El brote de fiebre amarilla en Angola demuestra que la financiación de vacunas es crucial

Angola fue declarada libre de polio por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en diciembre; todo un triunfo para la salud pública. Se preparó el escenario para una declaración similar en Nigeria, un hito importante en la lucha global contra esta enfermedad incapacitante.

Pero mientras las autoridades de Angola están orgullosas por esta declaración, el reciente brote de fiebre amarilla en el país del sur de África pone de relieve los desafíos a los que gobiernos y trabajadores de la salud pública se enfrentan en su intento por ampliar los programas de vacunación de rutina que salvan vidas.

Los problemas y las barreras que enfrenta la vacunación son bien conocidos, así como las soluciones. Pero lo que ha faltado es voluntad política para dedicar el dinero y mano de obra necesaria para hacer que todo funcione. Estos obstáculos tienen tendencia a crecer ya que tanto Angola como Nigeria, que recientemente lograban enormes ganancias inesperadas por el petróleo, enfrentan ahora drásticas medidas de austeridad por el colapso global del precio de la energía.

Niñas, niños y adultos fueron vacunados durante el primer día de la campaña contra la fiebre amarilla en la provincial de Huambo, Angolaj
UNICEF Angola/2016/M.FranciscoNiñas, niños y adultos fueron vacunados durante el primer día de la campaña contra la fiebre amarilla en la provincial de Huambo, Angola.

El brote de fiebre amarilla en Angola, que ha matado a más de 240 personas, destaca la necesidad de reforzar el programa ampliado de inmunización de la OMS incluso en países que están haciendo un progreso sostenido contra la polio. Los casos de fiebre amarilla también se han detectado en la frontera con la República Democrática del Congo, donde 21 personas han muerto desde enero.

Las infecciones por polio y fiebre amarilla son ambas de origen viral y comparten un factor de riesgo común: el ambiente. Mientras que la polio se transmite principalmente por el mal manejo de restos fecales, la fiebre amarilla es transmitida por la picadura de un mosquito infectado, siendo el más común el Aedes aeqypti.

La reaparición de la fiebre amarilla es directamente atribuible a una fuerte caída en la financiación de la salud. El presupuesto revisado del Gobierno para salud este año es aproximadamente un 33% menor que la asignación de 2015, por lo que las vacunas son más difícil de adquirir. El gasto también se redujo para el saneamiento público y el control de mosquitos, lo que dejó montañas de basura sin recoger en las zonas más pobres. Es decir, condiciones fértiles para que el virus pueda reproducirse y extenderse.

Tanto la polio como la fiebre amarilla se pueden prevenir mediante la vacunación. Angola registró su último caso de polio en julio de 2011. Sin embargo, los expertos en salud pública advierten que el país sigue estando en peligro debido a que un alto número de niños y niñas no reciben la vacuna antipoliomielítica oral (OPV). Y Angola ya ha estado antes en esta situación: el país acabó con la polio en 2001, pero la enfermedad reapareció en 2005.

La polio sigue siendo una enfermedad infecciosa devastadora y potencialmente mortal. Aunque no existe cura, existen vacunas seguras y eficaces. Mientras el virus salvaje de la polio -que puede causar parálisis permanente o incluso la muerte- circule en alguna parte del mundo, todos los países libres de la enfermedad corren el riesgo de reinfección a través de una “importación” del virus.

Nigeria, el último país con casos de polio en África, fue retirada de la lista de países endémicos en septiembre después de más de un año sin casos confirmados del virus salvaje de la poliomielitis. Ahora la polio sigue siendo endémica solo en dos países: Afganistán y Pakistán.

Pero, como demuestra la fiebre amarilla, la final del juego será muy reñida. El Gobierno debe demostrar su compromiso mediante la inversión de al menos 60 dólares americanos por niño al año, así como asignar fondos significativos para apoyar la salud infantil y del recién nacido; en contraste con su inversión actual de menos del 15% (objetivo de la Declaración de Abuja en 2001) de su presupuesto anual nacional para la salud. Esta inversión podría ayudar a garantizar que al menos el 90% de los angoleños cuente con todas las vacunas en su primer cumpleaños, evitándoles el riesgo tanto de fiebre amarilla como de polio, entre otras enfermedades transmisibles.

Las vacunas no sólo salvan vidas: sus beneficios se extienden mucho más allá de la salud. Cuando niñas y niños son vacunados tienen menos enfermedades, lo que ayuda a reducir los costes sanitarios para las familias y para el sistema de salud. Los niños vacunados tienen más probabilidades de permanecer en la escuela, reforzando las perspectivas económicas para ellos y sus comunidades. Las vacunas son relativamente baratas e increíblemente efectivas.

Podemos convertir este brote de fiebre amarilla en una oportunidad redoblando los esfuerzos para mejorar el programa de vacunación general. La fiebre amarilla mata a unas 60.000 personas en el mundo cada año, y debido a que se transmite a través de mosquitos, su total erradicación no será un objetivo fácil y rápido. Pero con la polio se ha conseguido, y las vacunas nos están ayudando a ir en esa dirección.

El Dr. Sam Agbo es el Jefe del área de Supervivencia y Desarrollo Infantil en UNICEF Angola

* Publicado originalmente en inglés en ‘The Guardian’. Traducido a español por Marcos González Díaz, Oficial de Comunicación Digital en UNICEF Angola.

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