Mi travesía

A los 15 años, perdí a mi familia y decidí marcharme de Gambia. Como no tenía dinero para comprarme un billete de autobús, caminé durante horas hacia la frontera de Senegal.

Durante mi travesía tuve que atravesar cinco países: Senegal, Malí, Burkina Faso, el Níger y Libia. En total, estuve siete meses viajando. En resumen, pasé unos días en Senegal, dos meses en Malí, unos cuantos días en Burkina Faso, un mes en el Níger y cuatro meses en Libia.

A young man leans against a railing by the sea.
Numu Touray, de 18 años de Gambia, en la playa de Palermo, Italia.

No tenía a quién acudir para pedir ayuda económica, lo que me obligó a trabajar en casi todos esos lugares para poder continuar con mi viaje, en la mayoría de los casos como obrero en la construcción de edificios. En uno de mis trabajos, en Malí, conocí a dos niños que, como yo, trataban de salir adelante. Todos teníamos el mismo objetivo, que era sobrevivir y seguir avanzando, de modo que nos ayudábamos los unos a los otros y estábamos muy unidos porque era más seguro ir en grupo. Además, nos dábamos consejos para nuestros respectivos viajes. Me pregunto dónde estarán ahora.

Recuerdo haberme caído tres veces debido al hambre y al agotamiento. Solo podía permitirme una comida al día y trabajaba en turnos de 12 horas con un solo descanso de 15 minutos. A veces no estaba seguro de si lograría aguantar todo el día.

Cuando estaba de viaje, me daba miedo que alguien pudiese hacerme daño, o robar el dinero que con tanto esfuerzo había conseguido. En una ocasión, iba en un autobús y llegamos a un puesto de control. Un grupo de hombres armados que aireaban sus pistolas nos pidieron que bajáramos, que hiciéramos una fila y les entregáramos nuestro dinero. Cuando me tocó, les dije que no tenía dinero. Me gritaron y me amenazaron con matarme si encontraban algo. Yo estaba aterrorizado, así que me rendí. Me dejaron marchar y proseguí mi viaje sin nada en el bolsillo.

Después de 10 días atravesando el desierto del Sáhara, llegué por fin a Libia, que al final resultó ser el lugar más peligroso de mi viaje porque allí los refugiados son el objeto de extorsión de las bandas criminales. Poco después de mi llegada, una banda me secuestró y me torturó tras pedirme que llamara a mi familia para que les enviaran dinero. Ojalá hubiese tenido a quien llamar, pero no. Finalmente, logré escapar corriendo en mitad de la noche.

El mar Mediterráneo estaba cerca, así que sabía que solo me quedaba la última etapa de la travesía. Trabajé en Libia durante cuatro meses para conseguir dinero suficiente para pagar al contrabandista que me ayudaría a cruzar el Mediterráneo en una barca.

Dos días antes de cruzar me fui a la costa. Me quedé contemplando el mar, tan extenso e infinito que parecía imposible que pudiese haber algo al otro lado. ¿De verdad podríamos atravesarlo en una barca de plástico pequeña e insegura?

Nada más subir a la barca junto a unas 130 personas más, solo me dieron ganas de bajarme, porque estaba convencido de que moriría en el mar. Sin embargo, dediqué un momento a reflexionar y pensé en lo que había dejado atrás en mi hogar y en cuánto me había costado llegar hasta allí. Decidí quedarme en la barca, pero sabía que tenía las mismas posibilidades de vivir que de morir.

Cuando por fin llegamos a la costa de Italia sanos y salvos, me sentí la persona más feliz del mundo. Sabía que por fin podría seguir adelante con mi vida.

 

Numu Touray, de 18 años, trabaja como pasante en el blog La Juventud Opina y así se describe: “me gusta hacer amigos, la naturaleza y viajar, y creo en la determinación y la honestidad”.  

 

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