La malnutrición en la República Centroafricana: Cinco cosas que hemos aprendido

Ante la crisis y la violencia que tan duramente golpeó a la República Centroafricana en 2014, los expertos en nutrición empezaron a preocuparse. Ellos sabían que la mayoría de las familias no podían cultivar sus campos ni ganarse la vida, y que el precio de los alimentos esenciales, como el arroz, se había incrementado hasta en un 25%. El acceso de las familias desplazadas a agua salubre y a saneamiento era insuficiente, y un tercio de los centros de salud habían quedado destruidos.

De inmediato surgieron preguntas; por ejemplo: ¿Cuántos niños sufrían de malnutrición grave y requerían servicios? ¿Qué zonas aisladas estaban más afectadas por la malnutrición? Para poder responderlas, necesitábamos reunir datos (una tarea particularmente difícil en un país donde las carreteras –cuando existen– están bloqueadas por barricadas o interrumpidas a causa de los combates).

Para obtener estos datos, realizamos una encuesta SMART, una encuesta simplificada cuyo propósito es suministrar una visión global de la situación sobre el terreno. Entre julio y noviembre del año pasado, 120 personas encargadas de obtener datos visitaron casi 9.500 viviendas para pesar y medir a los niños y las niñas menores de 5 años y hablar con sus familias. Los encuestadores buscaban conocer tanto el nivel de la malnutrición en cada una de las 16 provincias de la República Centroafricana, como la tasa de mortalidad y la cobertura de la vacunación contra el sarampión.

Sus hallazgos fueron los siguientes:

  1. El retraso en el crecimiento supera el umbral de emergencia del 40%. En 7 de las 16 provincias del país, así como también en Bangui, la capital. Este es un problema de suma importancia porque es irreversible y puede repercutir adversamente en el desarrollo del país. Un niño que sufre de retraso en el crecimiento no solo es demasiado bajo para su edad; también puede presentar retraso en su desarrollo cerebral y en su capacidad cognitiva, lo que afecta su rendimiento escolar y su potencial para percibir ingresos en el futuro.
  2. Las tasas de malnutrición grave no son tan altas como temíamos. Sin embargo, en siete provincias, más del 2% de los niños sufren de malnutrición grave, en comparación con apenas dos provincias en 2012. Estos niños y niñas requieren mayor acceso a servicios de nutrición para proteger sus vidas y su futura salud.
  3. La crisis ha cobrado muchas vidas. En 11 de las 16 provincias, al igual que en Bangui, la mortalidad general supera los niveles de emergencia*, lo que representa un aumento significativo desde 2012. En las zonas inestables, la tasa de mortalidad entre los adultos se elevó debido al conflicto armado. Con respecto a los niños, las principales causas de muerte entre los menores de 5 años no fueron las balas, sino el paludismo, las infecciones respiratorias y la diarrea. Cuando la malnutrición se suma a alguna de las enfermedades de la infancia, el resultado suele ser fatal, sobre todo en las zonas donde las clínicas han tenido que cerrar a causa de la violencia.
  4. Aun cuando estamos avanzando en el restablecimiento de los servicios periódicos de vacunación, los niños que viven en las zonas de más difícil acceso están quedando excluidos. Mientras que un niño de Bangui, la capital del país, tiene una probabilidad superior al 80% de ser vacunado y recibir suplementos vitamínicos, un niño de Vakaga, en el extremo norte del país, tiene una probabilidad de apenas el 30%.
  5. Seguimos necesitando información sobre los niños y las niñas más vulnerables. Los encuestadores no pudieron ir a los emplazamientos de desplazados, a los montes donde la gente ha buscado protegerse de la violencia ni a los enclaves donde poblaciones minoritarias están siendo asediadas por grupos armados. La realización de una segunda encuesta SMART, en marzo de este año, generará datos sobre la situación de los niños que viven en estos lugares.

* Los niveles de emergencia se definen como dos muertes diarias por cada 10.000 personas.

La encuesta SMART fue realizada por UNICEF, en asociación con el Ministerio de Salud, el Ministerio de Planificación, y el Instituto Centroafricano de Estadística, Economía y Estudios Sociales.

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