Una bofetada: ¿disciplina o abuso infantil?

Prácticamente todas las culturas y todas las religiones enseñan a los niños alguna versión de la “regla de oro”: por ejemplo, que debemos tratar a los demás como quisiéramos ser tratados. Así pues, ¿qué estamos enseñando a nuestros niños y niñas cuando utilizamos el castigo físico contra ellos? ¿Que recurrir a la agresión es una manera válida de resolver los problemas? ¿Que si una persona hace algo que nos disgusta, es aceptable golpearla?

Es imposible responder seriamente estas importantes preguntas en un breve blog como este. Sin embargo, muchos televidentes podrían estar reflexionando sobre este tema, en vista de que el canal NBC empezó a transmitir el jueves 12 de febrero su nueva miniserie, “The Slap” (La bofetada)” en los Estados Unidos.

El arco dramático de la miniserie, basada en una exitosa novela y serie australiana se desarrolla en torno a un adulto que pretende disciplinar a un niño descontrolado –que no es hijo suyo– abofeteándolo durante un almuerzo al aire libre. En los acontecimientos que tienen lugar a lo largo de ocho episodios, la familia y los amigos toman partido: mientras que algunos coinciden en que ese niño rebelde necesitaba mano firme para que obedeciera, otros afirman que bajo ninguna circunstancia debe un adulto utilizar la fuerza contra un niño. A causa de lo que ocurre después, ese grupo de amigos cercanos pronto se desintegra.

Aunque la miniserie cuenta una historia ficticia, existen pruebas de que se trata de un preocupante patrón mundial. El año pasado, UNICEF dio a conocer el mayor conjunto de datos hasta la fecha sobre el castigo a los niños por medios violentos. Las cifras mostraron de manera contundente que esta es la forma de disciplina más frecuente en la infancia.

Según los resultados de la encuesta, que se llevó a cabo en 62 países, en promedio casi 1.000 millones de niños y niñas con edades comprendidas entre los 2 y los 14 años habían sufrido castigos físicos en sus hogares durante el mes anterior a la realización de la encuesta.

El Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas define el castigo corporal o físico como “cualquier castigo en el que se utilice la fuerza física y que tenga por objeto causar cierto grado de dolor o malestar, aunque sea leve”.

Alrededor de cuatro de cada cinco niños habían sido sometidos a castigo físico y/o a agresión psicológica, mientras que un 17% había sido disciplinado con severidad (por ejemplo, golpes en la cabeza, la cara o los oídos; o golpes fuertes y repetidos).

Los efectos de muchos tipos de violencia pueden ser irreversibles e, incluso, pueden pasar de una generación a la siguiente. Existen abundantes pruebas de que los métodos disciplinarios violentos se relacionan con deficiente salud mental y física más adelante en la vida, mayor violencia y agresión, y deterioro de las relaciones familiares, entre otras consecuencias.

Una revelación interesante de nuestro análisis de los datos fue que muchos niños sufren castigos corporales aunque los adultos de sus familias no lo consideran necesario. Esto puede parecer ilógico; sin embargo, se explica por el hecho de que numerosos padres y madres desconocen la existencia de métodos alternativos de disciplina no violenta.

Por esta razón, UNICEF impulsa programas para ayudar a los progenitores, los cuidadores y las familias a comprender mejor el desarrollo de los niños en sus primeros años, y para enseñarles a forjar interacciones positivas con los niños, incluyendo métodos de disciplina que se aplican sin violencia.

Un programa de esta naturaleza se dirigió a familias con niños y niñas de 3 a 5 años de edad, en distritos de Estambul de bajos ingresos. Las familias recibieron capacitación y participaron en conversaciones sobre desarrollo infantil y habilidades para la crianza de los hijos. Dos años después, una evaluación mostró que las madres se estaban comunicando mejor con sus hijos, que los niños presentaban menos problemas de conducta, y que la incidencia del castigo físico había disminuido un sorprendente 73%. En un estudio de seguimiento se encontró que, más tarde en la vida, esos niños habían sido mejores estudiantes y tenían más éxito en sus profesiones que aquellos cuyas familias no se habían beneficiado del programa.

 

accelerating progress graph for Global Report
Global map, Feb 2015

En el ámbito legislativo, se están realizado progresos hacia la eliminación de todas las formas violentas de castigo de los niños en el hogar, la escuela y otros contextos. Para finales de 2014, el castigo corporal en el hogar había sido prohibido en 44 países; en los centros de atención alternativa y en las guarderías, en 50 países; en las escuelas, en 122 países; y en las instituciones penitenciarias, en 130 países.

La reforma legislativa está avanzando aceleradamente; en efecto, solo en 2014 se sumaron 10 países a la lista de los que prohíben el castigo físico de los niños tanto en el hogar como en otros contextos. Además, otros gobiernos también están manifestando su compromiso con la reforma y, para fines de 2014, 45 países se habían comprometido claramente con la prohibición.

Aun cuando estas noticias son alentadoras, el 91% de los niños y las niñas del mundo no gozan todavía de protección legal contra el castigo corporal en el hogar, y 23 países carecen de leyes que prohíban esta clase de castigos en cualquier circunstancia.

La violencia no es inevitable. Se puede prevenir y es fundamental actuar ya, creando entornos seguros que permitan a los niños y las niñas crecer libres de temor.

Si desea conocer los progresos dirigidos a acabar con el castigo corporal en su país, sírvase visitar: www.acabarcastigo.org.

En el siguiente sitio web encontrará más información sobre la iniciativa mundial de UNICEF para eliminar la violencia: http://www.unicef.org/endviolence.

Susan Bissell es Jefa de Protección de la lnfancia en la Sede de UNICEF en Nueva York.

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Comentarios:

  1. CREO QUE DEBEMOS PROTEJER A LOS NIÑOS NIÑAS Y ADOLECENTES DE CUALQUIER MALTRATO Y DENUNCIAR A LAS PERSONAS QUE ABUSAN SEXUALMENTE O MALTRATAN A ESOS SERES INDEFENSOS