Una revolución en el desarrollo de la primera infancia

Antes solía pensar que el desarrollo del niño en la primera infancia se basaba solo en su educación. Que si enseñamos a una niña los colores, las formas, las letras y los números, estimulamos su mente y fomentamos el crecimiento saludable del cerebro. Y de hecho, todo eso es cierto.

Sin embargo, ahora sabemos que no solo hay que tener en cuenta la educación para estimular el desarrollo del cerebro de un niño, sino también muchos otros factores. Lo que estamos aprendiendo debería dar como resultado una revolución de las ideas que nos anime a tomar medidas para el desarrollo del niño en la primera infancia. Ya conocíamos la importancia decisiva que tienen los primeros años de la vida de un niño para el desarrollo saludable de su cerebro. Durante ese periodo, cada segundo se conectan casi 1000 células cerebrales, un ritmo que no se vuelve a alcanzar en ninguna otra etapa de la vida.

Esas conexiones son los cimientos sobre los que se construye la vida de cada niño. Contribuyen a determinar su desarrollo cognitivo, emocional y social; ayudan a definir su capacidad de aprender, los logros que alcanzará e incluso su felicidad futura. Sin embargo, también sabemos que esas conexiones se ven profundamente afectadas no solo por la genética, sino también por las condiciones de los primeros años de sus vidas. Ambos factores están entrelazados de una forma inextricable.

De ese modo, cuando estimulamos la mente de una niña al jugar con ella, hablarle o leerle, estamos alimentando su cerebro en desarrollo. La falta de atención por parte de una familia de acogida no solo hará que esa niña sea más infeliz, sino que además perjudicará su capacidad de aprender y salir adelante en el futuro. Cuando alimentamos a una niña con la nutrición adecuada, estamos alimentando también su cerebro y facilitando esas conexiones neuronales. Además, al preocuparnos por ella y protegerla de la violencia y los abusos, estamos defendiéndola del estrés tóxico que puede romper esas conexiones tan importantes e impedir el desarrollo saludable del cerebro.

Todo esto puede cambiar vidas, y por tanto, nos obliga a actuar, y a hacerlo de forma distinta.

Debemos ser conscientes de la importancia que tiene para los niños más desfavorecidos todo lo que sabemos sobre el modo en que la nutrición alimenta al cerebro. Hoy en día, casi 160 millones de niños de todo el mundo sufren retrasos en el crecimiento, y esto perjudica su salud y su desarrollo cognitivo. ¿Cómo pueden llegar a desarrollar todo su potencial? ¿Cómo puede una sociedad ser productiva y próspera si, en algunos países, casi la mitad de la población sufre retrasos en el crecimiento?

Hay que pensar también en lo que significa para los 50 millones de niños que están creciendo en medio de un gran conflicto todo lo que sabemos acerca de los efectos que el estrés tóxico causa en un cerebro en desarrollo. Esos niños están en Yemen, en Siria, en la República Centroafricana. ¿De qué manera se ven afectados sus cerebros? ¿Y su capacidad futura para pensar y razonar? ¿Qué hay de su capacidad para confiar en otras personas y hacer amigos?

Por último, debemos pensar en los innumerables niños que son víctimas de violencia y abusos en muchos países. Cuando los padres castigan a sus hijos o abusan de ellos, no solo hieren sus sentimientos, sino que también dañan su futuro.

Un padre sostiene a su hijo de 22 días, nacido en el periodo entre el primer y el segundo terremoto de Nepal de este año.
© UNICEF/NYHQ2015-1505/SokolUn padre sostiene a su hijo de 22 días, nacido en el periodo entre el primer y el segundo terremoto de Nepal de este año.

Entonces, ¿cómo podemos obtener los beneficios del funcionamiento y el desarrollo temprano del cerebro, con los que podemos cambiar vidas?

Hemos de invertir pronto, para poder dar a los niños cuanto antes una oportunidad justa para su vida.

Hemos de invertir equitativamente, porque los niños que menos tienen son los que más se benefician.

Hemos de invertir de manera acertada: no solo en educación, sino también en salud, nutrición y protección, factores que trabajan de manera conjunta para fomentar el desarrollo saludable del cerebro, y que deberíamos integrar en nuestros programas e inversiones.

Y hemos de hacerlo ya.

Los líderes mundiales acaban de adoptar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y por primera vez, el desarrollo en la primera infancia se ha reconocido de manera explícita en la agenda de desarrollo mundial. Aunque está recogido bajo el nuevo objetivo de educación, facilita un enlace natural a otros objetivos: contribuir a reducir la pobreza, optimizar la salud y la nutrición, promover la igualdad de mujeres y niñas, así como reducir la violencia. Debemos trabajar aprovechando este impulso.

Y debemos hacerlo juntos. No deben encargarse solo los gobiernos o los profesionales en desarrollo: debemos hacerlo todos.

Los medios de comunicación pueden aprovechar la ocasión para ayudar al público a comprender la importancia que tiene el desarrollo en la primera infancia para los niños y para la sociedad.

Los filántropos pueden estimular la recaudación de fondos para el desarrollo del niño en la primera infancia, ya que son los programas que cuentan con menos recursos. El sector privado debería apoyar estos programas y adoptar políticas que faciliten a los padres trabajadores atender a sus hijos pequeños. Se trata de una inversión en el lugar de trabajo de hoy y en la plantilla de empleados de mañana.

La sociedad civil, que ya desempeña un papel muy importante en la promoción del desarrollo en la primera infancia, puede intensificar y coordinar sus esfuerzos para que los servicios y los programas de calidad del desarrollo en la primera infancia lleguen a todos los niños, estén donde estén.

Tenemos mucho en juego, y debemos hacer todo lo posible para juntar fuerzas, experiencia y redes. Esta es la oportunidad de darle vida a un nuevo movimiento que está dirigido a los niños más jóvenes, pero que nos beneficia a todos. Hagamos lo que la ciencia nos aconseja hacer. La sabiduría es irrefutable. Los argumentos morales son fuertes. La maleta de inversiones, persuasiva. El impulso de los ODS está de nuestra parte, y el poder para actuar está en nuestras manos.

Anthony Lake es el Director Ejecutivo de UNICEF.

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