Tenía problemas en casa, así que me uní a un grupo armado

En medio de las negociaciones que se están llevando a cabo para lograr un acuerdo de paz en Colombia, UNICEF ha conseguido una entrevista poco común con una mujer joven recién liberada de un grupo armado, después de seis años en la selva. Esta es su historia contada con sus propias palabras.

Las cosas estaban mal en mi casa, tan mal que perdí las ganas de vivir. Pensé que si me unía a un grupo armado, acabarían matándome.

Primero escapé de casa cuando tenía 12 años. Me fui a vivir con un amigo. Mi madre venía a veces y me llevaba, pero yo volvía a irme otra vez.

Cuando tenía 15 años quedé embarazada. Tener un bebé es una gran responsabilidad. No sabía qué hacer.

En mi poblado siempre hubo guerrilleros Yo los había visto unas cuantas veces y decidí acompañarlos. Tardé varios días en llegar a su campamento.

Al principio no me gustaba estar allí, pero entonces conocí a alguien. Estuvimos juntos durante un año antes de que él muriera en un combate. Yo estaba en otro lugar y sólo supe de su muerte seis meses después.

Cuando me incorporé, mi hija era todavía un bebé. Yo no estuve presente durante los primeros años de su vida y ese tiempo nunca volverá. A menudo llamaba casa para preguntar por ella. Pero no es lo mismo.

Ahora que ya estoy de regreso, ella quiere estar conmigo todo el tiempo. Me dice que me quiere y me ruega que no la vuelva a abandonar. Cuando me dice eso, me voy a mi habitación y empiezo a llorar. No he sido una madre para ella.

Es muy importante tener un compañero allí. Puede ser de gran ayuda. Cuando tenemos que trasladarnos, un compañero puede ayudarte a llevar tu carga. Los compañeros viven juntos y si uno de ellos tiene que ir en misión, se pueden esperar el uno al otro si están enamorados. Pero los hombres no esperan a las mujeres.

La primera vez que participé en un combate estaba muy asustada porque no sabía cómo manejar un arma.

A veces lloraba y rezaba a Dios para que me diera fuerzas para seguir en marcha. No es un buen lugar para los niños. Ni siquiera para los adultos. La gente no sabe lo difícil que es. Si no te sabes defender, puedes morir.

Una mujer joven con el rostro escondido
UNICEF/UN013303/LeMoyneEsta mujer joven, hoy ya adulta, pasó gran parte de su adolescencia con un grupo armado en Colombia

Un día hubo una explosión. Estábamos rodeados de soldados y los helicópteros volaban sobre nosotros. Pensé que iba a morir. Pero no quería morir. Y no quería ir a la cárcel. No sé cómo ni de dónde saqué la fuerza, pero conseguí escapar.

Entonces pensé en mi madre. Mi muerte habría sido un duro golpe para ella.

Una vez casi me matan. Una bala voló justo sobre mi cabeza. Todavía tengo una cicatriz.

No volveré allí. Quiero seguir adelante con mi vida. Los años que pasé allí fueron un desperdicio. Cuando uno se marcha, hay que empezar de cero.

¿Mi mensaje a los jóvenes que quieren hacer lo que yo hice? Pues que tienen que pensárselo mucho primero. No se trata de alistarse y se acabó. Es una gran responsabilidad. Si haces algún daño, ellos te van a hacer cosas que no te van a gustar.

Angelina (no es su nombre real), 23 años. 

 

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