Pintando huracanes junto al mar de Hemingway

Hay silencio junto al mar y olor a pez en el ambiente. El agua está más limpia que de costumbre y cuentan que la pesca está mejor. No fue el viento el que golpeó las casas en el poblado de Cojímar, el pueblo de pescadores en el que Ernest Hemingway se inspiró para escribir ‘El Viejo y el Mar´. Fue el propio mar, que subió bruscamente durante la noche. Rompió puertas. Colocó grandes piedras dentro de los salones de las casas. Hundió zonas que nunca se habían inundado. Cubrió de sal y agua los techos más cercanos a la tempestad. Lanzó, como proyectiles, postes de electricidad contra las paredes de mampostería.

El huracán Irma ocasionó inundaciones costeras y olas de hasta 9 metros en el litoral norte de Cuba. Las fuertes lluvias provocaron daños, por cerca de 72 horas, en 13 de las 15 provincias del país. La mayor parte de la isla fue sacudida por “el fenómeno natural más peligroso de 2017” y Cojímar, en otros tiempos refugio del escritor en el este de La Habana, fue también uno de los más afectados.

Algunas casas del entorno quedaron huecas, atravesadas por el mar, y las calles se mantienen en ese silencio tan inusual que inunda los pueblos cuando no hay televisores encendidos, ni música, ni carga suficiente en los dispositivos móviles para acompañar el día a día. La luz, de día; en la noche, oscuridad; solo silencio y conversaciones familiares que duran hasta que la vela se apaga.

Greysi Graham regresa a casa con sus hijos de 11, 13 y 14 años, donde solo quedó el cimiento y los cuartos de su casa. Su única hija, Yenny, de 7 años, todavía permanece en el refugio donde toda la familia se resguardó del huracán.

A medida que se sube la loma que llega hasta la iglesia, hay menor afectación en las casas y el pueblo vuelve a tomar forma. Cojímar se quedó sin la calle que le separaba del mar; su pequeño Malecón se ha convertido en una hilera de piedras.

©UNICEF Cuba/2017/LópezFesserLucas, de un año y medio, vive a cien metros del mar.

Yamilé Fors tiene un hijo de año y medio, Lucas. Viven a unos metros de las piedras en las que rompe el mar, donde los pies no pueden equivocarse al caminar. Un bloque de hormigón impulsado por el agua rompió la puerta de su casa. El niño dormía. Después, a correr, a nadar, a “volar” entre los ruidos atípicos que despertaron a toda la comunidad en la madrugada. Y a ubicarse por azar en una cama de una de los centros escolares que sirvieron de refugio para las personas damnificadas del pueblo.

Lucas vivió el huracán dormido. Ahora aguanta un carrito lleno de escombros junto a su padre, como si estuviese consciente del daño y quisiera ayudar.

“El mar es dulce y hermoso, pero puede ser cruel”, escribió Hemingway. A la vista de los acontecimientos, tenía razón.

A la orilla del mar, mientras las personas mayores conversan sobre “cosas grandes”, Suelen, de 4 años, dibuja un huracán sobre una losa. Su vivienda, aún en construcción, está intacta. Su padre salvó las pertenencias y objetos de valor de la familia antes de la llegada de Irma y ahora, de vuelta a su hogar, Suelen juega entre las losas sueltas y los materiales de construcción que tiene a su alcance.

Hemingway también escribió “el hombre no está hecho para la derrota. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado”. Sigue teniendo razón.

©UNICEF Cuba/2017/LahensSotoSuelen, de 4 años, escucha a las personas adultas comentar sobre huracán Irma y lo dibuja en una losa de su casa.

Tras el paso del huracán Irma por Cuba, UNICEF en colaboración con las autoridades y otras agencias de Naciones Unidas está apoyando el restablecimiento del curso escolar a través de la distribución de materiales educativos y de recreación que facilitan el retorno seguro a la escuela y priorizando acciones para apoyar el establecimiento inmediato de espacios de aprendizaje temporales, los cuales cuenten además, con un apoyo psicosocial para el aprendizaje de 69.786 niñas y de 72.771 niños.

Además, para prevenir la morbilidad y mortalidad causada por deficiencias en la calidad de agua y saneamiento, así como las enfermedades diarreicas, UNICEF ya ha entregado a las autoridades 2,7 millones de tabletas purificadoras de cloro para su distribución y se espera una segunda entrega en las próximas semanas.

 

Adriana Castillo González, equipo de comunicación de UNICEF Cuba.

 

Para que cada niño, niña y adolescente de Cuba pueda crecer en entornos seguros y saludables, puedes ayudar donando en: https://support.unicef.org/es/donate/huracan-irma

 

 

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