La nieve no es divertida para los niños de Siria

¿Qué es lo primero que te viene a la cabeza cuando piensas en el invierno? Muñecos de nieve, la diversión de lanzarse bolas de nieve, un café caliente, castañas, mantas de forro polar, guantes de lana de colores… Sin embargo, la nieve y el invierno no tienen las mismas connotaciones positivas para todos, en especial, para los niños que tienen que trabajar en el frío con ropa ligera nada apropiada para el invierno.

Las duras condiciones del invierno se han extendido por toda Turquía. Grandes nevadas, tormentas y fuertes vientos hacen que la vida diaria sea más dura, sobre todo para los que tienen que estar en el exterior.

Algunos sirios en Turquía, ya sea en campamentos o comunidades de acogida, especialmente los que viven en refugios y tiendas de nylon en suburbios, ya han tenido su porción de duro invierno. Como suele ser habitual, estas condiciones afectan sobre todo a los niños. Algunos de estos niños están fuera todo el día, recolectando papeles en lugar de estar en el colegio.

Según cifras oficiales del gobierno turco, hay aproximadamente 1,6 millones de ciudadanos sirios en Turquía y, de ellos, 1,4 millones viven fuera de los campamentos, en zonas de difícil acceso, en 72 ciudades del país. El número de niños que viven en los campamentos es de 119.000, mientras que el número de los que viven fuera de ellos ha alcanzado los 763.000.

Ankara, la capital de Turquía, acoge un gran número de sirios en diferentes zonas de la ciudad, incluyendo el valle de Dikmen. Este valle, que se encuentra en proceso de transformación urbana, conlleva varias contradicciones en sí mismo; en un lado, se levantan edificios de un gran número de plantas y villas de lujo, en el otro, se asoman los barrios de chabolas.

Estas familias, que han inmigrado desde las zonas rurales de Alepo a Ankara, se han construido una vida frágil en este valle. Algunos niños sirios caminan descalzos de un lado para otro e intentan sobrevivir en un entorno insalubre.

Copos de nieve en las pestañas

Khalil es de Alepo, solo tiene 7 años y nos recibe descalzo frente a su tienda. La respuesta a la pregunta “¿Qué te gustaría ser en el futuro?”, es descorazonadora: “No quiero ir al colegio. Voy a trabajar”. Él es solo otro miembro de una familia en la que todos los hermanos recogen papeles por las calles.

El pelo engominado hacia atrás de Ferit resulta muy llamativo. “Tengo frío. ¡Sobre todo por las noches! Hace mucho frío cuando amanece. Siempre hay nieve en el techo de nuestra tienda de campaña”, dice este niño de 10 años mientras los copos de nieve en sus pestañas se derriten.

Las historias de sus amigos no son mucho más diferentes de la de Khalil. Ninguno de ellos va al colegio. Aunque solo tiene 14 años, Mohammed se siente responsable de su familia. Está recogiendo unas botas rosas para su hermana y así mantener sus pies abrigados.

Yusuf, de 11 años, cuenta que “un abrigo, un par de botas y unos guantes negros” que le mantengan caliente es un sueño de invierno.

Dos jóvenes madres – una con un bebé pequeño y otra con uno algo mayor que lleva una chaqueta de verano – se muestran desconfiadas de hablar con nosotros. Solo cuando ya se marchan, en un susurro casi avergonzado, nos dicen: “Mandadnos ropa de abrigo, por favor”.

Encontrarán información sobre la labor de UNICEF con relación a la crisis en Siria aquí: http://www.unicef.es/infancia/emergencias-ayuda-humanitaria/crisis-en-siria

Por Ayberk Yurtsever para UNICEF desde un campamento de refugiados sirios en Turquía.

El artículo original fue publicado en El País: http://bit.ly/16h795Q

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