escuelas y otras medidas de distanciamiento social que interrumpen las rutinas diarias, la situación de estrés en los padres, que pueden estar luchando con la pérdida de ingresos, sumado a la ansiedad y la incertidumbre potencian los riesgos de maltrato y violencia.

“Esta pandemia es una situación atípica. Desde que comenzó, empezamos a recibir más casos de violencia intrafamiliar de los que nos habían sido reportados antes, producto de la convivencia obligatoria de padres con los hijos”, comenta Nancy Ibarra, quien desde hace cinco años es consejera de protección de niños y adolescentes.

“Además, con la instalación de los Puntos de Atención Social Integral en la frontera, tuvimos que adaptarnos para brindar atención a los niños y adolescentes retornados, y a la niñez en situaciones de calle”, añade.

Desde una comunidad fronteriza de Venezuela, Nancy y María José atienden aproximadamente 6 casos diarios de niños, adolescentes o familias que requieren orientación psicológica, apoyo y asesoría legal.

A pesar de los riesgos de contraer el virus, Nancy y María José trabajan incluso fuera de su horario habitual y no las detienen ni las restricciones de movilidad que supone la pandemia.

©UNICEF Venezuela/2020/PovedaPor cinco años, Nancy ha brindado apoyo desde las oficinas del Consejo de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes en Táchira o en las comunidades a los niños y adolescente cuyos derechos estén siendo vulnerados.

“Nuestro trabajo se ubica en zonas de bajo recursos, donde la protección es mínima o en centros de salud donde hay pacientes con el virus(…) Recientemente tuvimos el caso de una adolescente de 16 años, embarazada, que se acercó al Consejo para solicitar un sitio donde dormir. Ella había sido víctima de trata en Colombia, pasó la frontera a través de las trochas y no sabía si tenía la enfermedad. Así que sí, sí sentimos temor de contraer la enfermedad, somos seres humanos; pero es mi trabajo”, dice Nancy.

“Yo tengo una hija de tres años y vivo también con mi papá que es hipertenso, también siento miedo al salir de casa porque al exponerme también los expongo a ellos; sin embargo, continúo trabajando porque amo mi trabajo de consejera. Intentamos tomar todas las medidas para protegernos y minimizar los riesgos. Pero el temor por contagiarnos siempre está presente”, agrega María José.

Para acompañar los esfuerzos del personal de protección a la niñez durante la pandemia, UNICEF ha reforzado su respuesta con un equipo de especialistas que trabaja en terreno con gobiernos locales y regionales, sociedad civil e instituciones. A través de nuestros especialistas en Caracas, Táchira, Zulia y Bolívar hemos contribuido, junto con los Consejos de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes a la atención de casos a través de líneas telefónicas de asesoría legal y psicológica en algunos sectores.

“UNICEF ha estado trabajando de la mano con nosotros, con formación profesional, suministros para la oficina y ahora con la mejora de la infraestructura. Tener espacios de trabajo adecuados, con buena iluminación, es un incentivo que nos anima a continuar trabajando y esta obra también se traduce en mejoras para la atención de los usuarios. También gracias al equipo multidisciplinario que aportó UNICEF hemos podido brindar apoyo psicológico presencial”, concluye Nancy.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con “obligatorio.”