Los jóvenes sirios que huyen de la violencia sacan partido a las aplicaciones móviles

Jehad sostenía con cuidado su móvil. Para este sirio de 15 años que lleva semanas de viaje con dirección Europa, el móvil es una de sus pertenencias más preciadas.

“Llevo un año sin ver a mi padre. Está en Alemania, y mantengo el contacto con él gracias al móvil. También estoy al tanto de cómo salen adelante mi madre, mi hermano y mi hermana en Jordania”, nos contaba, añadiendo que utilizaba Whatsapp, Facebook y Viber para hablar con su familia y amigos.

Conocí a Jehad hace poco, en un espacio respaldado por UNICEF y adaptado para los niños. Se encuentra cerca de Gevgelija, en la antigua República Yugoslava de Macedonia. Había hecho una parada de un día después de cruzar la frontera desde Grecia. Estaba entre las 3.000 personas que llegan a diario para registrarse como solicitantes de asilo en el país. Todos ellos reciben un permiso para permanecer 72 horas en el país mientras solicitan formalmente el estatuto de refugiados. Sin embargo, la mayoría continúa su viaje hasta otros países vecinos como Serbia o Hungría para llegar, finalmente, a países de Europa oriental u occidental.

La familia de Jehad dejó Siria para huir de la violencia y la inseguridad reinantes en Amán, Jordania, donde llevaban años viviendo. Tenían problemas económicos y decidieron escapar y buscarse una nueva vida en Europa. Su padre fue el primero en marcharse. Un año después, Jehad se fue con su tío y con amigos de su edad.

El chico rememoró el terrible viaje que hizo en una lancha de goma poco estable junto a otras 60 personas que intentaban cruzar el mar de Turquía a Grecia en medio de una tormenta.

“Estaba muy asustado. Pasamos siete horas en el mar. La lancha [empezó a hundirse] en el agua. Todos los adolescentes saltaron al agua y empezaron a nadar. Dejamos a las mujeres y los niños en la lancha. Queríamos empujarlos hasta la playa, así que tuvimos que ir nadando hasta allí.”

Se trata de un trauma que se añade a los muchos otros han acumulado durante las guerras de Siria, Iraq y Afganistán.

Jehad, de 15 años, lee mensajes instantáneos en su móvil.
©UNICEFMK-2015/Emil Petrov-1Jehad, de 15 años, lee mensajes instantáneos en su móvil.

A pesar de todo, siguen viniendo.

Noor es una chica siria de 17 años que también trata de recibir “noticias de su casa” y “de la vida diaria” en su móvil. Más que buscar información sobre cómo recibir ayuda, le interesa saber cómo continuar sus estudios y conseguir un trabajo en Suecia.

Me enseñó una aplicación llamada Gherbtna, desarrollada por un empresario sirio refugiado, Mojahid Akil, que sirve para ayudar a los refugiados de Turquía que se enfrentan a distintas dificultades a la hora de obtener la residencia o abrirse cuentas bancarias; para buscar información sobre ofertas de empleo o para ayudar a gente que necesita otro tipo de información.

“Turquía está llena de gente. Tuvimos que irnos. Sería muy útil tener una aplicación como esta para Suecia”, decía.

Con un tono de nostalgia, añadió: “Me pregunto si en Europa la gente piensa que somos gente pobre que no quiere trabajar o conseguir dinero del Estado. Me gustaría llegar a ser programadora informática, como mi padre”, explicaba. Noor añadió que preferiría que no la fotografiaran, y que temía por la seguridad de su madre, que sigue en Damasco.

Jehad dijo que solo tardará un año en estudiar alemán y que después estudiará arquitectura.

Entornando los ojos por el sol deslumbrante, se dio cuenta de que la pantalla del móvil se había quedado en negro. No tenía dónde cargar la batería, pero al menos podía descansar en la sombra, beber y comer algo de pan. Los niños más pequeños se divertían con sus juguetes, y estaban concentrados cantando y dibujando. Otros recibían ayuda médica de la Cruz Roja. Las quejas más comunes estaban relacionadas con deshidratación, úlceras, resfriados, diarreas y quemaduras por el sol. Pronto, el Centro de Acogida cercano a Gevgelija será equipado con dos tiendas de campaña más grandes proporcionadas por UNICEF con un espacio cerrado y tranquilo para madres en periodo de lactancia, cisternas de agua, instalaciones de saneamiento y más aseos.

A mí me sobrecoge la actitud de niños como Jehad o Noor, su tenacidad, su aguante y sus ganas de aprender. Como Especialista en Comunicación de UNICEF, he hablado con muchos líderes y expertos en juventud acerca del modo en que los niños se expresan utilizando cada vez más el móvil, internet y las redes sociales. Puede que ahora sea más consciente que nunca de que, además de necesidades como protección, atención sanitaria, comida, educación, alojamiento y apoyo emocional, el teléfono móvil constituye un importante sustento para ellos.

Esta semana, Jehad y yo hemos estado en contacto por Whatsapp.

“Voy a pasar tres días en Hungría. Duermo en el suelo, y la estación de tren es muy ruidosa. Un hombre nos ha facilitado un lugar donde cargar los móviles. Todo el mundo dice que es imposible llegar a Alemania, pero yo no pierdo la esperanza.”

Lely Djuhari es Especialista en Comunicaciones de UNICEF. Trabaja en la Oficina Regional para Europa Central y Oriental y en la Comunidad de Estados Independientes.

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