“La única herramienta que tenemos para salir adelante es el bolígrafo y el papel”

Filotea me viene a buscar a la parada de autobús más cercana de su casa. La parada existe. Los autobuses, de momento, no. Hemos quedado para ir a ver a su nieta Rea. Una niña que ”canta como los ángeles“, según Filotea. Viene con un vestido verde esmeralda y unas gafas amplias que retira, coqueta, cuando le pregunto si le importa que le haga una foto.

Filotea es la matriarca de la familia Bioko. Mater familias en un país de hombres. La que los une a todos. La que está siempre ahí cuando los hijos van y vienen. Su marido murió siendo ella joven. No le quedó más remedio que hacerse cargo de todos, ella sola. Enfermera diplomada, precisa. Y está bien decirlo porque lo que más falta en el país son profesionales debidamente preparados.

Al rato, llama por teléfono la hija de Filotea, María de la Fe. Ya ha llegado a casa y nos está esperando con Rea, la niña que con solo diez años ha enamorado a la audiencia del país, gracias a un programa de jóvenes talentos de la televisión nacional. Interpretó una canción de una de las cantantes más conocidas de la Guinea Ecuatorial, Nélida Karr. Se titula Sueña. Nélida, con la voz de Rea, narra los anhelos de una niña por un futuro mejor.

La casa de la abuela está a las afueras de Campo Yuandé, el barrio marginal que se extiende al sur de Malabo. En sus estrechísimas callejuelas, donde a veces hay que ponerse de perfil para poder pasar, se acumula gran parte de la población más humilde de la ciudad.

La casa de Filotea se encuentra retirada del centro de la barriada, en una zona asfaltada y debidamente cableada. María de la Fe sale a recibirnos a la entrada de la casa. ”Yo no vivo aquí“, explica de inmediato, ”es la casa de mi madre“. Rea, obediente, no tarda en aparecer cuando su madre la llama.

UNICEF/Andreu Abuin María de la Fe junto con su hija Rea en frente de la casa familiar

Es una niña seria, a primera vista. Los ecuatoguineanos son gente seria. Pero como Rea, solo hace falta un poco de proximidad, una pequeña muestra de afecto, para que una sonrisa inmensa les ilumine la cara.

”Le gusta mucho bailar, más aún que cantar“. Rea confirma las palabras de su madre. ”Lo de cantar le viene de su tío. Él canta en el coro de la iglesia“. La niña tiene un don para la música. Sin embargo, lo que realmente enorgullece a su madre y a su abuela son las buenas notas de Rea en la escuela.

Tiene grandes referentes. María de la Fe, su mamá, zarpó un día de tormenta hacia el continente. ”No había avión y ¡tuve que viajar en una patera!”, recuerda emocionada, ”Las olas levantaban la barca y yo creía que no íbamos a llegar“. En Camerún le esperaba un vuelo a Rusia. Gracias a una beca y a la ayuda de su madre, pudo licenciarse en Moscú. También aprovechó para hacer un máster allí.

”Para mí, es un privilegio. Lo he pasado genial. Lo he disfrutado. Y he estudiado al máximo porque sabía de dónde venía“. Siete años después, con los estudios acabados y mariposas en el estómago, María de la Fe regresó a Guinea Ecuatorial. Se presentó a unas pruebas de ingreso a la carrera pública y pasó. Hoy trabaja para el gobierno de Guinea Ecuatorial.

No es un caso común. En Guinea Ecuatorial las tasas de fracaso escolar son especialmente altas entre las niñas. Cerca del 50% no acaba la secundaria. Poco más del 25% de las niñas supera las pruebas de madurez para acceder a estudios de bachillerato. La presencia de chicas tanto en la universidad como en formaciones de tipo profesional sigue siendo marginal.

Rea se lo toma con naturalidad. El éxito a través de los estudios le viene de familia. ”Mi marido murió siendo joven“, explica Filotea. ”La única herramienta que tenemos para salir adelante es el bolígrafo y el papel“, una herramienta que no distingue de género y que las mujeres de la familia Bioko han sabido utilizar con maestría.

UNICEF trabaja en Guinea Ecuatorial para asegurar que todos los niños del país puedan disfrutar de una educación pública de calidad, que la educación sea equitativa y que las niñas consigan superar los obstáculos sociales que les dificultan la emancipación. Además, colabora con el gobierno en la formulación e implementación del Plan Nacional de Educación Especial e Inclusión, trabaja para reforzar las capacidades de los docentes y directivos de los centros educativos y financia y distribuye materiales escolares.

La escuela de música Mosart es un ejemplo concreto. Dirigida por Nélida Karr, cuenta con la ayuda de UNICEF para la compra de instrumentos y materiales de trabajo. A finales del curso escolar 2017/18, la escuela organizó un concurso de canto. Rea sorprendió al jurado con una voz limpia y madura. Una voz que deja entrever, o entreoír, un futuro prometedor para las niñas y mujeres de Guinea Ecuatorial.

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