Reflexiones a la espera de Matthew

Es domingo, son las dos de la tarde. Estoy en Puerto Príncipe, Haití, esperando. Y conmigo, 10 millones de personas. Esperando las consecuencias de una carga que se suma a las muchas otras que ya lleva sobre sus espaldas este maravilloso país.

Hace cincuenta años, el 29 de septiembre de 1966, el huracán Inés sacudió Haití. Categorizado como clase 4 (igual que Matthew, el huracán que viene de camino) y con ráfagas de hasta 250 km/h, Inés se llevó consigo 1.000 vidas, causó miles de heridos y dejó a otras 60.000 sin hogar de la noche a la mañana. Se calculó que la cuantía de los daños ascendió a 20 millones de dólares.

Mientras escribo, Matthew se encuentra a unos 535 km al sur-suroeste de Puerto Príncipe. Es uno de los huracanes atlánticos más poderosos de la historia contemporánea. Según las estimaciones, cuando llegue provocará inundaciones de lluvia de hasta 60 cm en el sur de Haití.

Durante los últimos días, UNICEF ha trabajado a un ritmo frenético junto al Gobierno y la comunidad humanitaria para almacenar reservas fundamentales para 10.000 personas. El agua segura ocupa el primer puesto en la lista de prioridades, y la DINEPA (Direction nationale de l’eau potable et de l’assainissement, Dirección nacional gubernamental de agua potable y saneamiento) ha enviado pastillas de cloración y vejigones de agua a las regiones.

El agua potable limpia es la materia prima que más rápido se agota en una emergencia de este tipo y, a corto plazo, esa “fuente de la vida” puede convertirse en la causa de una epidemia. En un contexto en el que menos de una de cada cinco personas de zonas rurales tiene acceso a saneamiento mejorado y un 40% utiliza fuentes de aguas sin protección, se teme que el huracán pueda empeorar un panorama que ya es bastante oscuro. Desde el brote de cólera de 2010 han muerto cerca de 10.000 personas. En la actualidad, cada semana aparecen varios cientos de casos nuevos, y uno de cada tres afectados es un niño. Las campañas informativas sobre medidas sencillas para prevenir la enfermedad (lavarse las manos o realizar una cloración del agua, entre otras) se han ampliado y ya se están llevando a cabo en todas las zonas en peligro.

Además de prevenir la enfermedad, los equipos de UNICEF están trabajando para proteger el bienestar de los niños. Los derechos a la educación, la protección, la salud, el agua y la nutrición no quedan suspendidos en tiempos de crisis, sino que tienen un peso aún mayor.

Siento tristeza y nervios al escribir esto, al encontrarme al borde de una situación que posiblemente traerá consigo sufrimiento para miles de familias y contra la que no podré hacer nada. Llevo desde ayer recibiendo correos de amigos que me mandan su cariño, sus recuerdos y sus plegarias. Algunos de los que viven a miles de kilómetros de aquí parecen estar mejor informados que muchos otros cuyas vidas podrán cambiar para siempre cuando llegue Matthew. Puesto que solo uno de cada siete haitianos tiene electricidad y que los índices de alfabetización rozan el 60%, el acceso a la información es un lujo poco presente. Aun así, el día de mañana podría salvar vidas.

Para garantizar que todos estén preparados para la llegada de Matthew, la comunicación sobre medidas de protección va a toda velocidad, especialmente en Les Cayes que, según se prevé, será una de las más afectadas. Aquí, los agentes del Departamento de Protección Civil del gobierno (DPC) y los trabajadores de las ONG aliadas de UNICEF patrullan las calles transmitiendo a los residentes la urgencia de preparar kits de emergencia, asegurar sus hogares y difundir el mensaje.

Dada la inclinación del terreno, Haití (Ayiti en taíno, la lengua de los primeros habitantes de la isla, que se traduce como “tierra de altas montañas”) es especialmente vulnerable a inundaciones devastadoras. Durante décadas, la deforestación masiva ha dejado innumerables laderas y montañas desprovistas de los árboles que normalmente retenían el agua. Con un 60% de la población sobreviviendo con menos de 1,25 dólares al día, muchas familias residen en casas que apenas pueden aguantar una lluvia fuerte. Normalmente, las casas están construidas con madera y con tejados de acero corrugado. Cuando escucho el viento cada vez más fuerte en el exterior, mis pensamientos se van con esas familias que estarán sintiendo cómo tiemblan sus paredes.

Haití tiene mucha belleza por mostrar y la valentía suficiente para que Matthew, sean cuales sean sus consecuencias, no logre ganarle el pulso. A partir de los próximos días, debemos hacer todo lo posible para ayudar a los niños, mujeres y hombres haitianos a seguir adelante.

PD : Para mantener la esperanza en estos momentos de preocupación por Haití, puede consultar nuestra serie My Hero, que muestra la fuerza y el valor de los niños de Haití. (Los vídeos están disponibles en inglés, francés y criollo).

Cornelia Walther es Jefe de Comunicación para UNICEF Haití. Durante los últimos 13 años, ha trabajado con UNICEF en África y Afganistán. Desde que presentó su doctorado sobre la responsabilidad de alcanzar los derechos infantiles, su lema es: el cambio para bien comienza aquí y ahora y con cada individuo.  

 

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