Nadine y Jonathan: esperanzas de un futuro mejor

Cuando el director pronuncia su nombre, Nadine* salta de su asiento y se dirige rápidamente al escenario. Saluda a los profesores, agarra su certificado y se vuelve para mirar a montones de niños que la vitorean. Ella, con timidez, trata de ocultar su sonrisa tapándose con la mano, pero todos los que están en la sala notan su felicidad y su orgullo.

Solo cuatro meses después de que ella y otros 90 niños fueran liberados del grupo armado anti-balaka en Bangui, Nadine, de 17 años, ha logrado ocupar el segundo mejor puesto de su clase. Se trata de todo un giro para ella, que se tuvo que enfrentar a lo peor tres años antes, cuando la mayor parte de los rebeldes musulmanes de Seleka emprendieron su marcha hacia la capital, donde finalmente derrocaron al gobierno. “Yo vivía con mi familia en una ciudad llamada Dekoa”, cuenta. “Cuando llegaron los rebeldes de Seleka, mi madre murió abatida por una bala perdida, y mi padre fue asesinado justo delante de nuestra casa”.

Sin la ayuda de una familia, Nadine decidió alistarse en la milicia rival, los anti-balaka (que en el idioma local significa anti balas AK47). “Dijeron que si me iba con ellos, podría convertirme en una mujer y cuidar de mi hermano pequeño”, recuerda.

Poco después, Nadine emprendió la marcha junto al grupo. Fue un camino muy largo, 300 km hasta la capital, Bangui. “Yo llevaba las mochilas, la comida, a veces las armas, y también cocinaba para el grupo”. Se quedó embarazada de uno de los milicianos. “Yo tenía 15 años, todavía era virgen, pero él dijo que ya era lo suficientemente mayor para convertirme en su mujer”.

En la misma clase de Jonathan y Nadine, una compañera levanta la mano
© UNICEF/UN08030/Le DuEn la misma clase de Jonathan y Nadine, una compañera levanta la mano.

Sentado junto a Nadine está Jonathan*, también de 17 años. Él también fue miembro del grupo anti-balaka, con quien pasó un año en un campamento provisional instalado a las afueras de la ciudad. “La vida allí era muy difícil”, asegura. “Encontrar comida era siempre un desafío, no había atención para la salud y en varias ocasiones me enviaron a controlar las barricadas o a participar en los ataques contra los musulmanes”.

Las cicatrices que Jonathan tiene en el rostro cuentan la historia de la violencia, la tortura y los malos tratos que tuvo que soportar por parte de los mayores del grupo. Las cicatrices invisibles tardarán más en curarse, pero él se está esforzando mucho por reconstruir su vida.

“El pasado mes de mayo me enteré de que UNICEF tenía la intención de sacar a niños como yo de los grupos y ayudarlos”, cuenta. “Pedí a mis comandantes que me pusieran en la lista, y unas semanas más tarde ya estaba allí, poniéndome al día con las clases. Ahora ya sé leer y escribir, y quiero ser conductor”, dice, mostrando con orgullo su certificado.

En 2015, UNICEF y sus aliados liberaron a 2.662 niños de grupos armados en toda la República Centroafricana. Miles más se encuentran todavía dentro de los grupos, expuestos a la violencia y al abuso. UNICEF sigue trabajando con sus aliados para poder proporcionar a esos niños los servicios esenciales.

*Los nombres se han cambiado

Didier Martial Pabandji es Especialista en Comunicaciones de UNICEF para la República Centroafricana.

Puede obtener más información sobre la labor humanitaria de UNICEF en el resumen de este año de la Acción Humanitaria para la Infancia.

 

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