“Mamá, no llores”, una niña de 4 años que sobrevivió al huracán María

“Mamá, no llores”, dice Adriana Joseph de cuatro años, con lágrimas en los ojos, mientras el río desbordado corre amenazador por debajo de sus pies y entra en su casa. “El huracán se tranquilizará”, agrega tratando de consolar a su madre.

Pero su madre, Abigail Walsh, se derrumbó en lágrimas. Eran las 8 de la noche y el huracán María apenas empezaba a desatar su fuerza de categoría cinco sobre la isla de Dominica sin piedad.

La casa de Adriana se inundó en cuestión de segundos, dejándolos solo con tiempo para salvar sus vidas.

De repente, la luz de la casa se apagó.

Con el agua hasta las rodillas, Adriana no pudo encontrar a su madre en la oscuridad de la habitación. El ruido de la lluvia, los fuertes vientos y el furioso río era ensordecedor, pero Adriana podía oír su corazón latir como tambor.

A group of people in front of a flooded home.
UNICEF/Moreno GonzalezUna familia posa afuera de su hogar. Wilma Walsh (camisa amarilla), su nieto Akeanno Joseph y su nieta Adriana Joseph.

Debido a la presión extrema del agua, “las paredes chillaban como si sufrieran por el dolor”, recuerda Adriana.

De repente, las puertas y ventanas se rompieron y un río fangoso irrumpió en la casa con furia.

Rápidamente, su madre agarró la linterna del teléfono celular y encontró a su hija casi arrastrada por la corriente. Agarró la mano de Adriana, trepando por el barro y los escombros, y la llevó a ella y a su hijo de tres años, Akeanno Joseph, sobre sus hombros a la sala de estar.

Era imposible escapar ante la batida de agua del río que se precipitó dentro.

Adriana y su hermano sobrevivieron a las crecientes inundaciones del huracán María, aferrándose al hombro de su madre durante más de 40 minutos, de pie sobre una mesa en la sala de estar.

Antes de convertirse en barro espeso, el agua de la casa se elevó a 1,8 metros.

Una semana después de la tormenta, visité su casa. La abuela de Adriana, Wilma Walsh, me invitó a entrar. La marca de agua seguía siendo visible.

Fuera de la casa, muebles, ropa, electrodomésticos, juguetes y otras pertenencias se amontonaban en una masa de barro, secándose arruinadas al sol.

A young shirtless boy stands in a devastated street.
UNICEF/Moreno GonzalezUn niño camina buscando zapatos perdidos en las calles de Roseau, capital de Dominica. Después del severo impacto del huracán Irma en la región del Caribe, el huracán María ha añadido graves consecuencias humanitarias.

El mediodía me encuentra con el corazón sobrecogido entre el sonido de las máquinas de trabajo despejando las carreteras y los hombres martillando los techos. Debido a los trabajos, el polvo cubre todo, la gente usa máscaras para protegerse.

Después del severo impacto del huracán Irma en la región del Caribe, el huracán María ha añadido graves consecuencias humanitarias, llevando al menos 38 vidas en su camino devastador y aumentando el número de niños y familias que necesitan apoyo urgente.

UNICEF estima que 39.000 niños necesitan asistencia inmediata en las islas del Caribe Oriental, 20.000 de ellos afectados por el huracán María en Dominica.

En toda la región, cientos de escuelas han sido afectadas, destruidas, están siendo usadas como refugios o han perdido sus techos. Los niños también necesitan agua potable, protección, apoyo psicosocial y servicios de salud y nutrición.

Abigail me explica que el pequeño Akeanno todavía tiene miedo de ir al río. “Yo misma todavía estoy en estado de shock”, admitió.

“Los contenedores de metal volaban como papel en la brisa” era la metáfora que una mujer utilizó para describir los implacables vientos de 175mph (280 km) de María.
Ella lo dijo para explicar las dos furgonetas y un auto aplastado debajo de un enorme contenedor de metal. Escenas similares se repetían a lo largo del paseo marítimo.

Aquí, casi todas las estructuras han sido devastadas. Con la mayoría de las casas destruidas y una línea de escombros a lo largo de la carretera, Roseau es una de las comunidades que más ha sufrido, y las comunidades remotas siguen estando cortadas por puentes colapsados ​​y carreteras dañadas que impiden el acceso.

Aerial view of the town after Hurrican Maria came through.
UNICEF/Moreno GonzalezLas secuelas del huracán María en Roseau, capital de Dominica.

“Sabíamos que la tormenta venía, pero no esperaba esto”, dice Ingersol Labad. Ingersol está parado en el segundo piso de la casa. “Podría tocar el agua desde aquí arriba”, dice él mostrándome el nivel que el agua alcanzó.

Las montañas de Dominica, una vez frondosas, están ahora pálidas; los pocos árboles en pie no tienen ramas y las palmeras se asemejan a postes telefónicos, sin hojas.
UNICEF está trabajando en Dominica para proporcionar agua potable a las familias afectadas y apoyo psicosocial a los niños y a sus familias. Los suministros de emergencia de UNICEF se están distribuyendo rápidamente a las comunidades más necesitadas, en coordinación con las autoridades y los asociados nacionales.

También estamos trabajando para restaurar la educación mediante la renovación de escuelas y el establecimiento de centros para niños.

La madre naturaleza ha devastado a Dominica, pero no pudo derrotar el poder del hombro de una madre para mantener a sus hijos lejos del peligro. Necesitamos más hombros para ayudar a Dominica a ponerse de pie.

Manuel Moreno González es Especialista en Comunicación de la Oficina Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe.

 

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