Los niños refugiados y migrantes son ante todo niños

Jasamin, de 3 años, viene de Afganistán y es una de las decenas de miles de niñas y niños migrantes y refugiados que se dirigen a Europa. La primera vez que la vi fue momentos después de que cruzara la frontera entre Grecia y la Ex República Yugoslava de Macedonia junto a sus padres y Mohamed, su hermano de 19 meses. Al igual que otros cientos de niños que realizan a diario el mismo trayecto, se sentía agotada y no sabía dónde estaba ni a dónde se dirigía.

Mientras Jasamin y su padre esperaban para recibir información sobre el próximo tren o autobús hacia Tabanovce, una ciudad al norte del país cerca de la frontera con Serbia, su madre, Zaharon, de 32 años, llevaba a Mohamed al espacio amigable para la infancia, creado con la ayuda de UNICEF, para que lo lavaran y le cambiaran el pañal. Estaba muy agradecida por la ropa limpia y el kit de higiene que le facilitaron para el bebé.

Una vez informados de que debían esperar dos horas para el siguiente autobús, Zaharon decidió llevar también a Jasamin al espacio amigable para la infancia. Pensaba que podría animar a la niña con la ayuda del equipo, pero ella, extraña a ese nuevo entorno, no se acostumbraba a las caras nuevas.

Finalmente se decidió a entrar. Aún chupeteaba su silbato azul, probablemente un juguete que traía de casa, o tal vez un regalo de algún trabajador o voluntario que habría conocido por el camino, y eso parecía reconfortarla.

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© UNICEFMK/2015/SuziePappas Jasamin haciendo un dibujo en el espacio amigable para la infancia.

No dejaba de mirar hacia la puerta, tratando de no perder la pista de su madre, que estaba a mitad de camino de la tienda intentando, a su vez, no perder la pista de su marido y Mohamed, con la preocupación de que la familia pudiera separarse.

Al final, tanto la madre como la hija se calmaron. Jasamin empezó a pintar y colorear, y Zaharon, con la tranquilidad de que su hija se encontraba en un lugar seguro, se fue a dar de comer a Mohamed.

Jasamin se adaptó pronto al sitio: llamó la atención de un colega de UNICEF, Blagoja Angelovski, y lo retó a jugar un partido de fútbol. La niña saltaba de alegría y no quería irse de allí.

Su padre tuvo que ir varias veces a la tienda hasta que consiguió convencerla de que era hora de irse. Finalmente, se fue con una sonrisa y una pelota a esperar el autobús junto a su familia.

El poco tiempo que pasé con Jasamin me sirvió para recordar que la crisis migratoria y de refugiados que se está viviendo en Europa es una crisis para los niños. Además, me hizo darme cuenta de que, cuando los que huyen son niños, es necesario recordarles también a ellos que son niños antes que cualquier otra cosa.

Suzie Pappas-Capovska es Oficial de Comunicación para UNICEF en la antigua República Yugoslava de Macedonia.

 

 

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