Podrán destruir sus escuelas, pero no sus sueños

El silencio apaga el murmullo de los estudiantes que recitan el abecedario. Solo el viento logra interrumpir esa quietud, haciendo tintinear los cristales secos que rodean los postes cortados colocados formando líneas rectas en el páramo. Son los postes que sostenían la escuela primaria Ogweni antes de que llegara el conflicto.

Tras una hora de avión desde Juba, la capital, y 15 minutos en barca por el río Nilo, lleno de agrupaciones de nenúfares verdes e hipopótamos que asomaban acechantes, llegué a Wau Skilluk, donde se construyó la escuela primaria Ogweni entre 2016 y 2017 con la ayuda de UNICEF.

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© UNICEF/South Sudan/RyengA 15 minutos en barco desde Malakal se llega a Wau Shilluk. En el camino se pueden ver hipopótamos e incluso cocodrilos.

“La escuela era única, nunca habíamos visto un diseño igual”, me dijo un antiguo maestro. “Para toda la comunidad, era una escuela de verdad”, aseguraba otro. “Tenía láminas de hierro en el tejado que la protegían de inundaciones cuando llovía”, explicaba uno de los antiguos estudiantes.

“Tuvimos que dejarlo todo por culpa de las armas”, dice Sunday Okitch. Tiene 15 años, sueña con ser médica y es una de las antiguas estudiantes de Ogweni. La escuela terminó de construirse a principios de 2017 y solo llevaba unas semanas abierta cuando llegaron los soldados. “Recuerdo que el tiroteo comenzó a las 16:00 horas. Hubo fuertes bombardeos. Tuvimos que escapar. La escuela estaba en perfectas condiciones cuando me fui”, recuerda James Opach Mayik. Él también era profesor en la escuela.

El conflicto de Wau Skilluk fue tan intenso que todo el terreno sobre el que se erigía la escuela quedó carbonizado por las llamas, aunque la escuela se mantuvo en pie. Los soldados que ocuparon la zona comenzaron a desmantelarla, incluso cortaron por la mitad los postes que la sostenían, con la intención de convertirla en su alojamiento y vender los materiales para ganar dinero.

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© UNICEF/South Sudan/ScopasLa escuela apoyada por UNICEF era “única”, dice una antigua maestra. “Disfrutaba enseñar”, afirma otro ex profesor. Un ex alumno nos cuenta que la escuela tenía láminas de hierro en el techo, lo que evitó que la lluvia estacional inundara la escuela.

Después de otra hora de trayecto en barca en dirección norte, seguido de una hora más por una carretera sucia atravesando un lodazal, llegué a Abrouc. Allí encontraron refugio la mayoría de las personas que huyeron de Wau Skilluk cuando sus hogares quedaron destruidos a causa del conflicto, y también fue allí donde encontré a las personas que habían conocido la escuela antes de su destrucción.

La búsqueda de antiguos estudiantes y profesores me llevó a recorrer Abrouc y se acabó convirtiendo una divertida aventura. Mucha gente me ayudó. “Deberías hablar con Simon, estará en el mercado jugando al mancala [un juego africano hecho de piedra]”. Simon me dio otro nombre que podía buscar y que acabó llevándome hasta James. Él impartía educación religiosa cristiana y matemáticas en 4º, 5º y 6º curso en Ogweni, y también era el administrador de la escuela.

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© UNICEF/UN0312980/South Sudan/RyengEl ex profesor de Ogweni, James Opach Mayik, dice que la escuela estaba en perfectas condiciones cuando huyó de las balas en Wau Shilluk. Le duele que no quede nada de la escuela nueva. Sin embargo, está listo para reconstruir la escuela si la paz se mantiene, y esta vez hará una ceremonia de inauguración.

“En la escuela nueva disfrutaba más de la enseñanza”, asegura, y se le dibuja una sonrisa que le alza las mejillas y le hace brillar los ojos. Pero su sonrisa desaparece de repente cuando sigue hablando: “regresé a Wau Shiluk la semana pasada y vi la escuela, o lo que queda de ella. Es doloroso ver que no queda nada. Cuando no hay escuelas, la situación del país empeora, y esa es la razón del conflicto”.

En Sudán del Sur, el 30% de las escuelas están dañadas, destruidas, ocupadas o cerradas como resultado del conflicto.

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© UNICEF/UN0312980/South Sudan/Ryeng Josephine Andrew tenía 15 años cuando tuvo que huir de Wau Shilluk. Ella ahora tiene 17 años y está en 5to primaria en la escuela comunitaria Abrouc. Su materia favorita es ciencias sociales. Le gusta jugar voleibol después de la escuela y quiere ser doctora cuando crezca para ayudar a otros.

Acompañada por otro ayudante, logré localizar a algunos de los antiguos estudiantes de Ogweni. Ahora asisten a la escuela comunitaria de Abrouc y están ansiosos por regresar a casa cuando la situación sea más segura, pero les apena que la escuela recién estrenada que dejaron atrás ya no exista.

“Si destruyen la escuela, dejas los estudios y ya no puedes convertirte en quien quieres convertirte”, dice Sebit Juma, de 15 años.

“Destruir escuelas no está bien; los niños se quedan sin un lugar donde aprender”, añade Josephine Andrew, de 17 años.

“Si descubrimos quién destruyó nuestra escuela tendremos que decirle que no lo vuelva a hacer”, concluye Emmanuel William, de 15.

Con una parte de los restos de la escuela primaria de Ogweni se ha fabricado una escultura que representa a un niño de Sudán del Sur. La instalación artística se ha situado en el aeropuerto de Mallorca para recibir a las personas que llegan para asistir a la conferencia sobre Escuelas Seguras que se celebrará en mayo, en la que se pedirá a los dirigentes mundiales que protejan las escuelas y permitan a los niños tener una educación.

En 2018, UNICEF Sudán del Sur creó y reformó 460 clases por todo el país. James, el profesor, está decidido a reconstruir la escuela de Wau Shilluk.

“La verdad es que nunca hicimos una ceremonia de inauguración en Ogweni porque la escuela acababa de terminar de construirse; no habíamos hecho más que empezar a utilizarla cuando llegaron los soldados”, dice. “Si perdura la paz y la gente empieza a regresar, tendremos que reconstruirla. No tenemos muchos recursos, pero podemos buscar materiales, árboles de la zona para crear postes y comenzar a reconstruirla. Ojalá podamos hacer una gran ceremonia en una escuela reconstruida”, concluye, y los ojos le vuelven a brillar.

 

Helene Sandbu Ryeng es Especialista en Comunicación y trabaja para UNICEF en Sudán del Sur.

 

Lee aquí sobre cómo mantener las escuelas seguras para cada niño.

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