Transferir a los niños fuera de las cárceles para adultos en Burundi

A mí me parece algo muy lógico que los niños no vayan a la cárcel. La realidad, por desgracia, es diferente. Hasta la fecha, 192 niños viven en condiciones muy duras en las 11 cárceles de Burundi. La Convención sobre los Derechos del Niño hace una mención especial a los niños en conflicto con la ley y dice que ellos también tienen derechos. Sin embargo, en Mpimba, la mayor cárcel de Burundi situada en la capital, Bujumbura, alrededor de 80 niños y niñas viven junto a más de 2.800 adultos en condiciones precarias.

Hace unos meses me reuní con mi colega Pedro, nuestro Especialista en Protección de la Infancia, en una visita a Mpimba. La misión era asegurarnos de que los niños habían recibido y utilizaban los diversos materiales que UNICEF les había proporcionado para mejorar sus condiciones de vida en la prisión.

Entre los materiales había libros, utensilios de cocina, artículos deportivos, camas y colchones. Debido a que tener un lugar decente para dormir no es una característica general de las cárceles de Burundi, el empeño de UNICEF es asegurar que los niños no duerman en el suelo de cemento, sino que por lo menos tengan una cama con un colchón. También, al proporcionar a los niños artículos básicos de cocina, UNICEF compensa la falta de una cantina.

Cuando me dirigía a la prisión, vi a los presos que trabajan en los campos alrededor de Mpimba. “¿Por qué no tratan simplemente de salir corriendo?”, fue la primera pregunta que me vino a la mente. Pero más tarde comprendí que no vale la pena el riesgo de escapar de la prisión por un corto tiempo. Correr y ser atrapados significa quedarse en esta prisión durante un tiempo mucho más largo.

Estoy asombrada de comprobar el hacinamiento y la ruina que reina en la prisión y lo monótona que tiene que ser la vida aquí, especialmente para los niños. Mpimba fue construida para 800 reclusos, pero con 2.819 detenidos en la actualidad ha excedido seriamente su capacidad.

La celda de los niños está llena de literas y les preguntamos si todo el mundo tiene una cama para dormir. “Por ahora todo el mundo tiene una cama, pero el problema es que no tenemos mosquiteros”, nos dicen. Miro a mi alrededor con inquietud, y veo que no habría siquiera suficiente espacio para colgar correctamente los mosquiteros. Me preocupa que estos niños corran un gran riesgo de contraer el paludismo.

Al hablar con el grupo, me perturba saber que muchos de estos niños llevan en espera de juicio un largo periodo. Aunque el tiempo de custodia se limita a 15 días, los niños suelen esperar varios meses antes de que los lleven ante un juez. Garantizar que una estructura sea favorable a los niños debe incluir minimizar el tiempo en que los niños estén detenidos en espera de juicio y asegurar la prestación de asistencia y apoyo de profesionales capacitados como trabajadores sociales, médicos o profesores. Sin embargo, lo más importante es que los niños no deberían ser detenidos junto con los adultos. Es esencial reforzar las medidas destinadas a garantizar que los niños sean tratados con especial consideración en el sistema jurídico de Burundi.

Me alivia ver que los materiales que proporcionamos habían tenido un impacto positivo en la vida de los niños. Las niñas mencionan que tener artículos de higiene como jabón y pastillas es un problema menos.

Los niños nos dicen que, debido a que no pueden acceder a clases estructuradas, leen libros en francés para mejorar sus conocimientos del idioma. Además, de vez en cuando representan una obra de teatro para entretener a los demás. “Y una vez a la semana jugamos con los balones de fútbol que UNICEF nos ha dado”, nos dicen. Esto me hace recordar que por muy importante que sea proporcionar materiales básicos como zapatos o platos, no debemos olvidar que se respeten los derechos de los niños a jugar y ser creativos.

En el automóvil me concentro en mis pensamientos. Lograr sacar a los niños de las cárceles para adultos es un componente básico de la labor de protección de la infancia de UNICEF en Burundi. Por ello, UNICEF acaba de prestar su apoyo a la construcción de dos nuevos centros de reeducación en Rumonge y Ruyigi. En lugar de estar en una prisión, los niños en conflicto con la ley serán transferidos ahora a estos centros, donde tendrán acceso a la educación, la formación profesional y la oportunidad de aprender capacidades básicas que más tarde les ayuden a reintegrarse mejor en la sociedad.

En este momento, el Ministerio de Justicia, en colaboración con sus socios, está buscando recursos humanos cualificados para poder abrir las puertas de los centros de reeducación tan pronto como sea posible.

Debido a que el acceso a la educación y la formación son clave para que los niños mejoren su posición en la vida, estoy deseando ver a estos niños en los nuevos centros, donde podrán adquirir las habilidades y la confianza en sí mismos que les permitan convertirse en valiosos miembros de sus comunidades.

Julia Chukwuma es una Oficial de Política Social de UNICEF en Burundi.

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