Garantizar el suministro de agua en Alepo

Les presento a Maher. Maher está en Siria y lleva casi dos años dirigiendo las labores en materia de agua, saneamiento e higiene de UNICEF en Alepo. Las vidas de millones de personas de Alepo y otros lugares dependen de él y de su equipo.

Esta semana, nos sentamos con Maher y le preguntamos cómo es trabajar en Alepo y proporcionar agua y saneamiento a una ciudad que está al rojo vivo.

Un hombre y un niño posan de pie juntos
Maher trabajando en Alepo.

¿Cómo es trabajar en Alepo?

El adjetivo que usaría para describir Alepo es “viva”. A lo largo de su historia, siempre ha estado abarrotada y llena de vida. Los distintos asedios, las luchas y otros peligros de la guerra no han logrado que la gente se encierre en sus casas. Ni siquiera cuando no hay agua ni electricidad.

Sin embargo, las cosas han cambiado en la última semana, y se nota que la gente está más asustada.

Hoy, de camino a la oficina, me ha sorprendido que hubiese tan pocos autos en la carretera. Se supone que hay un alto el fuego de 48 horas, o al menos ha sido convocado, pero la gente tiene demasiado miedo de salir a la calle. Nadie les garantiza nada.

Me resulta desolador ver tan vacías las calles de nuestra querida ciudad, que ocupan los titulares de las noticias de todo el mundo. Todos vemos las imágenes de niños que han muerto o han resultado heridos, de edificios en ruinas y de otros lugares de la ciudad que conocemos bien y que están destruidos. Y lo oímos. Oímos el sonido de las bombas y no podemos olvidar los horrores que hemos presenciado.

Yo también tengo miedo a veces. Estoy muy cansado de la situación en la que estamos. Me preocupa mi familia, su seguridad y nuestro futuro.

Sin embargo, luego pienso en los niños que hay por la calle llevando bidones para recoger agua. Recuerdo la posición en la que estoy y el objetivo de mi papel aquí. Por eso, haré todo lo que pueda para ayudar a los niños de Alepo. Sin agua, no pueden sobrevivir. Mi función está clara.

¿A qué tipo de dificultades te enfrentas al proporcionar agua y saneamiento?

La mayor parte del agua de Alepo procede del Río Éufrates y se distribuye por medio de tuberías de una planta que ahora controla uno de los grupos armados. En la ciudad de Alepo, el agua es redistribuida mediante tres estaciones de bombeo. Una está controlada por el gobierno; las otras dos, por distintos grupos armados. De modo que las distintas partes del sistema de agua de la ciudad tienen controles distintos.

Desde que comenzó la guerra de Siria, el agua de Alepo se ha utilizado a menudo como un arma. Hay veces en las que cortan el agua directamente desde la fuente; otras veces, los ataques dañan las infraestructuras. Es por eso que recomendamos a nuestros trabajadores y aliados que no sigan en esas zonas manteniendo los sistemas de agua. Solo el año pasado, la vida de unas cinco millones de personas de toda Siria estuvo en peligro.

Cuando se corta el agua en una ciudad, dos millones de personas quedan expuestas a posibles brotes de enfermedades relacionadas con el agua. Esas enfermedades pueden ser mortales, especialmente para los niños.

Nuestro equipo trabaja de distintas formas para gestionar las necesidades de agua en Alepo. Respondemos a las emergencias que tenemos hoy en día mediante el desarrollo un sistema completo de agua: transportamos el agua hasta campamentos temporales y vecindarios vulnerables e instalamos tanques de agua en los refugios más estables para las familias desplazadas por el conflicto. Hasta ahora hemos construido 70 pozos y planeamos construir 30 más; además, hemos instalado 28 plantas de tratamiento de agua en el río Queiq para asegurar la existencia de fuentes alternativas de agua para épocas de crisis. Por otro lado, distribuimos combustible para los generadores con el fin de que las estaciones de bombeo de agua sigan en funcionamiento si falla el sistema de electricidad.

Antes de que se cortara el acceso a la parte este de la ciudad, estuvimos transportando a diario agua de emergencia para 20.000 personas. Asimismo, comenzamos un proyecto junto a nuestros aliados sirios de la Media Luna Roja Árabe para establecer 24 pozos nuevos y construir fuentes de agua alternativas. Estamos preparados para volver a fletar camiones de emergencia tan pronto como se nos facilite el acceso, así como para reanudar el proyecto de los pozos y que la gente tenga un acceso seguro a agua limpia. Por último, debemos reanudar la rehabilitación de la infraestructura del agua.

Instamos a todas las partes del conflicto a neutralizar el agua: todo el mundo necesita agua potable segura para vivir.

Yo soy sirio y, para mí, proporcionar estos servicios entraña ciertos riesgos. Lo único que queremos es que haya agua corriente. Existen amenazas reales cada día. Sin embargo, el equipo de seguridad de UNICEF es excelente, lo que nos hace sentir seguros, y sabemos que estamos haciendo lo correcto.

La labor más importante es ayudar a las personas que lo necesitan: es una misión a la que me comprometí al aceptar este trabajo. Seguiré dedicando todos mis esfuerzos a reunir a todos los técnicos, camiones de agua y demás asistencia humanitaria posible para garantizar que las familias y los niños de Alepo puedan tener acceso a agua limpia.

¿Qué te ha hecho feliz en tu trabajo?

En junio de 2015, cuando supervisaba los camiones para la transportación de agua en un centro para familias desplazadas del vecindario de al-Hamdanya, noté que un niño de unos 9 o 10 años me miraba atentamente. En ese momento, yo estaba hablando con otras personas del centro para tratar de encontrar la mejor forma de ayudarlos, ya que mi trabajo consistía supervisar la distribución de agua. Me di cuenta de que el niño quería decirme algo, pero era muy tímido. Finalmente, nuestras miradas se cruzaron y le hice un gesto para que se acercara.

A él le alegró mucho que lo llamara y me dijo que su nombre era Amer. Cuando le pregunté por qué me miraba, respondió: “Sé cómo te llamas”. Me sorprendió, y después me conmovió cuando me dijo:

“Sé que tú has instalado esos tanques y que nos estás trayendo agua. Veo vuestros vehículos cada vez que vienen al centro. Antes de que llegaran no teníamos agua y yo tenía que hacer cola durante horas y caminar mucho a pie bajo el sol para recoger agua para mi familia. Ahora tengo más tiempo para jugar con mis amigos. Cuando sea mayor, quiero llevarle agua a la gente”.

Maher sigue trabajando con su equipo en Alepo proporcionando agua cada día a quienes lo necesitan. Hace dos semanas, cuando un conflicto dañó el sistema eléctrico que alimenta las estaciones de bombeo de agua, se cortó el canal de la ciudad y dos millones de personas quedaron sin agua.

Maher, el equipo de UNICEF y sus aliados han extendido el transporte de agua de emergencia a otras partes de Alepo y han comenzado a repartir agua potable de emergencia a unas 325.000 personas al día. También distribuimos combustible a más de 70 pozos equipados por UNICEF, lo que proporciona agua limpia para 450.000 personas. Además, cada día repartimos suministros de combustible de emergencia para alimentar los generadores de las estaciones de bombeo de las ciudades, de manera que el agua pueda llegar a 1,2 millones de personas de toda la ciudad mediante los canales principales. Aun así, esto son solo soluciones del día a día y no son suficientes. Lograr mantener activo y en funcionamiento el canal principal de agua es la única forma de proporcionar agua limpia, segura y potable a dos millones de personas de la ciudad.

Aunque hay negociaciones urgentes en curso para tratar de asegurar el acceso de los técnicos de electricidad para reparar la estación de transmisión dañada, Maher y el equipo de UNICEF están trabajando con los aliados para que el agua de emergencia siga estando disponible para los niños y las familias de Alepo. . En total, UNICEF y sus aliados proporcionan agua potable segura a 13 millones de sirios de todo el país.

Aquí puede saber más sobre el programa de WASH de UNICEF en Siria.

 

En 2013, Maher Ghafari comenzó a trabajar con UNICEF como facilitador de agua, saneamiento e higiene en Alepo, su ciudad natal. Cuando la crisis siria comenzó en 2011, Maher trabajó como oficial de agua y saneamiento para una ONG de la ciudad. Durante su experiencia en ese puesto conoció a su mujer. Antes de la crisis, Maher trabajó durante una década en la construcción, en proyectos de edificios de gran altura en países de la región del Golfo. Maher es graduado en Ingeniería civil por la Universidad de Alepo.

 

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