Ante todo son niños

Se llama Mary*. Es de Ciudad de Benin, Nigeria. Cuando tenía 17 años, Mary trató de escapar de una vida sin perspectivas para ir a trabajar en un restaurante en Italia. Pero la engañaron y se vio atrapada en la industria del tráfico sexual.

La suya es una historia que UNICEF lleva oyendo una y otra vez.

El tráfico ilícito de personas es el subproducto de una inmensa industria que ha crecido a la sombra de unas reglas más estrictas de emigración y del cierre de fronteras por todo el mundo.

Hoy en día, millones de niñas y niños no pueden trasladarse de forma segura. Sin embargo, los obstáculos a la migración legal no les frena, sólo les fuerza a la clandestinidad. Por eso, ahora, decenas de miles de menores no acompañados, como Mary, se embarcan en viajes peligrosos, en los que a menudo corren el riesgo de perder la vida y muchos también de ser objeto de trata y explotación.

Esto es lo que le sucedió a Mary.

Una manta encima de la cama de una habitación
@ UNICEF/GilbertsonUna habitación que utilizan las prostitutas nigerianas en el distrito Ballaro de Palermo, en Sicilia, Italia.

“Una mujer dijo que me ayudaría a ir a Europa. Me presentó a un hombre que se llama Ben y que, según ella, podía echarme una mano. Ben me dijo que conocía a unas personas que tenían restaurantes y me pondrían a trabajar allí. De momento, él iba a pagar mis gastos.

Al día siguiente me hizo ir a su casa. Allí había muchos jóvenes de ambos sexos. Nos dijo que si queríamos ir a Europa teníamos que pagarle cada uno 25.000 euros. Algunos se negaron, pero yo acepté.

Luego nos llevó a un sitio donde hacen juju” (juju es una antigua creencia nigeriana de lo oculto).

Tuvimos que jurarle a una anciana (una hechicera) que no nos escaparíamos. Luego fui a Libia. Ese lugar es muy, muy malo. Nos trataron tan mal. Todo lo que dijo Ben de que nos iban a tratar bien y que estaríamos a salvo era falso, todo fue mentira”.

Una silla en un campo vacío
@ UNICEF/Gilbertson Una vieja silla utilizada por prostitutas, en su mayoría de Nigeria, se encuentra extendida cerca de una carretera nacional al sur de Catania, Italia. Las bandas criminales y los traficantes utilizan zonas como ésta para vender a seres humanos.

“Primero nos quedamos atrapados en Gharyan. Durante tres meses estuvimos allí y hubo un montón de muchachas a las que violaron. El hombre aquel, Ben, una noche se nos llevó a dos de nosotras con él. Entregó a la otra chica a un hombre y a mí me dijo que si no me acostaba con él no me traería a Europa. Me violó.

De allí nos llevaron a Sabratha, aunque todo el mundo la conoce como ‘la ciudad costera’ porque es donde hacen zarpar a las chicas rumbo a Italia. Los hombres libios venían y si veían a un muchacho lo obligaban a trabajar para ellos, pero si era una chica la violaban. Yo quise escaparme pero no pude, no tenía dinero ni teléfono. Ni siquiera sabía dónde huir.

Una silla en un camino empolvado
© UNICEF/UN062785/Gilbertson VII PhotoVer el ensayo fotográfico: “El Camino a Europa

Fuimos al mar y nos rescataron los guardacostas italianos. Me hice amiga de una joven que hacía el viaje por segunda vez.

Me dijo que nos iban a utilizar como prostitutas, que no podía hablar con las madamas y que tenía que quedarme en el campo de refugiados que nos pusieran los italianos. Yo pensaba, “no voy a trabajar con mi cuerpo, no quiero venderme”.

Cuando llegamos a tierra, una mujer blanca, Gilda, habló conmigo. Era abogada, y le dije que le debía dinero a un hombre llamado Ben. Me retiraron del campo de refugiados y me alojaron en un centro de acogida.

Ahora, las personas que pagaron mi viaje dicen a mi madre que tiene que darles el dinero. Hace dos semanas fueron a donde vive ella y la esposaron. Luego la llevaron a una casa y la amenazaron. Dijeron que le harían algo muy malo si yo no envío dinero. Ahora, cuando me llama, no sé qué decirle, así que apago el teléfono. Estoy con tanta presión, tan triste y cansada que no sé qué hacer.

“Estoy esperando a tener mis documentos y luego poder trabajar. Todos dicen que tengo que tener paciencia, que mi madre también debe ser paciente, pero es muy duro”.

Un colchón en el campo
@ UNICEF/GilbertsonUn colchón utilizado por prostitutas, en su mayoría de Nigeria, en una carretera nacional al sur de Catania, en Sicilia, Italia.

Según una encuesta de la OIM, las tres cuartas partes de los menores no acompañados que llegan a Italia denuncian haber sido, de un modo u otro, víctimas de la trata de personas. Las encuestas de UNICEF y la ONU realizadas en Libia y Somalia también informan que las familias están sujetas a enormes exigencias para el rescate de sus hijas o hijos.

En la actualidad, Mary vive en una casa de acogida para víctimas del tráfico sexual. Está dirigida por la Asociación Penelope y situada a las afueras de Taormina, en Sicilia, Italia, no lejos de donde se reúnen los líderes del G7.

El jueves, UNICEF va a dar a conocer un importante informe en el que presenta una visión general de los riesgos a los que se enfrentan los niños migrantes y los refugiados a lo largo de sus viajes.

El informe hace un llamamiento a los países del G7 reunidos en Sicilia para que se elaboren unos planes con los que proteger a los menores en los traslados. Estos deben basarse en seis principios:

  1. Proteger a los niños refugiados y migrantes de la explotación y la violencia, especialmente a los niños no acompañados.
  2. Acabar con la detención de niños que buscan refugio o migran, introduciendo una serie de alternativas prácticas.
  3. Mantener la unión familiar como la mejor manera de proteger a los niños y darles un estatus legal.
  4. Mantener el acceso de los niños refugiados y migrantes a la educación y a servicios de calidad de salud y de otro tipo.
  5. Pedir que se tomen medidas sobre las causas subyacentes de los movimientos de gran escala de personas refugiadas y migrantes.
  6. Promover medidas para combatir la xenofobia, la discriminación y la marginalización en los países de tránsito y destino.

* No es su nombre verdadero

Justin Forsyth es el Director Ejecutivo Adjunto de UNICEF

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