Niños migrantes en Centroamérica y su uso de la tecnología

Daniel intentó migrar hacia Estados Unidos para reencontrarse con sus padres. No lo logró. Conversamos con él para entender cómo afecta la tecnología al proceso migratorio y para buscar soluciones con el sector privado.

Daniel (nombre ficticio) no para de mirar el celular. Unas veces se sumerge en WhatsApp. Otras, revisa el perfil de Facebook de un amigo al que conoció durante su fallida ruta migratoria hacia Estados Unidos. Descansa en una banca del Centro de Atención a Niñez, Adolescencia y Familia (CANAF), cerca de San Salvador. Su cabeza sube y baja buscando la protección del teléfono, mientras explica el peligroso camino emprendido meses atrás.

Daniel es uno de los 34.056 niños, niñas y adolescentes migrantes de El Salvador, Guatemala y Honduras retornados a su país de origen, principalmente desde México y Estados Unidos, en 2016 (Fuente: OIM). Decidieron migrar por varias razones: para huir de la violencia e influencia de pandillas y crimen organizado, para reunirse con sus familias o, simplemente, buscando mejores oportunidades.

Como buen adolescente del siglo XXI, la tecnología fue importante en su decisión de intentar migrar al norte. Sus padres viven en la Costa Oeste de los Estados Unidos. Conversando con ellos en un ‘cibercafé’, surgió la idea de que ir a Estados Unidos. Aplicó para una visa, pero le fue denegada. Sin embargo, decidió migrar al ser contactado por pandillas locales. Se negó a unirse a ellas y lo amenazaron. Se sentía inseguro y decidió, desesperado, tratar de reencontrarse con sus padres.

UNICEF/Adriana ZehbrauskasJessica en las calles de Santa Tecla en El Salvador.

La información sobre la ruta migratoria la consiguió principalmente de amigos y vecinos retornados, con indicaciones sobre qué buses tomar y qué puntos fronterizos evitar. Pese a ser nativo digital y usuario de redes sociales, Daniel no las empleó para encontrar información antes de migrar. No sabía qué buscar, ni dónde, y carecía de un celular preparado para descargar aplicaciones.

El uso de la tecnología durante la ruta también es sumamente limitado por varias razones: el costo de un celular con acceso constante a internet; el miedo al robo o retención del teléfono si se emigra con un ‘coyote’ (persona a la que se paga por facilitar el transporte); o factores cotidianos, como la falta de lugares para recargar el celular o los daños al cruzar ríos y montañas. La tecnología sucumbe ante tales condiciones.

Daniel no llegó a la frontera estadounidense: fue detenido poco después de cruzar de Guatemala a México y enviado a un centro de detención migrante. El Consulado de El Salvador y las autoridades mexicanas revisaron su caso, decidiendo su repatriación. Regresó en bus, con otros migrantes salvadoreños, hasta el centro principal de recepción de migrantes de El Salvador. En el último año, más de 45.000 salvadoreños retornados se registraron en este lugar.

Daniel tuvo que mencionar tres veces sus datos personales a distintas instituciones públicas. La infraestructura digital institucional es muy limitada, y puede conllevar la revictimización de los niños migrantes cuando se les obliga a relatar, una y otra vez, su historia.

Las oficinas de UNICEF en El Salvador, Honduras, Guatemala y México apoyan intervenciones para garantizar los derechos de niños, niñas y adolescentes migrantes y refugiados en países de origen, tránsito y destino, como el cuidado de niños solicitantes de asilo, ayuda en el proceso de asilo y apoyo en proyectos de educación y protección a nivel municipal en los países de origen

La tecnología no resolverá el problema de la migración irregular, pero las empresas proveedoras de estos servicios y productoras de aplicaciones usadas por adolescentes pueden visibilizar la realidad de la migración infantil y apoyar acciones protectoras.

Por ejemplo, existe en la ruta una red de albergues para migrantes que, gracias al ecosistema móvil, podría potenciar el uso de las nuevas tecnologías para brindar mayor información y conectividad a los niños, niñas y adolescentes atendidos.

Actualmente, el 62 por ciento de los migrantes en Centroamérica (incluyendo niños y niñas) son víctimas de trata. Compañías del sector TIC también pueden cooperar con los gobiernos para fortalecer su infraestructura digital, facilitando los registros y seguimiento de los niños, niñas y adolescentes migrantes, refugiados y retornados.

Cuando se le pregunta si quiere migrar de nuevo, Daniel guarda un silencio revelador y se refugia en su móvil: ese artefacto que podría ayudarlo mucho si propuestas como las mencionadas se hicieran realidad.

 

Marcelo Ber es el Punto Focal de Derechos del Niño y Empresas en América Latina y el Caribe. Francisco Biber es Consultor en Derechos del Niño y Empresas.

 

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Comentarios:

  1. Hola quisiera una información quiero ayudar a los niños de mi comunidad en Venezuela y no tenemos manera ni financiera ni otro medio,quisiera conectarme con ustedes para ver de que forma ustedes nos pueden colaborar, urgente los niños no tienen comida, ya ni asisten a las escuelas. Ayudenos