La carrera contra el cólera en los campamentos para refugiados Rohingya

¿Cuál es la situación?

Una crisis humanitaria de proporciones casi bíblicas. Desde el 25 de agosto, 515.000 Rohingya han cruzado la frontera de Myanmar hasta Cox’s Bazar, en Bangladesh. Todos cuentan historias de aldeas incendiadas, familiares ejecutados, niños asesinados y mujeres violadas.

Se trata de una verdadera emergencia para los niños. Ellos representan nada menos que el 60% de los recién llegados, de los cuales un 30% son menores de cinco años. Son niños que no solo han presenciado casos indescriptibles de violencia, sino que también han puesto sus vidas en peligro al atravesar a pie junglas y montañas y, en ocasiones, peligrosos mares y ríos en frágiles embarcaciones.

Las condiciones de los enormes campamentos son extremadamente básicas. Las cabañas de plástico y bambú están dispuestas unas junto a otras en las laderas de las montañas. La presencia de infraestructuras de saneamiento, esenciales para la supervivencia –letrinas, pozos, fuentes de agua– es irregular. Es un caldo de cultivo de enfermedades derivadas del agua, como la diarrea y otras peores: diarrea líquida aguda y cólera, que podrían ser catastróficas para los niños.

¿Qué riesgo hay de que se produzca un brote de cólera?

Del total de los recién llegados, 225.000 viven en “nuevos asentamientos espontáneos”, ampliaciones de campamentos donde las condiciones suelen ser pésimas. “La planificación de las ampliaciones de campamentos es prácticamente inexistente”, asegura la Jefa de Salud de UNICEF en Bangladesh, Maya Vandenant. “Hemos visto cómo el agua de las lluvias se lleva consigo los campamentos, incluidos los retretes”.

La sorprendente alta densidad de población de los campamentos y los elevados niveles de malnutrición grave entre los niños refugiados aumentan los riesgos asociados a un brote de diarrea líquida aguda y cólera. Durante la semana pasada, se registraron 5.011 casos de diarrea. “Estamos muy preocupados”, asegura Maya.

En un campamento no oficial conocimos a Hasina, que llevaba los últimos tres días cuidando de su hijo bajo una lona de plástico. El niño tiene una fuerte diarrea y fiebre, y no retiene ningún alimento. “Desde que se despierta, llora sin parar. Tiene algo muy malo”, asegura con preocupación. Está visiblemente destrozada. Llegó al campamento hace 20 días con sus cinco hijos y su hija, y cuenta que dejó su aldea porque estaban pegando tiros a la gente y quemando las casas. Convencemos a Hasina para que vaya a la clínica más cercana a pedir ayuda médica y la subimos a un tuk-tuk con su hijo.

¿Qué está haciendo UNICEF?

La respuesta de UNICEF se centra en la prevención y el tratamiento, así como en llegar a las comunidades con mensajes de concienciación para salvar sus vidas.

Desde el 25 de agosto, se han construido más de 300 pozos y 3.000 letrinas, y estamos trabajando a contrarreloj para instalar 2.625 fuentes de agua nuevas, 15.750 letrinas nuevas y 21.000 dispositivos para el lavado de manos.

El 10 de octubre comenzará una campaña de vacunación contra el cólera para niños mayores de un año, consistente en 900.000 dosis de vacunas que llegarán a Bangladesh de manera inminente.

Además, nos estamos preparando para supervisar y detectar posibles casos de cólera en los centros de salud establecidos en los campamentos con la ayuda de UNICEF y proporcionarles reservas de sales de rehidratación oral, fundamentales para el tratamiento de la diarrea. Asimismo, se ha formado a 20 trabajadores de la salud de la comunidad que irán puerta por puerta en los campamentos dando información sobre los peligros de la diarrea líquida aguda, la campaña de vacunación contra el cólera y la importancia de buenas prácticas de higiene, como el lavado de manos.

Un brote de cólera sería desastroso para los niños refugiados Rohingya, que ya se enfrentan a grandes peligros y han sufrido demasiado. Es por eso que haremos todo lo posible para proteger a los niños de esta amenaza que, si bien es mortal, también es prevenible.

 

Hugh Reilly es Especialista en Comunicaciones de la sede de UNICEF en Nueva York.  Actualmente se encuentra en una misión en Bangladesh.

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