Vivir sin retrete: más habitual de lo que crees

En la localidad de Onga Zanga, en la provincia de Luanda, la casa de estilo colonial donde vive María Laurinda no tiene el encanto que un día tuvo, y hoy se encuentra en terribles condiciones estructurales.

Ahora, María y sus seis hijos pueden disfrutar de agua durante todo el año, pero aún recuerda el momento en que el gobierno instaló la motobomba. Antes, no tenían agua y tenían que ir al lago más cercano, que está a 5 km de su pueblo.

Hoy, cuando la bomba de agua se estropea, es su propio hermano quien compra las piezas necesarias para arreglarla. Él también es quien clora el tanque para asegurar que el agua que usan diariamente sea potable.

Pero estos avances en el acceso al agua no tienen nada que ver con la realidad de la familia en lo que a saneamiento se refiere. María cuenta con un lugar fuera de la vivienda donde ella y su familia pueden lavarse con el agua recogida con la motobomba. Pero, como un gran porcentaje de la comunidad, continúan defecando al aire libre.

Una madre con su bebé y un niño pequeño delante de una choza
© UNICEF Angola/2016/Simancas María y sus hijos se paran frente al lugar donde van a lavarse.

Esto supone para ellos un peligro diario, ya que en la zona hay animales salvajes como serpientes. Debido a que las heces y la orina no son tratadas adecuadamente, también contaminan las reservas de agua subterránea que proporcionan agua potable y la tierra en la que la comunidad tanto trabaja para cultivar sus alimentos. Esta contaminación contribuye a la aparición de casos de diarrea y otras graves enfermedades.

El uso de letrinas evita que los gérmenes presentes en los excrementos humanos entren en contacto con el ambiente y protege la salud de toda la comunidad. “Nadie nos ha dado información alguna sobre saneamiento básico. Los niños deben aprender estas materias incluso en la escuela”, se lamenta María.

Una realidad muy común
La situación de María, que puede sorprender a personas en muchos lugares del mundo, sigue siendo la realidad cotidiana de muchas otras. Hoy, el tercio de la población del planeta que no cuenta con instalaciones sanitarias mejoradas no puede celebrar el Día Mundial del Retrete.

En Angola, según el censo de 2014, sólo 6 de cada 10 familias utilizan un lugar apropiado para defecar, siendo sólo de 26% en las zonas rurales frente al 82% en las urbanas. La pobreza y la falta de acceso al agua hacen más difícil que las comunidades mejoren su saneamiento básico

Las condiciones de los niños en las escuelas no son mucho mejores. En promedio, sólo el 58% de los estudiantes tiene acceso a cuartos de baño, el 28% usa letrinas y el 45% defeca al aire libre, según el estudio de UNICEF ‘Agua y Saneamiento en las Escuelas de Angola’, realizado en 600 centros educativos de seis provincias del país.

La falta de saneamiento está directamente relacionada con la transmisión de enfermedades como el cólera y la diarrea. Según el Ministerio de Salud de Angola, las enfermedades diarreicas representan el 18% de las muertes de menores de cinco años en el país y son muy comunes entre niños en edad escolar. Las prácticas inadecuadas de higiene son algunas de las razones de las muertes infantiles, las enfermedades de transmisión fecal-oral, la malnutrición y el crecimiento inadecuado entre muchas niñas y niños de Angola.

Para cambiar esta situación, UNICEF trabaja con el Gobierno de Angola, la Unión Europea y otros aliados en provincias como Huila, Cunene, Moxico y Bié. “El objetivo es ayudar a familias como la de María a mejorar su situación de saneamiento. Trabajamos con los gobiernos locales y las comunidades para que puedan disfrutar de un ambiente más saludable y una vida más digna facilitando su acceso a una letrina o baño seguro”, dice el Especialista en Agua y Saneamiento de UNICEF Angola, David Pedrueza.

Por ejemplo, desde que el programa de Saneamiento Total Liderado por la Comunidad (STLC) comenzó en 2008, UNICEF y sus socios han declarado cientos de aldeas y barrios periurbanos como comunidades libres de defecación al aire libre, mejorando la vida de los habitantes y, en especial, de los niños y niñas.

‘Retretes y empleos’
El Día Mundial del Retrete, celebrado cada 19 de noviembre, se centra este año en cómo el saneamiento -o la falta de él- puede afectar al sustento de la población. Los baños desempeñan un papel crucial a la hora de crear una economía fuerte, así como de proteger la salud, la seguridad y la dignidad de las personas, en particular para las mujeres y niñas que necesitan instalaciones limpias y separadas para controlar la menstruación y los embarazos.

La falta de baños tiene graves repercusiones en las empresas, ya que se puede traducir en enfermedades, ausentismo o agotamiento de sus empleados. Invertir en baños adecuados en los lugares de trabajo contribuye en gran medida a la salud y productividad de las personas, y a hacer crecer las economías.

Todo esto todavía suena muy lejano para María, pero no debería ser así. Ella sueña con un retrete bien construido y limpio en un lugar cercano a su casa. Afortunadamente, el próximo año quizá pueda celebrar el Día Mundial del Retrete como las dos terceras partes del planeta que hoy tienen acceso a una letrina o un inodoro. Es su derecho. El derecho de todo el mundo.

 

Vânia Casqueiro Barreto es consultora de comunicación y Marcos González Díaz es Oficial de Comunicación Digital en UNICEF Angola.

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