El poder de una mochila en Siria

Hace poco visité una escuela establecida con la ayuda de UNICEF en un antiguo centro deportivo, ahora utilizado como refugio para desplazados internos, en la localidad costera siria de Latakia.

La escuela funciona en dos turnos distintos que le permiten atender al número creciente de estudiantes. Los casi 700 niños que hay matriculados vienen desplazados de otros lugares. Yo llegué por la tarde, durante el segundo turno, cuando se imparten clases desde el quinto curso hasta el noveno, o el de “los mayores”, como dicen ellos.

Abdullah

Mientras los demás niños me interrogaban para comprobar si recordaba sus nombres desde la última vez que los visité, vi a Abdullah, que sujetaba contra el pecho una bolsa de plástico rosa aparentemente pesada.

Al igual que muchos otros niños que conocí en la escuela, Abdullah y su familia huyeron de la violencia de Alepo hace dos años. Su familia se refugió en el centro deportivo que ahora acoge a 6.500 personas, entre las cuales se encuentran 3.500 niños.

Abdullah me mostró orgulloso lo que había en la bolsa de plástico: eran libros que le habían dado el día anterior y un estuche de UNICEF que tenía desde el curso pasado. Yo me acordé de que cuando mi hermano tenía la edad de Abdullah, le compraban un estuche distinto cada año.

Con 12 años, Abdullah debería estar en el séptimo curso. Sin embargo, la creciente escalada de la violencia en Alepo impidió que él y Nagham, su hermana de nueve años, pudieran seguir en la escuela. De ese modo, habían perdido un año de clases antes de llegar a Latakia, donde ahora están felices por poder volver a la escuela.

Abdullah llevaba sus pertenencias en una bolsa de plástico que compartía con Nagham, porque ella tampoco tenía una mochila. “Ella lleva la bolsa de 8 a 12 (por la mañana), y yo de 12 a 4 (por la tarde)”, explicaba. “Lo bueno es que tenemos horarios distintos en la escuela, porque si no, no podría prestársela”.

Un símbolo de resistencia y determinación

Después de dar una vuelta por las clases, comprendí que la mayoría de los niños compartían mochila con sus hermanos pequeños porque sus padres no podían permitirse tener más de una. En ese momento, me di cuenta del poder que tiene una mochila en Siria. Desde el momento en que sale de la fábrica y hasta que llega a un almacén, es una simple mochila. Pero cuando llega a las manos de un niño sirio, se convierte en mucho más: en un símbolo de determinación.

A la mañana siguiente, me desperté tan ilusionada como si fuese yo a quien le iban a regalar una mochila nueva. No se me iban de la cabeza la madurez de Abdullah y su bolsa de plástico rosa. Me puse en contacto con una colega de Educación para acompañarla a repartir mochilas en la escuela del centro deportivo.

Entramos a la clase y les dijimos a Abdullah y a sus compañeros que les íbamos a regalar mochilas nuevas. Mientras todos aplaudían, reían y nos pedían que hiciéramos fotos, Abdullah seguía tomando apuntes de la pizarra, y solo levantó la mirada para decir: “¿podríamos hacerlo después de clase? No quiero perderme la clase de ciencias de hoy”.

Para cumplir su deseo, esperamos hasta que terminara la clase para repartir las mochilas a los estudiantes. Advertí que la mayoría de las niñas querían la mochila roja y los chicos la preferían negra. Cuando mi colega entregó a Abdullah una mochila roja, le pregunté si prefería la negra, pero no parecía importarle el color: lo que le importaba era lo que había dentro de la mochila.

El interior es lo que cuenta. Es la ambición y la determinación de los niños sirios en medio de la guerra. Es su deseo de volver a estudiar e impedir que la violencia se entrometa en su futuro. Es el amor que hay en sus corazones, tan evidente en Abdullah, que no nos dejó marchar hasta que no le dimos a su hermana Nagham una mochila igual.

Un niño abre su nueva mochila roja.
© UNICEF/Syria 2015/ Yasmine SakerMientras otros niños
insistían en conseguir la mochila negra, a Abdullah no parecía importarle el color. Lo primero que hizo fue abrirla para ver qué había dentro.

Las mochilas animan a los niños sirios a seguir aprendiendo

Este año escolar, UNICEF repartirá un millón de mochilas a niños como Abdullah de todo el país, como parte de la campaña Vuelta al aprendizaje. Cada mochila contiene cuadernos, un estuche, lápices, crayones y otros utensilios de papelería.

La campaña incluye, además, una movilización social a nivel comunitario para promover la importancia de la educación para proteger el futuro de los niños sirios. No se me ocurre un ejemplo mejor del éxito de esta campaña que el propio Abdullah, que algún día llegará a ser un profesor de inglés excelente.

Un diario de campo, por Yasmine Saker

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Comentarios:

  1. Sin palabras , nunca me hubiese detenido a pensar en ese detalle del valor que le dio Abdulla a su mochila