Los jóvenes sirios utilizan las redes sociales para promover la solidaridad por la educación

“Estoy orgulloso de ser un joven sirio”. Fue lo que escribió en su perfil de Facebook Lolo Mohmoud*, de 22 años, al compartir una foto el martes por la noche antes de acostarse. En la fotografía aparece Mohammad, un niño de 16 años, vendiendo aperitivos en una de las calles centrales de la ciudad de Damasco. Durante la última semana, esta imagen y la historia de Mohammad se han hecho virales y han desencadenado un movimiento juvenil en cuestión de días.

Mohammad vive con su madrastra y sus cuatro hermanos menores en una zona empobrecida cercana a la ciudad. Abandonó la escuela hace tres años para ayudar a cuidar de ellos. Cada día se desplaza a Abu Rummaneh, un barrio rico muy famoso del centro de Damasco. Además de una caja llena de aperitivos para vender por la zona, Mohammad lleva sus libros de texto para estudiar mientras espera a que lleguen los clientes. “Me gustaría presentarme a los exámenes de noveno en junio”, contó Mohammad a UNICEF.

El primero que publicó esa conmovedora imagen de Mohammad en Instagram y Facebook fue otro joven sirio de Damasco. “Mohammad: un joven sirio que estudia bajo la lluvia para los exámenes de noveno, al tiempo que vende chicles y galletas para ayudar a su familia. Cuando le preguntan a qué escuela va, él dice que estudia por su cuenta, que no va a la escuela”, decía la publicación de Facebook que se acabó haciendo viral.

Durante las 24 horas posteriores a la publicación de su foto, más de 1.800 personas se unieron al grupo Together to help Mohammad [Juntos para ayudar a Mohammad], que se creó en Facebook para recabar ayudas para Mohammad y otros jóvenes que estuvieran en una situación similar. Pronto, el grupo se inundó de sugerencias tales como dar clases de refuerzo, proporcionar un refugio seguro, ofrecer ayuda económica o, simplemente, un plato de comida caliente.

“Lo que más me sorprende es que Mohammad no es negativo ni se ha resignado a su realidad, sino todo lo contrario: ha insistido en seguir estudiando a pesar de las circunstancias tan difíciles en las que se encuentra”, explica Aida, de 26 años, al explicar los motivos por los que quiere ayudarlo.

Joumana Mahfouz*, graduada en Artes de 23 años, es una de los muchos jóvenes que se han inspirado en el grupo de Facebook para emprender acciones más directas. “Estoy harta de las campañas digitales de solidaridad y quería hacer algo en el terreno”, sostiene. “Por eso me fui a la zona, le llevé a Mohammad unas galletas caseras y me ofrecí para darle clases privadas de inglés y de árabe”.

“Intentaba ayudarlo con sus estudios, pero era difícil porque estábamos sentados en el suelo”, añade Laila*, de 19. “También conseguí recoger fondos de mi familia y mi círculo de amigos para ayudarlo con los gastos de ropa y material de papelería”.

Jóvenes sirios rodean a un niño estudiando.
FacebookJóvenes sirios rodean a Mohammad y hablan con él horas después de que se compartiera su fotografía en las redes sociales.

La diáspora siria también ha intervenido para obtener apoyo remoto, defendiendo el caso de Mohammad junto a una ONG local que ha accedido a recoger donaciones y proporcionar apoyo para él y su familia.

Además de ayudar a Mohammad, la campaña también parece haber creado una sensación renovada de unión entre los jóvenes sirios que se identifican fácilmente con su situación. “Después de años de guerra, yo también experimento la injusticia de ver privado mi derecho a una educación secundaria de calidad y a oportunidades laborales. Ayudar a Mohammad y ver a amigos y a gente joven que no conozco moviéndose y aunando esfuerzos me provoca una gran satisfacción”, prosigue Jounama. “Es una sensación maravillosa”.

A pesar del éxito de Together to help Mohammad, gente joven como Aida se preguntan si las campañas de las redes sociales pueden producir beneficios a largo plazo, ya que sus seguidores a menudo cambian de un tema a otro rápidamente. “Si no logramos soluciones sostenibles, nuestra solidaridad y nuestra ayuda excepcional no servirán para cambiar el futuro de Mohammad ni el de otros casos parecidos. Necesitamos encontrar formas de mantener viva nuestra unión y que nos lleven más allá de ser el tema del día”, advierte.

En Siria hay muchos niños como Mohammad que no van a la escuela o que están en riesgo de abandonarla. Este año, UNICEF y el Ministerio de Educación han diseñado, por primera vez, un programa de aprendizaje acelerado –Currículum B—para ayudar a que los niños se pongan al día con las clases perdidas, lo que les permitirá reintegrarse en escuelas formales. Esto contribuirá a evitar que repitan cursos y que abandonen los estudios. 

Otra iniciativa innovadora es un programa de auto-aprendizaje dirigido a niños que no van a la escuela, especialmente aquellos que se encuentran en zonas del país difíciles de alcanzar. Con este curso se pretende que los niños sirios tengan la oportunidad de seguir estudiando, y se ha diseñado para que puedan seguirlo en sus casas, en lugares de culto o en otros espacios de aprendizaje de la comunidad con el apoyo de un adulto, un cuidador, voluntarios de la comunidad o miembros de su familia.

*Algunos nombres se han cambiado para proteger la intimidad

 

Razan Rashidi es Oficial de Comunicaciones en la oficina de UNICEF Siria desde 2010. Graduada de Goldsmiths, University of London, en Global Media y Comunicaciones Transnacionales, Razan es experta en medios de comunicación social, movilización y desarrollo. Reside en Damasco y viaja con frecuencia a través del país para apoyar los esfuerzos de comunicación y promoción alrededor de la situación de los niños en Siria.

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