Ebola ‘don don’: la vida rural vuelve a la normalidad en Sierra Leona

Cuando uno viaja por la ciudad de Kabala, en el distrito de Koinadugu, Sierra Leona, a veces siente que está en un rincón del paraíso en la tierra. Esta pequeña casa de invitados está rodeada de verdes montañas coronadas por nubes de algodón que cubran laderas boscosas. Hace un poco de fresco, algo inusual en la capital. Poco después del amanecer, se percibe un olor a carbón quemado que indica que las mujeres empiezan a cocinar. Otras ya están a pleno rendimiento recogiendo agua del pozo, mientras que los hombres permanecen sentados fumando y hablando de política.

Nuestro plan para el día es visitar las comunidades Yagala, que se encuentran a una hora de Kabala. El pinchazo de una rueda me ha concedido algo de tiempo para escribir sobre mi viaje por la región norte.

A woman seatd on a chair holding some papers listening to a group of men talking to her
UNICEF/Sierra Leone/BhatnagarLa autora Aarunima Bhatnagar en un encuentro con comunidades locales de Sierra Leona

Cuando pasamos con nuestro vehículo junto a esas comunidades, que a menudo están lejos de las carreteras asfaltadas, vemos a personas afanadas en sus tareas diarias. Es difícil resistirse a tomar fotos de manera constante para guardar los recuerdos de la bella Mama Salone (Sierra Leona). No obstante, aún se puede apreciar la huella del ébola: carteles, vallas con anuncios o las estructuras de antiguos centros de atención para emergencias. Un tema de conversación recurrente en la comunidad es que fueron las propias comunidades las que hicieron retroceder la enfermedad. Aún recuerdo mi vista al terreno, cuando la epidemia del ébola se encontraba en su punto más alto: un panorama caótico, caravanas de vehículos blancos, ambulancias y sirenas ensordecedoras, barreras naranjas que rodeaban a quienes estaban en cuarentena y calles silenciosas. Allá donde fueras estaba inundado de coches blancos y de personas de distintos organismos con camisetas, gorras y chaquetas identificativas que estaban allí para ayudar a las comunidades y las familias. ¡Qué ajetreo! En la radio solo se escuchaba publicidad estrepitosa sobre el ébola, y la televisión emitía mensajes de protección civil.

Ahora, esas mismas comunidades, las mismas calles y las mismas personas parecen tranquilas y relajadas. Supongo que es una nueva forma de vida: la gente se adapta, sobrevive y sigue adelante. Como dicen aquí, “¡Ebola don don!” (el ébola se terminó).

Mi misión consiste en supervisar los Comités de desarrollo de aldeas que forman parte del proyecto Acceso de las Niñas a la Educación, que está financiado con ayuda del pueblo del Reino Unido a través de UNICEF. Los miembros de la comunidad y yo nos sentamos apilados en un pequeño patio. No soy un rostro desconocido para la comunidad: me conocen, no por mi nombre, sino como “la señora de UNICEF”. Me espera una cálida bienvenida que indica que saben para qué estoy aquí. Abordan directamente la influencia que la educación tiene para las niñas: desde los embarazos adolescentes hasta las tasas escolares, el cuidado de los hermanos, las largas distancias para llegar a las escuelas y puentes en mal estado que hacen el trayecto aún más difícil. Lo que más me impresiona es el conocimiento que tienen las comunidades: están aisladas y apenas tienen alimentos para llevarse a la boca, pero todo –y me refiero a todo- lo que quieren es que sus hijos, especialmente las niñas, estén educados. Como me dijo una dirigente, “las comunidades están implicadas y cada vez más concienciadas; nos sentimos empoderadas por el hecho de formar parte de los Comités de Desarrollo de Aldeas. Esas plataformas han ayudado a que se tenga en cuenta nuestra voz”.

People sitting along the edges of a veranda talking and listening
UNICEF/Sierra Leone/BhatnagarLa autora Aarunima Bhatnagar en un encuentro con comunidades locales de Sierra Leona

Visitar las zonas rurales de Sierra Leona siempre depara una nueva sorpresa. Existe una belleza natural que, sencillamente, no se puede describir. En los últimos cinco días he viajado por los distritos de Kambia, Port Loko, Bombali y Koinadugu. Debido a la temporada de lluvias, las comunidades agrícolas trabajan sin parar en las plantaciones de arroz. Como las escuelas están cerradas por las vacaciones de verano, los niños también trabajan en los cultivos y ayudan a sus padres a cocinar y a limpiar. El camino hacia Bombali y Koinadugu no presenta complicaciones, salvo algunas colinas y montañas con grupos de casas visibles desde la carretera. La vida aquí está lejos de la electricidad, la televisión e internet. A través de la ventana del coche veo comunidades apiñadas en torno a una pequeña fogata; cocinan, conversan y cantan. Las mujeres están envueltas en laapa (casi dos metros de tela suficiente para cubrirlas). Pertenencias tienen pocas, pero siempre hay lugar para las sonrisas.

Mientras mi vehículo blanco de UNICEF avanza por la carretera, los niños, las mujeres y algunos hombres gesticulan gritando: “Aputo, aputo!” (persona blanca). Si te detienes en un punto de control, una multitud se amontona junto a la ventana para venderte cacahuetes, pepinos y mandiocas. En esta ocasión, como no me he traído reservas de patatas fritas y anacardos desde Freetown, he disfrutado del maíz tostado, los cacahuetes calientes y las mandiocas que venden por la carretera. Nada puede con la frescura de estos aperitivos de carretera. Es Mama Salone en toda su esencia.

Aarunima Bhatnagar trabajó como Especialista en Comunicaciones para el Desarrollo con UNICEF Sierra Leona durante la respuesta y la recuperación del ébola.

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Comentarios:

    1. Hola Eduardo, por favor dinos qué tipo de consulta necesitas hacer para indicarte el lugar más adecuado.