En Ucrania, los niños más vulnerables son los más afectados

Apagamos la cámara porque Mariya*, que acaba de llegar de la zona de conflicto de Ucrania, está llorando. Insiste en que quiere hablar con nosotros, pero describir la situación por la que ella y su familia han pasado le resulta abrumador. Han transcurrido cuatro semanas desde que huyeron de los combates en la región de Luhansk, al este de Ucrania. Meses de lucha, de intensos bombardeos y el derrumbe de los servicios básicos hicieron que la vida resultara insoportable.

“En este momento la lucha continúa, no hay agua, los servicios sociales no están pagando. Llevan sin pagar las pensiones más de cinco meses”, dice.

El viaje en tren de cuatro horas llevó a Mariya y sus dos hijas Alina* (2 años) y Liliya* (4 años) a la estación de tren en Kharkiv, donde han huido muchos de los 490.046 desplazados internos. Desorientada y en estado de choque, no sabía dónde ir o qué hacer.

“Mariya y sus hijas eran una de esas familias que terminaron en la estación de tren y vivieron allí durante algún tiempo. Los niños estaban muy enfermos”, dice Olha, una psicóloga que trabaja como voluntaria para tratar a las familias recién llegadas.

Alina tiene múltiples discapacidades y necesita un tratamiento y terapia especial. Esto hizo necesario que Mariya viajara a Járkov, dejando a Liliya al cuidado de su hermana en Luhansk. Cuando ella estaba fuera se produjeron fuertes bombardeos, y Liliya tuvo que permanecer en un sótano durante una semana mientras la ciudad era bombardeada.
“Durante ese tiempo, mi hermana no me dejaba hablar a Liliya. No quería que Liliya se inquietara. Cuando no podía oír su voz, todo resultaba mucho más difícil”, dice Mariya.

En la actualidad, Mariya y sus hijas se encuentran temporalmente en un centro para niños con discapacidades administrado por el gobierno con el apoyo de UNICEF, pero tiene que encontrar un lugar para vivir. Estar inscrita como internamente desplazada le resulta difícil, ya que no tiene a nadie que cuide de sus hijas y esperar en la fila lleva demasiado tiempo. Después de haber estado escondida en el sótano, Liliya no tolera que la separen de su madre por mucho tiempo.

“Cuando oye aviones o fuegos artificiales, tiene mucho miedo. Ha pasado por muchas cosas”, dice Mariya.

Debido al deterioro de la situación en las zonas de conflicto y el empeoramiento de las condiciones meteorológicas, el número de personas que se registran como internamente desplazadas está aumentando rápidamente. Se teme que los desplazamientos de población se agraven aún más debido a la posibilidad de un incremento de las hostilidades, y los niños serán quienes más sufran. La comunidad humanitaria recibe informes diarios de violaciones del alto el fuego y bombardeos indiscriminados; se estima que más de 1,4 millones de personas necesitan ayuda humanitaria. Todo esto aumenta la presión sobre unas comunidades de acogida que ya comienza a mostrar fatiga a medida que se prolonga el desplazamiento. Los continuos bombardeos y violaciones del alto el fuego siguen afectando la seguridad y el bienestar de los niños.

Mariya tenía la esperanza de volver pronto a casa, pero ahora no puede. Con más de 500 personas huyendo diariamente de la zona de conflicto, hay muchas más familias como la suya que requieren apoyo psicosocial para empezar a reconstruir sus vidas. UNICEF proporciona a las familias suministros básicos de higiene, conjuntos educativos y agua potable, y está llevando a cabo la capacitación de 400 psicólogos y trabajadores sociales para proporcionar ayuda psicosocial a los recién llegados.

Los nombres en esta historia se han modificado para proteger la identidad.

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