¿El último plan de acción contra el ébola en Freetown?

Bajo la sombra de un toldo azul provisional, me senté con los miembros de una comunidad del barrio de Moa Wharf, en Freetown. Unos niños jugaban en una escalera cercana y el sonido de su parloteo se mezclaba con el de las olas en el paseo marítimo. El equipo de movilización social de Freetown estaba sobre el terreno. El equipo está codirigido con el gobierno por UNICEF, e incluye varias ONG y aliados de las Naciones Unidas como la OMS. Yo estaba allí también porque, tras varios días con cero casos en la zona occidental, todos cuantos estaban trabajando contra el ébola recibieron la mala noticia de que dos días antes se habían conocido tres casos de contagio procedentes de esta comunidad.

Como resultado, el equipo de respuesta rápida y movilización social de la zona occidental (SMRRT, por sus siglas en inglés) se desplegó y realizó una evaluación inmediata de la que extrajeron las siguientes conclusiones:

  • se trata de una comunidad de tránsito de embarcaciones con varios puntos de acceso,
  • dentro de la comunidad hay falta de actividades de movilización social y altos niveles de complacencia
  • no se dispone de materiales impresos con información sobre el ébola ni de instalaciones para lavarse las manos,
  • hay tres centros religiosos que propician las reuniones de personas y el uso colectivo de calderos y esterillas para orar,
  • hay cinco mercados cercanos que frecuentan los miembros de la comunidad, y
  • la situación de higiene es bastante mala, no hay aseos públicos y la mayoría de los miembros de la comunidad defecan en espacios abiertos.

El SMRRT convocó a sus dirigentes principales (jefes, miembros del equipo de tareas y otras partes interesadas en la comunidad) y organizó una reunión de la comunidad a la que asistirían jefes, líderes religiosos, miembros del equipo de tareas del ébola de la comunidad, patrones, la autoridad portuaria, oficiales de supervisión del distrito, movilizadores sociales y miembros de la comunidad. Mientras esperaba sentada a que estuviesen todos los asistentes, vi llegar a los “cazadores” de los puntos de mayor contagio que trabajan con UNICEF; les sonreí y elogié sus nuevas camisetas, que decían “UNICEF Ebola Champion” (UNICEF, campeones contra el ébola). Conversé un momento con Hassan, que es “cazador” y me contó que vive en esta comunidad. Me dijo que el ébola no era una enfermedad nueva, pero que los afectados prefieren ocultarlo por temor a las autoridades.

La reunión de la comunidad comenzó con oraciones que, conforme a la tradición sierraleonesa, rezaron un cura y un imán. La armonía religiosa que se respiraba al pronunciar nuestros amenes y ameens me hizo sonreír, ya que se trata de uno de los rasgos de Sierra Leona que más me gustan.

Todo el mundo tuvo la oportunidad de participar, y aunque la mayor parte de la reunión transcurrió en krio, entendí casi todo lo que decían. La jefa (era una mujer) instó a su comunidad a que actuaran, y les dijo que debían ser diligentes a la hora de reconocer los signos y los síntomas del ébola y llamar a la línea directa local para el ébola, el 117, para informar sobre nuevos casos de contagio. Algunos de los miembros pidieron la destrucción total de los hogares afectados (ahora en cuarentena), y la coordinadora de ébola del distrito (también una mujer) les informó con seriedad que a los contactos de alto riesgo se les ofrecería la posibilidad de quedarse en unas instalaciones aisladas para realizar una cuarentena voluntaria, pero que eso no implicaba que todos tuviesen que estar conformes. Hizo también un llamamiento a que todo el mundo se mantuviese firme en la lucha contra el ébola. Otro miembro del equipo, un oficial de apoyo sobre el terreno de UNICEF, tomó la palabra para recordarle a la gente algunos mensajes importantes: que lavarse las manos con jabón es una de las mejores formas para prevenir la transmisión de ébola (y de otras muchas enfermedades), y que llamar al 117 nada más reconocer un síntoma podría salvar vidas y proteger a sus familias y sus comunidades.

Durante la reunión, la comunidad decidió que debería haber un plan de acción de tres días consistente en una búsqueda activa de casos (por parte de oficiales de supervisión de distritos, rastreadores de contacto y miembros de los equipos de tareas de la comunidad), además de una movilización social más amplia (por parte de los movilizadores sociales activos que trabajan para las distintas organizaciones de la comunidad). Una vez se hubo dividido la zona en cinco partes distintas y distribuido a todo el mundo en equipos, comprobé que Hassan había sido elegido como líder de uno de ellos. Levanté el pulgar en señal de felicitación y le dije que se mantuviese a salvo.

Después de la reunión, mi equipo me adentró en Moa Wharf y, cuando nos estábamos acercando a los hogares en cuarentena por unos caminos estrechos por los que paseaban miembros de la comunidad, nos encontramos con unos oficiales de seguridad que nos pidieron que nos echáramos a un lado. Observamos (mientras yo contenía la respiración) cómo se llevaban a los once contactos de alto riesgo a las instalaciones aisladas de cuarentena voluntaria. Escuché que mis compañeros decían en krio “sean fuertes” y “nos están ayudando a controlar el virus del ébola, ¡gracias!”. Yo me quedé callado, abrumado por la emoción, dándome cuenta de lo valientes que han sido y el miedo que habrán pasado en Moa Wharf.

Me fui de Moa Wharf con el equipo y nos dirigimos al Centro de Respuesta al ébola de la zona occidental (WADERC, por sus siglas en inglés) que, además de ser mi base, es también el epicentro de la respuesta al ébola en Freetown. Allí dimos parte de la situación y planificamos los siguientes pasos. Motivados por la reunión con la comunidad, todos estaban comprometidos para lograr el cero, y estamos seguros de que las acciones emprendidas en Moa Wharf nos ayudarán a conseguirlo.

Hasta la fecha, se han detectado 13 casos de ébola en Moa Wharf; los movilizadores sociales han llegado a 3.566 familias (7.613 hombres y 7.865 mujeres); han comprometido a 120 líderes religiosos; 36 líderes sociales; 46 jefes y 27 curanderos tradicionales.

Lucille Knight es una Especialista en Comunicación para el Desarrollo de UNICEF y es codirectora de la Base del distrito de movilización social de la zona occidental, que cubre la zona de Freetown.

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