El devastador impacto del ébola en los niños africanos

El pueblo de Meliandou, en Guéckédou (Guinea Conakry), donde se cree que nació el último brote de ébola, es probablemente uno de los lugares más difíciles de alcanzar del país. Es un viaje de dos días desde la capital, Conakry, seguido de una caminata por la densa selva tropical.

Hace poco fui a Meliandou, acompañado de responsables y aliados en temas de protección infantil, para entender cómo el ébola está afectando a los niños. Lo que nos encontramos confirmó nuestras sospechas: no había cientos, sino miles de niños que han perdido a sus padres, abuelos, hermanos y hermanas, o que se han quedado huérfanos por esta enfermedad mortal.

En los pueblos pequeños los niños sin padres son vulnerables a la estigmatización, el hambre, la desnutrición y, en algunos casos, la violencia. Algunos de estos niños también son supervivientes del ébola.

El personal de UNICEF discute temas sobre protección infantil con los ancianos y miembros de la comunidad, durante una sesión de información sobre el ébola, en la aldea rural de Meliandou en Guéckédou.
© UNICEF/NYHQ2014-1500/La RoseEl personal de UNICEF discute temas sobre protección infantil con los ancianos y miembros de la comunidad, durante una sesión de información sobre el ébola, en la aldea rural de Meliandou en Guéckédou.

La historia de Jennette
Durante nuestra visita hablamos con Jennette (nombre ficticio para proteger a la niña), de 13 años, quien nos contó su experiencia con el ébola. Nos ofreció sentarnos en un tronco delante de la casa de su madre; los niños del barrio, curiosos ante la llegada de unos extranjeros, dejaron de perseguir a un pollo y se congregaron para ver qué pasaba.

“Estaba a punto de terminar sexto curso en Guéckédou cuando se produjo el brote de ébola. Cuando mi abuela enfermó, ella y mi tía me pidieron que les ayudara. Limpié el vómito y la sangre y lave las sábanas sucias”.

“Cuando mi abuela se puso peor, la llevaron a su pueblo natal para que la atendiesen mejor. Murió en el camino. Después del funeral me empecé a sentir mal. Tenía fiebre y empecé a tener diarrea y vómitos”

Jennette y su familia fueron trasladadas a un centro de tratamiento del ébola cercano. Una vez ingresadas, Jennette dio positivo, al igual que su hermana y su madre, que también habían contraído la enfermedad durante el funeral.

“Estábamos 5 en una habitación, que compartía con mi hermana, y había una persona por cama. Nos dieron la medicina para que nos la tragásemos. A veces recibíamos la visita de nuestros hermanos, que estaban cubiertos de pies a cabeza con ropa especial. En nuestra habitación murió una persona”, recuerda.

“Tras 23 días en el centro de tratamiento, estaba curada y recibí el alta. A pesar de estar sana otra vez, no podía ser feliz. He perdido a mi tía materna y a mi abuela; las dos fueron asesinadas por esta enfermedad. El ébola se ha llevado a 7 miembros de mi familia. Le doy gracias a Dios por salvar a mi madre y a mi hermana”.

“Me tendrán que ayudar porque mi abuela lo dio todo por mí y no puedo volver a casa de mi tía [paterna] porque me amenazaba mucho cuando yo estaba enferma. Hasta el momento, nunca se ha interesado por mi estado”.

Ante el estigma de su propia tía, que la echó de su casa, Jennette rompió a llorar mientras hablaba con nosotros.

Es un viaje de dos desde la capital de Conakry seguido de un largo paseo a través de la densa selva tropical para llegar Meliandou.
Fuente: Google MapsEs un viaje de dos desde la capital de Conakry seguido de un largo paseo a través de la densa selva tropical para llegar Meliandou.

La situación de los niños durante la epidemia
Hablé con muchos niños que me contaron historias similares. Habían perdido a uno o a sus dos padres y habían pasado por un periodo de estigmatización, en ocasiones incluso por parte de sus propias familias. Con el tiempo, muchos fueron recibidos de vuelta en la escuela y por sus amigos. La mayoría estaban viviendo con otros miembros de sus familias.

Sus historias eran desgarradoras. Una niña nos dijo: “Después del cole trabajo en casa y juego con mis amigos. No tengo lápices, no tengo zapatos, lloro cuando veo a mis amigos con los zapatos que les dieron sus padres”.

UNICEF ha estado evaluando la situación de los niños afectados por el ébola. Nuestro primer paso fue averiguar dónde están y qué necesitan. Ahora que ya lo sabemos, estamos poniendo en marcha programas para garantizar que estos niños y niñas sean atendidos en el seno de una familia tan pronto como sea posible médicamente hablando; y que ellos, sus familias y sus comunidades, reciban apoyo psicosocial.

Un especialista en Comunicación de UNICEF discute temas relacionados con el ébola con los líderes religiosos de Guinea, durante una sesión de entrenamiento en la Gran Mezquita, situada junto al hospital de Donka y su sala de aislamiento, en Conakry.
© UNICEF/NYHQ2014-1502/La RoseUn especialista en Comunicación de UNICEF discute temas relacionados con el ébola con los líderes religiosos de Guinea, durante una sesión de entrenamiento en la Gran Mezquita, situada junto al hospital de Donka y su sala de aislamiento, en Conakry.

La lucha contra el ébola en Guinea
Durante los primeros días del brote, los síntomas, que son similares a los de otras enfermedades que asolan el país, enmascaran la gravedad de la enfermedad y su naturaleza. El ébola no llegó sólo a Guinea. Unicef y sus aliados ya estaban luchando contra otras dos epidemias -de sarampión y meningitis- y contra la principal causa de muerte de niños menores de 5 años: la desnutrición.

El ébola se transmite por contacto directo con los fluidos corporales de las personas infectadas. Si esto se desconoce, las personas de las zonas afectadas, incluyendo los trabajadores de la salud, son especialmente vulnerables.

Hablamos con un especialista en enfermedades infecciosas que trabaja en el centro de tratamiento del ébola en el Hospital Donka, en la capital, Conakry:

“Los niños no podían estar acompañados en el centro; por eso los médicos asumimos todo lo referente a su cuidado. Les lavábamos, les alimentábamos, les mecíamos y les consolábamos. Algunos habían perdido a sus padres por la enfermedad, y para quienes no se habían quedado huérfanos, la situación suponía todo un reto para sus padres. Estos se vieron separados de sus hijos y sólo podían verlos a través de una pantalla transparente en el centro. Para muchos era muy difícil, pero después de explicárselo mucho entendieron al final que era por el interés superior del niño”.

Cuando volvíamos a Conakry, saltó la noticia de un nuevo repunte de los casos. El ébola se había extendido a nuevas zonas del país, zonas que antes no estaban afectadas por la enfermedad.

Se prevé que el ébola nos acompañe durante un tiempo en Guinea Conakry, pero incluso cuando se haya ido, su devastador impacto permanecerá para estos niños que han perdido a sus padres; para las personas que han perdido a miembros de su familia; y para las comunidades que han perdido a trabajadores de salud.

Para conocer las últimas noticias e historias sobre el ébola en Guinea, siga a @UNICEFGuinea  en Twitter. Para ayudar a detener la propagación del ébola haga una donación aquí.

Timothy La Rose es especialista en Comunicación de UNICEF Guinea Conakry. Esta historia ha sido escrita con las contribuciones de Kadijah Diallo e Isaac Lelano.

 

 

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