Los pasos de los niños migrantes en la frontera Sur de México

Vivo en Tapachula, Chiapas, municipio mexicano en la frontera con Guatemala. Mi padre fue asesinado cuando tenía 14 años y desde ese momento quise ser abogada de muchos niños desprotegidos. Trabajo para la oficina de UNICEF en México, en el programa “Children on the move”, (Niños en tránsito), cuyo objetivo es crear espacios innovadores de puertas abiertas para albergar a niños y jóvenes migrantes, garantizando sus derechos y proporcionando apoyo psicosocial.

El Instituto Nacional de Migración en México informó que en el año 2018 ingresaron al país 31.717 niños, pero ¿cuál es la razón por la que deciden migrar? La mayoría de los niños que viajan acompañados de sus familias ingresan a México con la intención de llegar a los Estados Unidos, debido a las precarias condiciones económicas en sus países de origen, a las pocas oportunidades de trabajo y a la violencia de las pandillas.

UNICEF/Tanya TurkovichBrenda Hernández acompaña las actividades psicosociales en uno de los espacios amigables para la infancia de UNICEF en Ciudad Hidalgo, en la frontera entre México y Guatemala.

Los niños que viajan sin compañía, generalmente lo hacen huyendo de las pandillas que quieren reclutarlos. Las niñas y adolescentes también se ven expuestas al problema de las pandillas y temen ser obligadas a tener relaciones sexuales con los líderes, o migran a causa de violencia doméstica. Otras viajan con la esperanza de reencontrarse con un familiar en los Estados Unidos.

Uno de los adolescentes en la estación migratoria, de Honduras, me contó que fue forzado a ingresar a una pandilla. Al principio tenía que vigilar las calles y avisar cuando llegara la policía, pero luego le pidieron hacer trabajos más pesados, a los que él tenía que acceder por miedo a una amenaza contra su familia. Ahora solo piensa en estudiar ingeniería, ya sea en México o en los Estados Unidos.

Una adolescente salvadoreña en el albergue municipal de adolescentes quedó embarazada como consecuencia de una violación. Junto a su pequeño hijo, que ya tiene 2 años, quiere llegar a los Estados Unidos para reencontrarse con su familia. Ella habla conmigo cada jueves que visito el albergue y puedo darme cuenta de cuánto necesita que alguien escuche su historia y la oriente sobre su plan de vida. El albergue donde se ha quedado varios días no cuenta con todos los servicios. Se han conseguido pañales y leche para su hijo, pero este tipo de carencias son comunes también en otros albergues para migrantes en México.

El trabajo en la frontera es interminable: desde asesorar a las organizaciones de la sociedad civil, apoyar al gobierno para orientarlos en casos relacionados con la infancia, visitar la estación migratoria más grande de América Latina para dar apoyo psicosocial a adolescentes, acudir a reuniones, tramitar documentos, informes, brindar talleres de capacitación sobre niñez, etc. Sin embargo, lo más satisfactorio es ver las sonrisas de los niños, que por un momento se olvidan de la situación por la que están pasando en los espacios amigables para la infancia que hemos adaptado en los albergues.

Algunos días, visito los albergues de adolescentes migrantes (en Tapachula hay uno para niñas y adolescentes mujeres y otro para adolescentes hombres). Los niños y adolescentes migrantes permanecen en estos espacios mientras se resuelven sus procesos migratorios.

A inicios de 2019, una nueva caravana de migrantes con más de 12.000 personas ingresó a México, la mayoría provenientes de Honduras, pero también venían de El Salvador, Guatemala y Nicaragua. Más de 3.000 eran niños y de ellos, cerca de 200 adolescentes llegaron sin compañía de algún familiar. Venían cansados, con síntomas de deshidratación, pero también con la esperanza ser bien recibidos en México. UNICEF apoya los esfuerzos del gobierno para luchar contra la xenofobia en Tapachula y trabaja para que se respeten los derechos de los niños migrantes.

UNICEF/Tanya BindraMientras esperan sus visados humanitarios, niñas migrantes dibujan en uno de los espacios amigables para la infancia de UNICEF en Ciudad Hidalgo, en la frontera entre México y Guatemala.

Los niños migrantes tienen los mismos sueños de otros niños: quieren jugar, reír, estudiar, quieren dar y recibir amor. Para ellos, cruzar la frontera es simplemente cruzar un puente; subirse a una lancha para pasar de un lugar a otro; no es una experiencia grata, pero es un obstáculo menor comparado con lo que han vivido en sus países.

 

Brenda Hernández es licenciada en Derecho y Magíster en Derechos Humanos. Actualmente trabaja como Oficial de Protección en UNICEF México.

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Comentarios:

  1. Brenda, hace poco el tiempo que te conozco pero estoy segura que eres una gran mujer, una excelente trabajadora y un ser lleno de mucha luz, das mucha vida a las personas que están a tu lado, te quiero mucho amiga, gracias por ser tan maravillosa.

  2. El reclutamiento, las amenazas y las faltas de oportunidades en sus países de origen, generan un ambiente aterrador para cada una de las personas que deciden emigrar; toda persona tiene el derecho de solicitar el refugio cuando su vida y la de su familia está en peligro.