Si la gente tiene fe en mí, puedo hacer cualquier cosa

El VIH nunca ha sido un impedimento para la joven de 18 años Yana Panfilova. De hecho, ha sido un impulso para seguir adelante.

“Me inspiró y me dio ánimos para hacer más como activista”, dice. “Si la gente tiene fe en mí, puedo hacer cualquier cosa”.

En su Ucrania natal, Yana ha pasado los últimos ocho años haciendo campaña para sensibilizar a un país con uno de los peores índices de infección en Europa. En 2015 había unas 220.000 personas con VIH y la mayoría de los casos de infección recientemente registrados correspondían a gente joven.

Qué bueno decir: Soy VIH positiva y estoy contenta con la vida que llevo

Yana se enteró de su condición cuando tenía 10 años. Hija de una drogadicta, Yana vivió en un orfanato hasta los tres años, momento en el que su madre se liberó de las drogas y pudo llevarla de nuevo al hogar familiar. Ahora, junto con su madre, Yana dirige Teenergizer, una organización juvenil que respalda a los adolescentes con VIH quienes, como Yana sabe por experiencia, a menudo no tienen dónde recurrir.

“Estaba harta y aburrida de que otros compañeros de la escuela me preguntaran qué pastillas eran esas que tomaba”, recuerda. “Mentía y les decía que eran para el corazón. De repente me di cuenta de que yo misma me estaba discriminando al mantener en secreto mi condición y que eso tenía que cambiarlo. Pensé que, si revelaba mi estado, otros adolescentes comprenderían que no estaban solos”.

La discriminación, la falta de información y una educación sexual inadecuada suponen una barrera a la hora de realizar las pruebas de VIH en Ucrania. Sólo el 10% de adolescentes y jóvenes se han hecho una prueba del VIH y, aunque está legalmente permitido que los adolescentes mayores de 14 años puedan hacerse la prueba anónimamente, los médicos con frecuencia no les dan los resultados sin el consentimiento parental.

A Yana también le preocupa que los adolescentes reciban el tratamiento adecuado porque a muchos de ellos los prejuicios les impiden tomar los medicamentos antirretrovirales.

Teenergizer trabaja para los jóvenes ofreciéndoles consejo, hacienda campaña por el cambio de actitud, hablando en las escuelas y supervisando los centros de pruebas.

Cuando no está ocupada con Teenergizer o el Grupo Asesor de Jóvenes de las Naciones Unidas en Ucrania, Yana estudia en la universidad. “Cuando escribí mi tesis le pregunté a mi profesora por qué me había dado una B, y me contestó que porque había llegado tarde. Y yo le dije: Es que estaba pronunciando un discurso en la Reunión de Alto Nivel de las Naciones Unidas de Nueva York”, cuenta riéndose.

Pero Yana aún va más allá. Sueña con convertirse algún día en jefe de estado. Se pregunta divertida cómo sería llegar a ser presidenta o primera ministra de Ucrania y ponerse en pie declarando: “Soy VIH positiva y estoy contenta con la vida que llevo”.

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