“Los tiempos difíciles te hacen más fuerte”

Para conmemorar el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, Anita Haidary explica lo que representa ser una trabajadora humanitaria, y cómo consiguió un trabajo que le encanta.

 

A family consisting of a man and woman each carrying a child along with other members alongside.
© UNICEF/Afghanistan/2019/HaidaryLa autora, cuando era una niña refugiada, en brazos de su padre junto a otros miembros de su familia en una cabaña construida con cañas y barro en Pakistán.

La foto que ven más arriba es una de las pocas que sobrevivieron todos los traslados que tuvimos que hacer para escapar de la guerra en Afganistán. Mi padre, que me sostiene en su regazo, trabajó para Save The Children, y era un firme defensor de la educación de las niñas. A diferencia de otros padres, nunca distinguió entre un hijo y una hija. Mi madre, que sostiene a mi hermana pequeña, es analfabeta, pero estaba empeñada en que sus hijas no lo fueran. Durante el tiempo que me quedaba después de recoger madera y agua para ayudar a mi familia, me encantaba aprender y difundir mis conocimientos a otras personas.

A los 16 años puse en marcha una clase en mi casa para enseñar a las niñas y a las mujeres. Me hizo muy feliz ver cómo las niñas pequeñas aprendían escribir su nombre por primera vez. Cuando uno sabe que en cada momento de la vida se puede aprender, tu vida tiene un mayor sentido. Incluso cuando era muy pequeña, yo sabía que el sentido de mi vida era ayudar a los niños a aprender, sin importar quiénes eran o de dónde venían.

 

Cuando me incorporé a la oficina local de UNICEF en Afganistán en 2015, era la única mujer que ocupaba un puesto de funcionaria nacional. Esto no es algo sorprendente, sabiendo que yo era la única joven en mi universidad que estudiaba matemáticas y física, y una de las pocas niñas que terminó la escuela secundaria de mi promoción. Cuando los sistemas y las instituciones discriminan contra las niñas desde el principio, las oportunidades de que surjan mujeres líderes profesionales son muy reducidas.

Durante una visita a una escuela para niñas de Nangarhar, pregunté a un grupo de alumnas qué querían ser cuando fuesen mayores. Me emocione cuando me dijeron: “¡Como tú!” Yo les dije: “Por qué no? Ustedes tienen mejores oportunidades que las que yo tuve como refugiada. Ustedes viven en su propio país, tienen una escuela agradable con buenas instalaciones y su educación es gratuita. Fijen sus objetivos a un alto nivel y no se rindan. Los tiempos difíciles les harán más fuertes que antes”.

A lady hands out blue school bags from a cardboard box. A smiling girl stands opposite her.
© UNICEF/Afghanistan/2019/HaidaryAnita Haidary reparte mochilas para los escolares en una escuela que recibe apoyo de UNICEF en Nangarhar, AFGHANISTAN.

Como se puede ver en la foto de más arriba, los niños son las personas más positivas de este mundo. La sonrisa que brotó en la cara de esta niña es contagiosa. Estaba muy emocionada y me dijo que necesitaba desesperadamente una mochila, pero que no podía comprarla. Su felicidad me recordó cuando yo también anhelaba tener una mochila para la escuela. Después del quinto grado, tuve que recibir educación en mi casa porque no había escuelas para los refugiados cerca de donde yo vivía, y no se permitía que los niños refugiados se inscribieran en el sistema de enseñanza oficial de Pakistán. Envidiaba a los niños que pasaban a mi lado en sus elegantes uniformes, con sus mochilas llenas de libros. Ahora, mi trabajo me sirve para garantizar que todos los niños dispongan de un espacio seguro para aprender, con maestros y aulas bien dotados de recursos. Son los momentos como este los que me impulsan a lograr más cosas en favor de los niños, sin que importe lo lejos que estén o lo difícil que sea llegar a ellos.

Durante una visita a una escuela para niñas de Nangarhar, pregunté a un grupo de alumnas qué querían ser cuando fuesen mayores. Me emocione cuando me dijeron: “¡Como tú!

Tengo la suerte de contar con un padre y una madre que me apoyan, y de trabajar en una organización que ha fomentado mi desarrollo. He trabajado mucho para lograr que haya un mayor equilibrio de género dentro de mi departamento, y ahora hemos llegado a un nivel aceptable. En el mundo exterior, mi compromiso con la promoción de los derechos de los niños y las aptitudes interpersonales me sirve de espacio para obtener aceptación y respeto. Cuando observo un mar de rostros esperanzados durante mis visitas a escuelas como esta, estoy segura de que el apoyo de UNICEF a la educación de las niñas en Afganistán está allanando el camino para que surja una nueva generación de mujeres dirigentes.

© UNICEF/Afghanistan/2019/HaidaryLa autora con su hija en el Día Mundial de los Niños.

Durante el Día Mundial de los Niños celebramos el derecho de todos los niños a aprender en la escuela, a salvo de cualquier peligro, y de ser capaces de desarrollar todo su potencial. Cuando miro a mi hija a los ojos, tengo muchas esperanzas de lo que puede llegar a ser su generación.

Hemos hecho grandes progresos en la matriculación escolar, la reconstrucción de las aulas y la formación de los maestros. En los últimos 18 años (2001-2018), la matriculación escolar ha aumentado de 1 millón a 9,6 millones. Sin embargo, Afganistán todavía tiene un largo camino por recorrer. Los conflictos, la pobreza y el matrimonio infantil han privado de educación a 3,7 millones de niños y niñas, y el 60% de ellos son niñas. Creo en un futuro mejor para todos los niños y sigo trabajando para ellos.

 

Conversación con Samuel Waterton, Oficial de Comunicación, UNICEF, sede de Nueva York.

Anita Haidary es Especialista en Educación de UNICEF en Jalalabad, Afganistán. 

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