La atención de los niños huérfanos del ébola en Sierra Leona

Recientemente vi llorar a un hombre que ya era abuelo, aunque no tenía edad suficiente para llamarle anciano. Yo estaba en compañía de Yusuf Koroma, un trabajador social asignado a un Centro de atención provisional y observación (OICC, por sus siglas en inglés) que funciona en Portee, un vecindario en la zona oriental de Freetown. Los OICC son establecimientos donde se mantiene bajo observación a los niños que pueden haber estado expuestos al ébola.

Una parte habitual de las labores de Yusuf consiste en dar seguimiento a los niños que regresan a sus hogares tras pasar por el OICC. Yo acompañaba a Yusuf un día en el que distribuía BP-100 (un alimento terapéutico de alto contenido energético) a niños que habían sido dados de alta del Centro. Sierra Leona tiene una de las tasas de malnutrición más altas del mundo. La malnutrición afecta las defensas inmunológicas de los niños frente a las enfermedades infecciosas, y de ahí la importancia de que consuman alimentos terapéuticos.

En primer término, Yusuf y yo visitamos la casa de Musu Conteh*, una niña de cuatro años de edad que perdió a su padre y a su madre debido al ébola.

Cuando llegamos al hogar de Musu, los integrantes de la familia ampliada de la niña nos recibieron con un coro de saludos. Pese a que Yusuf y Musu se saludaron efusivamente, no hubo apretones de manos. Yusuf me presentó, y yo asentí con la cabeza y estreché mis propias manos a modo de saludo. Desde mi llegada a Freetown dos semanas antes, no había tocado a nadie. Mientras el ébola siga amenazando al país, la oficina mantiene como política que el personal evite todo contacto con los demás. Por ello no se permiten los apretones de manos y ninguna otra forma de contacto corporal. Pese a las notables reducciones del número de casos de ébola durante el último año, Sierra Leona no se ha librado aún del virus mortal y, como confirma el súbito aumento de los casos de la infección registrados en junio, resulta imperativo tomar todas las precauciones posibles.

Yusuf ha sobrevivido al ébola, y por ello no tiene miedo de infectarse con el virus ni de contagiar a otros por contacto casual, ya que hace más de tres meses que se ha recuperado.

Mientras Yusuf y el Sr. Conteh* conversaban e intercambiaban información sobre lo ocurrido desde la última visita del trabajador social, Musu corrió hacia Yusuf y le dio un fuerte abrazo. La niña estaba muy feliz de verle, aunque se había mostrado muy tímida conmigo. Le pedí permiso para tomarle una foto y, tras consultar con la mirada a su abuelo y su tía, me miro a mí, asintió con la cabeza y me dijo: “Está bien, dispara”.

Pero Musu se olvidó del extraño de la cámara fotográfica no bien Yusuf regresó al automóvil para buscar las galletas de alto contenido energético BP-100 que habíamos traído para ella. Yusuf le ayudó a abrir uno de los paquetes y la niña comenzó de inmediato a mordisquear el nutritivo bocadillo.

Yusuf Koroma carrying 4-year-old Musu Conteh.
Yusuf Koroma lleva en brazos a Musu Conteh, de cuatro años de edad. ©UNICEF Sierra Leone/2015/Kassaye

Imprevistamente, la atmósfera que reinaba en el porche del hogar de los Conteh cambió y el abuelo de Musu, que había estado observando la escena desde un rincón, se puso de pie y se dirigió hacia el oscuro interior de la vivienda respirando con dificultad. Sus sollozos pronto se contagiaron a quienes estaban afuera y en breve la tía y los primos más grandes de Musu estaban secándose las lágrimas que vertían juntos por los parientes perdidos.

“Musu fue la primera niña que atendimos en el OICC”, me dijo Yusuf. “Recibimos una llamada del Centro de control del ébola del distrito y la fuimos a buscar. La llevamos al OICC y le realizamos varios exámenes, porque tenía un poco de temperatura. Inicialmente la remitimos a un centro donde la mantuvieron aislada, y cuando regresó la tuvimos en observación durante 21 días. Pero su madre, su padre y sus hermanos murieron de ébola. Cuando Musu recibió el alta de nuestro centro, la enviamos al Centro provisional de cuidados, donde permaneció hasta que su abuelo pudo hacerse cargo de ella y Musu se fue a vivir con él”.

Esperamos hasta que el abuelo de Musu se recuperara y le dimos nuestro pésame a toda la familia, cuyos integrantes mantuvieron un emocionado intercambio en krio con Yusuf. Después nos despedimos, no sin antes prometerles Yusuf que regresaría en breve para ver cómo seguían todos.

“Me siento bien haciendo esto porque yo también soy un sobreviviente”, comentó Yusuf cuando regresábamos. “Habrás notado lo felices que estaban de verme. Me siento bien ayudando a otros sobrevivientes”.

UNICEF abastece y financia los costos de funcionamiento de los OICC en todo Sierra Leona, donde también proporciona de BP-100 y otros suministros de nutrición a los establecimientos que combaten el ébola en las zonas afectadas del país. Hasta la fecha, se han entregado suministros nutricionales suficientes para atender unos 4.000 casos de ébola en esos centros especializados.

Hasta el 27 de junio de 2015, en Sierra Leona se habían registrado 8.664 casos confirmados de ébola, de los cuales 1.459 correspondieron a niños. El número confirmado de muertes debidas a esa enfermedad, en tanto, ascendió a 3.566.

De los 178 millones de dólares solicitados en el llamamiento de UNICEF para dar respuesta a la crisis del ébola en Sierra Leona, hasta la fecha sólo se han recibido 120,5 millones, lo que deja un déficit de 57,5 millones.

Indrias G. Kassaye se desempeña como Especialista en Comunicación para UNICEF.

*Los nombres fueron cambiados para proteger las identidades.

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