Lo que sabemos y lo que no sabemos sobre las pandillas juveniles en América Latina

*Nota: Esta es una traducción de la publicación original del blog en inglés: What We Know and What We Don’t Know about Youth Gangs in Latin America

La violencia asociada con las pandillas en América Latina se ha convertido en una de las preocupaciones principales en algunos países de la región, sobre todo en los países del Triángulo Norte de Centroamérica, y más recientemente, en México. Los miembros de estas pandillas tienden a formar parte de estos grupos de identidad durante la adolescencia temprana, lo que contribuye a la estigmatización de este grupo de la población. La adolescencia sin duda es un periodo de desarrollo y crecimiento, de cambio, de riesgo (no necesariamente negativo en sí) – una encrucijada en el camino de la vida donde decisiones determinan futuros. Lo que se asume sobre las pandillas juveniles en la región latinoamericana suele ser erróneo. Por medio de una breve discusión sobre lo que realmente sabemos, cubriendo el grado de involucramiento de las pandillas en crímenes violentos, el trabajo desarrollado en este ámbito, las lagunas en los datos y un énfasis en la educación, podemos avanzar para responder algunas preguntas importantes.

¿Hasta qué punto son responsables las pandillas de los crímenes violentos?

Todavía no queda claro. El énfasis de los medios sobre el tema de las pandillas y sobre todo la atención mediática sobre los mareros en Centroamérica y en Estados Unidos, da la impresión de que éstos son responsables de una gran parte de los crímenes violentos que ocurren en algunos países de la región.

En Honduras -dónde se cree que hay el mayor numero de miembros de la mara en Centroamérica – los números no son precisos. Uno de los anteriores ministros de seguridad en el país ha culpado a la mara por una gran parte del crimen en el país; sin embargo, la policía hondureña no ha publicado datos estadísticos que den validez a estas declaraciones. Según los datos disponibles, menos del 5% de todos los crímenes en Honduras son cometidos por personas menores de 18 años de edad, y normalmente son los adolescentes en esta franja de edad los que constituyen una gran parte de la mara. En el caso de El Salvador, donde las pandillas se consideran uno de los mayores problemas del país según los ciudadanos encuestados por Americas Barometer, no hay números exactos que documenten la cifra actual de miembros de las pandillas o su contribución al crimen violento.

No todas las pandillas son creadas por igual

En Ciudad Juárez, México, una ubicación fronteriza que queda a escasos pasos de Estados Unidos y que fue considerada el epicentro de la ‘guerra contra las drogas’ declarada en el 2006, llevé a cabo trabajo de campo para mi tesis doctoral con adolescentes y jóvenes en riesgo y aquellos que habían participado en el narcotráfico. Encontré que el hecho de haber pasado tiempo en una pandilla durante la infancia y la adolescencia aumentaba la probabilidad de participar en el crimen organizado relacionado con el narcotráfico.[1] Sin embargo, también encontré que la participación en esta forma de criminalidad estaba condicionada por otros factores, incluyendo el tipo de pandilla en la que se ingresó, el tipo de actividades en la que ésta se involucraba y la edad en la que los participantes de mi investigación entraron a la pandilla – los que ingresaban con mayor edad tenían más probabilidades de participar en estos crímenes. En pocas palabras, asociarse con una pandilla contribuye pero no siempre conduce a participar en crímenes serios.

No hay nadie que no pase por las esquinas

Según uno de los pocos estudios recientes sobre pandillas en México, históricamente éstas han evitado el uso de la violencia extrema, y es únicamente en tiempos recientes que las dinámicas sociales de las pandillas en el país han abandonado su lógica tradicional y se han asociado con crímenes de alto impacto y con actores del crimen organizado, aunque el grado de cooperación entre estos actores no está bien documentado. Como un joven juarense que entrevisté me aclaró: ser parte de una pandilla es parte de la cultura en los barrios empobrecidos de Ciudad Juárez, lo que él resumió diciéndome ‘no hay nadie que no pase por las esquinas’. Según su testimonio, nadie puede evitar juntarse en la esquina – el lugar tradicionalmente asociado al surgimiento de la pandilla.

Adolescentes durante una práctica de fútbol en un Border Border Care Center en Reynosa.

Lo que entendemos sobre las pandillas se basa en conceptos y trabajo académico de países desarrollados. Mientras que múltiples estudios han concluido que ser parte de una pandilla está asociado con una mayor tasa de crímenes cometidos en comparación con aquellos que no son miembros de pandillas (otro ejemplo en este enlace), las conclusiones de estos estudios están basadas en trabajos académicos con criterios anglosajones. De hecho, la mayor parte de la literatura sobre pandillas viene de Estados Unidos y recientemente, del Reino Unido. Como Densley, un experto en pandillas juveniles en Londres explica, la vida del pandillero, como la entendemos ahora “was born in America, but so too is our knowledge about it [nació en América, como asimismo nuestro conocimiento sobre ella]” (p.3). Este último punto ha capturado la atención entre académicos del sur que han enfatizado que la investigación sobre crimen e inseguridad “ha principalmente involucrado las perspectivas y preocupaciones anglosajonas que a la vez demandan sociedades cada vez más ‘securitizadas’ ”.[2] La implicación es que las dinámicas de las pandillas no han sido exploradas lo suficientemente en otras partes del mundo donde existen y son relevantes y tampoco se han visto esfuerzos por alejarse de conceptos anglosajones para mejorar nuestro entendimiento.

En gran parte todavía carecemos de datos básicos sobre las pandillas en América Latina. Según los datos disponibles, sabemos que los adolescentes de la región son las principales víctimas de crímenes violentos; sin embargo, en qué medida los miembros de las pandillas son víctimas se desconoce (Figura 1). Los datos que permitirían una mejor comprensión de la contribución de las pandillas a los crímenes violentos y su grado de victimización, así como comparaciones entre los países de la región no están disponibles. Esto incluye datos sobre la prevalencia de las pandillas (cuantas pandillas hay y cuantos miembros tienen) así como la naturaleza de los crímenes de los miembros de las pandillas (el tipo de crímenes que se cometen, incluyendo su grado de involucramiento en actividades del crimen organizado como el narcotráfico).

Por ejemplo, en la región centroamericana, las estimaciones sobre el número de pandilleros varían en gran medida. Según una fuente se estima que hay entre 69,000 y 200,000 pandilleros en la región, en otra se estima que son entre 200,000 y 500,000. Al mismo tiempo, la composición de la pandilla, incluyendo datos demográficos de los miembros (si son principalmente adolescentes o jóvenes), la edad en la que típicamente se ingresa en la pandilla o las motivaciones principales para formar parte de ellas son datos que se desconocen en gran medida, y cuando existe información, es fragmentaria, lo que quiere decir que es insuficiente para llegar a resultados generalizables o para hacer comparaciones significativas entre países de la región. En años recientes, se han producido trabajos etnográficos importantes en esta materia (véase por ejemplo este  enlace), lo que ha contribuido a un mejor entendimiento de estos grupos; sin embargo, los resultados de esta literatura son específicos de un contexto concreto, están basados en gran parte en el trabajo de autores anglosajones y no han abordado estas lagunas en los datos.

Figura 1. Tasa promedio de homicidio y tasa de homicidio juvenil en países de América Latina

Fuente: OEA, Report on Citizen Security y UNODC, Homicide Counts and Rates

Nota: La tasa de homicidio juvenil es del año más reciente. El mismo año se ha utilizado para comprar con la tasa de homicidio promedio. Por ejemplo, la tasa de homicidio juvenil más reciente para Brasil fue en el año 2008; a pesar de la existencia de datos más recientes en la tasa de homicidio general, se ha utilizado la tasa de 2008 en la comparación.

Retener a jóvenes en riesgo en el sistema educativo es clave para prevenir su involucramiento en las pandillas y la criminalidad. Sabemos que una gran parte de los jóvenes en riesgo y los miembros de pandillas en la región tienden a estar en peligro de abandonar la escuela o están fuera de ella totalmente, con pocas oportunidades de regresar y desarrollar las habilidades necesarias para asegurarse un trabajo digno. Sin embargo, lo que sabemos o asumimos sobre lo que aleja a estos jóvenes de la escuela es limitado, con la literatura sobre el abandono escolar enfocada casi exclusivamente en la población en edad escolar en general y no en este grupo de riesgo específico (por ejemplo, ver este enlace). Lo que sí sabemos es que las políticas actuales en la región no han sido del todo exitosas en retener a estos jóvenes en el sistema escolar, resultando en tasas de abandono escolar que son especialmente altas a nivel de secundaria. En mi trabajo de campo con 180 jóvenes y adolescentes que habían participado en crímenes graves en Ciudad Juárez, casi el 60% había abandonado la escuela en primaria o secundaria.

Al contrario de lo que se asume, en mi estudio encontré que, a pesar de las altas tasas de abandono escolar, los adolescentes y jóvenes que participaron en crímenes serios tenían aspiraciones en el área de educación y querían tener carreras. En una encuesta con 180 jóvenes que estaban cumpliendo una sentencia de cárcel por haber participado en el narcotráfico, les pedí que enlistaran cinco aspiraciones que tenían antes de involucrarse en la delincuencia. La mayor parte de ellos mencionaron aspiraciones relacionadas con la educación como su primera prioridad (dieron respuestas como “quiero tener una carrera” o “quiero terminar mis estudios”). Es más, la mayor parte de los encuestados mencionaron que sus calificaciones en la escuela eran buenas mientras estudiaban y en entrevistas a profundidad, varios de ellos explicaron que fueron expulsados de sus escuelas no por malas calificaciones, sino por motivos disciplinarios.

Los hallazgos que se han mencionado aquí indican que el involucramiento de los miembros de las pandillas en los crímenes violentos no es claro. Permanecen lagunas importantes en los datos que no han sido abordadas en el trabajo existente sobre pandillas en la región. Además, el trabajo producido se ha basado en gran parte en conceptos y metodologías de la literatura anglosajona, lo que ha obscurecido un entendimiento más preciso y minucioso sobre el fenómeno de las pandillas en la región. Mientras que la prevención del abandono escolar de estos jóvenes constituye un paso importante para disminuir la inseguridad – el tema principal de la región latinoamericana – las intervenciones programáticas requieren de más datos y más evidencia. Hasta que tanto los investigadores como el público en general no tengan conciencia de la urgente necesidad de canalizar mayores esfuerzos para entender a las pandillas de la región, y particularmente para entender qué respuestas programáticas basadas en evidencia se pueden implementar para disminuir la inseguridad, seguiremos aceptando discursos maniqueos que estigmatizan y utilizan la mano dura del estado para oprimir a jóvenes que lo han arriesgado todo en una legitima búsqueda de identidad.

Translation of the original version in English.


[1] Chávez, C. (2018). Youth and Organised Crime in Ciudad Juarez, Mexico: An exploration of contributing factors. University of Cambridge, Cambridge, United Kingdom.
[2] UNODC, & EUI Migration Policy Center. (2018). EUI Organised Crime and Gender. Florence, Italy.

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Comments:

  1. Es interesante. Un planteamiento muy parecido es el que realiza el Doctor Alfredo Nateras en su libro “Vivo por mi madre y muero por mi barrio. Significación de la violencia y muerte en el Barrio 18 y la Mara Salvatrucha”, esto desde el punto de vista de identidades juveniles.

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