En Mauritania, una niña con responsabilidades de adulta

Vea un video sobre Fatimetou, otra niña esposa en Mauritania (en inglés)

En cuanto entro en la khaima veo a Raïssa, una niña de dos años que juega con el bolso de su madre y me observa con una mirada traviesa. Minetou sostiene en brazos a su bebé de un mes, Aminata, y la balancea suavemente.

Después de los saludos típicos de Mauritania, me ofrecen un vaso de té mauritano. Minetou empieza a hablar tímidamente. “Nací en 1998”, dice, mirándome con unos ojos negros enormes. Tiende al bebé en una manta que hay en el suelo, y le ajusta su melhafa de flores. “Me casé con 13 años”.

Intento recordar cómo era yo con 13 años y solo se me vienen a la mente imágenes en las que me encuentro en clase, riéndome con mis amigos. De repente, al mirar a Minetou, me invade una pena muy profunda: hija, mujer y madre al mismo tiempo.

Minetou no sonríe demasiado. De vez en cuando, mira a Raïssa y se ríe al verla concentrada en pelar una naranja. “Yo iba a la escuela, pero la dejé. Ya sabes, no podía asistir a clase. Mi padre murió ese mismo año, y fue ahí cuando empezaron todos los problemas”.

Después de la muerte de su padre, Minetou empezó a trabajar en un pequeño restaurante de su barrio, que es uno de los más pobres de Nouakchott. “Tenía solo 12 años, pero ya no me sentía una niña. Necesitaba encontrar dinero con el que alimentar a mi familia”. Un año más tarde, se casó. “Me forzaron a casarme. Yo también me forcé a hacerlo por la situación de mi familia”.

El 31% de la población de Mauritania vive por debajo del umbral de pobreza. El matrimonio infantil suele considerarse como un remedio para salir adelante. Cuando se casa una niña, la familia recibe un dote. Minetou se detiene un momento y empuja a Raïssa hacia ella, porque estaba intentando quitarme el vaso de té.

“Yo tenía 13 años y él tenía 20”, añade. “Antes de eso, yo era una estudiante cualquiera y quería trabajar como funcionaria de aduanas. Mi padre nos proporcionaba todo lo que necesitábamos”. Sonríe. “Echo de menos la forma en la que siempre bromeaba”. Cuando le pregunto si alguna vez ha pensado en volver a la escuela, asiente con timidez.

“A veces la vida es buena; otras veces, es mala. Pero Raïssa y Aminata son mi motivación. Si consiguiera que ellas tuvieran acceso a las cosas básicas de la vida (comida, salud y educación), sería muy feliz”.
Contempla a Aminata, que duerme, y toma la manita de Raïssa. “Mis hijas terminarán sus estudios. Después, conseguirán un buen trabajo. Solo cuando eso ocurra, permitiré que se casen. Pero no antes”.

Khaima: tienda de campaña típica de Mauritania.

Melhafa: vestimenta colorida hecha con un velo típica para las mujeres, que cubre la cabeza y el resto del cuerpo.

Najade Lindsay es Especialista de Comunicaciones en UNICEF Mauritania.

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