Una completa transformación corporal en solo ocho semanas

No, no me referiré a “Revenge Body”, el reality show de televisión de una de las hermanas Kardashian, ni a las dietas que están de moda por estos días. Hablaré sobre tres bebés con edades comprendidas entre los 8 y los 14 meses de edad cuyas historias me emocionan hasta las lágrimas.

Retrocedamos ocho semanas. Viajé al pueblo de Aweil, en el norte de Sudán del Sur, para documentar la labor de UNICEF en favor de estos niños. Pocas horas después de aterrizar, fui con un camarógrafo a una clínica de nutrición. Ya era el final de la tarde y a esa hora la clínica generalmente está cerrada, pero la fila de madres con sus hijos en brazos aún era larga. Allí nos presentaron a Akot, Adut y Amira.

Akot lloraba constantemente y no quería que nadie lo sostuviera, excepto su madre. Al final, mi colega Jesca, que es nutricionista, lo tomó en brazos y logró calmarlo durante unos minutos.

Dos bebés sosteniendo un pedazo de comida.
© UNICEF/UNI206909/Akot tratando de quitarle a Amira su comida, en el centro de nutrición.

El camarógrafo estaba un poco frustrado pues tenía que filmar a Akot; sin embargo, después de dos días pudo obtener una filmación de dos minutos en que el bebé de 8 meses no aparecía llorando. “Helene, no tengo idea de cómo vamos a editar esto”, dijo, mostrándose preocupado. No se imaginaba el cariño que llegaría a sentir por Akot, pero volveré a este tema más adelante.

Adut era totalmente distinta de Akot. Era tranquila y algo indiferente a todo y a todos. Para ver la situación desde su perspectiva, de vez en cuando le colocamos una cámara Go-Pro en la cabeza. La niña no tuvo problema, aunque le cubría casi toda la frente.

Tanto el comportamiento de Adut como el de Akot eran bastante normales, teniendo en cuenta que sufrían de desnutrición aguda grave. Mientras que algunos niños se sienten tan molestos que lloran todo el tiempo, otros carecen de la energía necesaria para demostrar lo mal que se sienten.

Vimos a Amira desde lejos. A 30 metros de distancia nos percatamos de que su cabeza era inusualmente grande. No correspondía a su cuerpo. Sus brazos eran muy delgados; de hecho, al medir su perímetro braquial con una cinta MUAC, el resultado fue de 9,9 centímetros. Esta cinta de medición es muy parecida a la que utilizaría un sastre.

La mala noticia es que la desnutrición aguda grave afectará a 260.000 niños en Sudán del Sur en 2019. La buena noticia es que es una condición fácil de tratar si se interviene a tiempo.

Akot, Amira y Adut fueron admitidos en el programa terapéutico ambulatorio de Aweil, que recibe apoyo de UNICEF. Ocho semanas más tarde todos fueron dados de alta. Fui a verlos y quedé sorprendida.

Desde el punto de vista físico, Amira tuvo la mayor transformación. Su perímetro braquial había pasado de 9,9 a 12 centímetros y su peso, de 4,9 a 6,5 kilogramos. No la reconocí cuando, al regresar, la vi por primera vez. Cuando la conocí casi no tenía pelo, pero ahora le había empezado a crecer una buena cantidad de pelo negro.

Akot solía rechazar la comida, pero ahora su apetito parece insaciable. Su madre me contó, entre risas, que constantemente les quita la comida a sus hermanos, y yo pude agarrarle cuando estaba a punto de caer en un recipiente lleno de cacahuetes pelados.

Una niña pequeña sentada en el regazo de su madre y sosteniendo un paquete de nutrición
© UNICEF/UN0345092/WilsonAmira, el día que fue admitida en el programa de nutrición en Aweil.

Adut empezó a caminar en el transcurso del programa. Cuando estaba enferma solo podía dar unos pocos pasos si alguien la ayudaba, mientras que los demás niños corrían. Pero ahora también corre, y muy rápido, según dice Angelina, su madre, que procura mantenerla alejada de los charcos de agua de lluvia sucia que hay fuera de su casa.

En apenas ocho semanas, los cuerpos de estos niños se han transformado completamente. Tienen más grasa y tejido muscular. La proporción entre las distintas partes del cuerpo ahora se ve normal. Su pelo ya no es grisáceo, sino negro. Su piel ya no está mustia y se recupera de inmediato al pellizcarles suavemente.

Para mí, que conocí a los niños antes de estos progresos, el mayor cambio radica en su comportamiento.

Amira es muy activa y juega por toda la casa. A menudo “ayuda” con los platos, lo que en ocasiones impacienta a Einas, su madre. Ya empezó a hablar y hasta le replica a su abuela.

Un hombre sentado con las piernas cruzadas en el suelo mira su teléfono mientras sostiene a un niño pequeño a su lado.
© UNICEF/South Sudan/RyengAlex, el camarógrafo, y Akot disfrutan de un rato juntos, en el centro de nutrición.

Tuve que mirar las fotografías de la primera misión para comprobar si Adut sonreía cuando estábamos de visita, puesto que no recordaba haberla visto reír. Ahora no puedo dejar de pensar en el sonido de su risa. Se siente cómoda con extraños como yo, siempre y cuando no seamos adultos aburridos y estemos dispuestos a jugar un poco con ella.

Akot está muy ocupado gateando a toda velocidad y descubriendo el mundo que lo rodea. Una hoja o una botella de plástico pueden mantenerlo ocupado durante un largo rato, y solo llora cuando tiene hambre. “Este niño vive sonriente y es fácil trabajar con él”, dijo el camarógrafo al final de nuestra última visita, sin poder creer lo bien que se llevarían luego de la primera misión a Aweil.

¡Qué cambio! He trabajado con UNICEF durante siete años y sé que sus programas de nutrición funcionan, pero no había tenido la oportunidad de seguir tan de cerca un caso como este. Y estoy asombrada, orgullosa y, al mismo tiempo, conmovida. Asombrada por el gran cambio que ha habido en las vidas de estos niños, orgullosa del trabajo que UNICEF realiza con nuestros aliados, y conmovida porque sé que, sin estos programas de nutrición, estos tres niños posiblemente no estarían vivos hoy.

Si deseas presenciar una verdadera transformación, te sugiero que veas este vídeo acerca del camino que ha recorrido Adut.


¿Por qué tantos niños comen muy poco de lo que necesitan? Descubre la naturaleza cambiante de la malnutrición y descarga el informe sobre el Estado Mundial de la Infancia.

 

Helene Sandbu Ryeng es especialista en comunicaciones y trabaja para UNICEF en Sudán del Sur.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con “obligatorio.”