El sol que sale tras los escombros: El viaje de la esperanza de los niños de Siria

“Madre, en este lugar hay un eco muy bueno…”, dijo Ansam, de 10 años, cuando llegó a una ciudad destrozada de la zona rural de Damasco que hace de imponente telón de fondo del video musical con el que se marcan seis años del terrible conflicto de Siria.

Conocí a Ansam el pasado diciembre, cuando se subió al escenario de la Ópera de Damasco con una gran seguridad y aplomo, luciendo un precioso vestido en tono pastel y una larga melena de color negro. Ese día, con motivo del 70 aniversario de UNICEF, ella y otros 100 niños procedentes de distintos refugios de todo el país interpretaron canciones de esperanza, resiliencia y deseos de recuperar la paz en Siria.

Hoy, con ese precioso vestido y su habitual sonrisa, Ansam ha venido acompañada de 40 niños de un refugio de familias desplazadas de la zona rural de Damasco para enviar otro mensaje de esperanza al mundo, a través de una canción.

Ciega de nacimiento, Ansam solo sentía los escombros que había bajo sus zapatos blancos. Solo podía escuchar el eco de su voz cantando de nuevo “tal vez seamos solo niños, pero alzamos la voz con el corazón, queremos borrar el miedo y cambiar esta situación”.

Yo me dije a mí misma: ¿qué mensaje de esperanza y valor puede ser más fuerte que el de esta pequeña, que se vio obligada a dejar su hogar en medio de los bombardeos y logró encontrar un “buen eco” para su voz en medio de los escombros? En mi opinión, ella capturó la esencia de nuestra labor para los niños de todo el país con su inocente y espontáneo comentario.

Vestidos con ropa colorida y con unas rosas y unos cubos de pintura en las manos, los niños llenaron de vida el lugar, marcando un fuerte contraste con los muros grises destruidos y los coches quemados. Pintaron soles y flores en las ruinas. ¿Alguna vez has visto el sol salir de los escombros? Esta es la resiliencia de los niños de mi país.

Ellos, que parecían también hermosas flores y tenían voces angelicales, comenzaron a cantar con entusiasmo las palabras que llevaban semanas ensayando. La canción, que fue un generoso regalo del Embajador Regional de UNICEF Zade Dirani para los niños de Siria, es un mensaje de esperanza para todo el mundo acerca de un futuro mejor en una Siria pacífica.

Cuando vi el video por primera vez, sabiendo lo que esos niños han pasado y el largo camino que han recorrido, no pude contener las lágrimas. Tan solo unos meses antes, esos mismos niños que ahora estaban cantando y bailando alegremente estaban viviendo una pesadilla. En sus pocos años de vida, habían sido testigos de numerosas escenas de violencia y terror. A esos mismos niños los habían arrancado de sus hogares, muchos de ellos no una ni dos veces, sino hasta siete. Esos mismos niños perdieron amigos, familiares, escuelas y la sensación de pertenecer a alguna parte. Fue como un sueño hecho realidad verlos repartiendo amor y esperanza a todo el mundo desde los hostiles refugios a los que ahora llaman hogar.

Solo unos meses antes, comenzamos nuestro proyecto con Awtar (un grupo de música de la capital, Damasco), utilizando la música, las canciones, el arte y el dibujo como herramientas creativas de asistencia psicosocial para los niños que estaban en Siria.

“Yo tenía un sueño. Me había emocionado mucho Meryl Streep cuando vi la película Música del corazón, que está basada en una historia real sobre unos niños desfavorecidos y su inspiración mediante la música”, explicó Hanaa Singer, Representante de UNICEF. “Cuando hablé con el grupo Awtar sobre mi idea, vi cómo se les iluminaron los ojos de la ilusión. En ese momento, prometieron hacer mi sueño realidad para muchos niños”.

Y así comenzó el viaje.

Imagen de una niña dibujando un coche
UNICEFToma del vídeo de cómo se hizo la “Canción para Siria”.

Equipos de motivados músicos y profesores de arte fueron a 16 refugios de familias desplazadas internas de Damasco y sus alrededores para introducir el arte en la vida de los niños. Los equipos pasaban horas con los niños, enseñándoles a cantar y a tocar instrumentos musicales y escribiendo letras inspiradas en sus vidas. El grupo produjo 21 canciones con mensajes de esperanza, resiliencia y determinación, todas animadas por los propios niños.

“Al principio, este proyecto trataba de nuestra responsabilidad para con los niños de nuestro país”, me dijo Amir Karajouli, un manager del grupo Awtar. “Sin embargo, cuando conocimos a los niños, se convirtió en una prueba de nuestra sincera fe en ellos como aliados para construir un futuro hermoso, alejado de la desesperación y los conflictos”.

Los equipos enseñaron a los niños a dibujar con un manual creado por el grupo, como un medio de compartir experiencias con sus compañeros, construir su autoestima, expresar sus sentimientos y motivar sus esperanzas de futuro.

“Dibujé a unos niños jugando en los columpios porque, cuando se termine esta guerra, quiero regresar a casa y jugar con mis amigos como hacíamos antes”, me dijo Mouna, de 12 años, al enseñarme su dibujo durante mi visita a uno de los centros.

Su amiga Aya, de 11 años, se unió a la conversación: “A mí me gusta que los instructores nos digan que dibujemos lo primero que se nos venga a la cabeza. Yo a veces dibujo cosas alegres o cosas tristes que recuerdo, dependiendo de cómo me sienta”.

Cada vez que los músicos y los profesores llegaban a los refugios, los niños se agolpaban a su alrededor formando un gran círculo. El caos se convertía en calma cuando revivían momentos de su infancia tocando instrumentos, cantando y pintando. Era como si estuviesen hechizados por la música.

“Antes escuchábamos bombardeos; ahora solo escuchamos canciones y música”, dijo una niña pequeña, demostrando la esperanza que este programa ha traído a las vidas de muchos niños.

Yo fui hechizada por los niños. De pequeña vivía en una región de conflictos, y la guerra fue mi mayor miedo durante esos años. Cómo iba a saber que los niños de mi país un día tendrían que rogar el derecho a vivir una infancia alegre y pacífica.

Sin embargo, verlos a ellos y sentir su inspiradora determinación me hace saber que ni la peor de las situaciones acabará con su resiliencia, porque cada vez que sonríen, hay esperanza.

Yasmine Saker es Consultora de Información y Comunicaciones y trabaja con UNICEF Siria.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con “obligatorio.”