Cómo vivieron los niños el huracán Irma en Cuba

A medida que los pronósticos sobre el huracán Irma  en Cuba se hicieron más claros, cientos de centros educativos se convirtieron en albergues para resguardar a niños, niñas y adolescentes y sus familias de la tormenta más poderosa de la historia del Atlántico.

Mientras tanto, a través de los televisores de toda la isla, ante la mirada atenta de pequeños y mayores, se colaban las desoladoras imágenes de la devastación de Barburda. Otra vez suspiraba Cuba, no había pasado ni a un año desde que el huracán Matthew arrasara Guantánamo.

Finalmente la madrugada del viernes de 8 de septiembre entró Irma, que terminó por quedarse todo el fin de semana: fuertes vientos, lluvias y penetraciones del mar castigaron a la isla durante más de 72 horas, dejando 10 pérdidas humanas y más de más de 2,100 escuelas y 60,500 viviendas afectadas.

Pregúntale a cualquier niño o niña cómo es vivir un huracán y verás qué parecidas son sus respuestas. Alzan sus manos y exclaman grandeza, se tapan los oídos para explicarte que es ensordecedor, miran al cielo entreabriendo los ojos, señalan todo aquello que antes estaba y hoy ya no.

Caminando al amanecer por las abatidas calles de Centro Habana todavía hay una sensación extraordinaria. El malecón cortado, policías en las calles, un silencio que inquieta y los primeros rayos de luz que dejan atrás a la oscuridad más absoluta. Doblando una calle conozco a Orlandito (6), que aunque va justo de tiempo para llegar a la escuela accede a contarme cómo fue: “Yo al huracán no lo vi, pero seguro pasó. Es muy fuerte, trae mucho viento y agua, pero no se ve”.

©UNICEF CUBA/LahensLa localidad de Cojimar, en el litoral norte de la provincia de La Habana, fue una de las zonas más afectadas por el huracán en la provincia.

Pero algo crucial diferencia la respuesta de los niños, niñas y adolescentes cubanos a la segunda pregunta: ¿Y tú qué hiciste? Cuba está en permanente riesgo de desastres naturales como huracanes, y es muy vulnerable a los efectos del cambio climático.

Las políticas públicas del país priorizan la integración de conocimientos sobre  la reducción de riesgo de desastres y la educación medioambiental desde la primera infancia, con el objetivo de impulsar una cultura de prevención entre los más jóvenes. “Estábamos en casa de mi abuela, escuchamos ruidos muy fuertes como: ¡Bam! ¡Bam! ¡Bam! Se rompió la puerta del edificio y se fue la luz y yo no quería ir solo a ninguna parte de la casa, tenía miedo. Pero estábamos bien, no tuvimos que evacuar y teníamos comida y agua, el radio y los documentos bien guardados.” Orlandito, como el resto de niños, niñas y adolescentes del país, tiene conocimientos básicos sobre la preparación ante desastres porque ha aprendido a prepararse y protegerse en su escuela, como centro cultural más importante de la comunidad.

Frente a su barrio, Orlandito vio cómo las olas del malecón habanero se convertían en olas gigantes e inundaban las calles por las que suele caminar para ir a la escuela. En algunas el nivel del agua llegó a alcanzar el metro de altura, por encima de su propia estatura,  entrando en las casas de los vecinos y los comercios, le ayuda a explicar su tío Osvaldo, quien le acompaña a la escuela.

La preparación de niños, niñas y adolescentes ante la intensificación de los desastres naturales como consecuencia del cambio climático es más apremiante que nunca. Tres huracanes de gran fuerza acechando simultáneamente el Caribe ha sido un aviso más.

En colaboración con el Ministerio de Educación de Cuba, UNICEF trabaja desde hace tres años con las comunidades especialmente vulnerables a catástrofes en las provincias centrales y orientales de Cuba en un proyecto de fortalecimiento de su capacidad de enfrentar los desastres a través de la participación comunitaria y la integración de contenido de la defensa civil en el currículo educativo.

En estos momentos, UNICEF ha entregado a las autoridades correspondientes para su distribución 3 millones de tabletas de cloro para garantizar las necesidades inmediatas de agua potable de 44,000 personas, apoya el retorno rápido a espacios seguros y hace entrega de kits de escuelas en una maleta, y kits de recreación y primera infancia en los dos municipios más afectados en la provincia de Villa Clara. También se esfuerza por movilizar fondos para dar respuesta a las necesidades de agua e higiene y educación de todos los municipios afectados.

Antes de seguir su camino hacia la escuela, a la que ya llega tarde, Orlandito dice que en su casa ha oído que el huracán va a volver a venir. Espera que en las próximas ocasiones tampoco le pase nada a su familia ni a su casa.

 

Marta Lopez Fesser, equipo de comunicación de UNICEF Cuba.

 

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