El ébola en Sierra Leona: la regla es “no tocar”

“No tocar” se ha convertido en una advertencia con la cumplen la mayoría de los ciudadanos de Sierra Leona, a medida que las comunidades de todo el país siguen luchando contra el brote del ébola. Aunque los mensajes sobre la necesidad de reducir el contacto corporal para evitar el ébola están claros para la mayoría, cuando se trata de los niños puede ser una regla difícil de seguir.

Un niño requiere atención: tienen necesidades y son vulnerables, e instintivamente buscan afecto. Igualmente, los niños, especialmente los bebés y los niños pequeños, suelen centrar la atención de los adultos: nos sentimos atraídos a ellos, queremos tomarlos en brazos, hacerles cosquillas, abrazarlos y sostenerlos.

Entonces, ¿qué significa esto para los niños de un país que está siendo presa de una enfermedad infecciosa que sólo se puede detener cuando las personas se abstienen de tener un contacto físico?

La vulnerabilidad de los niños es más evidente cuando están enfermos. Pero cuando están enfermos con un virus altamente contagioso, los adultos que se ocupan de ellos también se vuelven muy vulnerables a la posibilidad de contraer la enfermedad. El ébola se transmite a través de la transferencia de fluidos corporales de los pacientes sintomáticos. Esto significa que cuando un niño infectado muestra síntomas, sus padres y cuidadores también pueden enfermarse, sus hermanas y hermanos están expuestos, y los niños de comunidades muy unidas también corren el riesgo de contraer la enfermedad.

“Para que las comunidades luchen contra esta enfermedad de manera adecuada, tienen que vigilar a sus hijos”, dice la oficial de salud materno infantil de UNICEF en Freetown, Margaret James. “Tienen que llevar a un niño enfermo directamente al establecimiento de salud, tienen que mantener a los niños que pudieran estar enfermos lejos de otros niños de la comunidad, y si ellos mismos se sienten enfermos, tienen que mantenerse lejos de sus hijos antes de presentarse a la clínica de salud”.

Los trabajadores de salud que tratan a los pacientes de ébola en trajes parecidos a los que utilizan los astronautas están capacitados para minimizar el contacto con los pacientes a fin de evitar el contagio y reducir la propagación de la enfermedad en el pabellón infantil. La aplicación de esta norma a los niños es muy duro para un trabajador de la salud cuyo instinto es consolar a un niño enfermo cogiéndolo en sus brazos; también es confuso para el niño, que necesita desesperadamente atención y confort.

“Cuando veo un niño enfermo sufriendo en el pabellón, me siento muy mal”, dice la hermana Aminata Sankah, que es una enfermera a cargo del ébola en la Clínica Macauley St. en Freetown. “Los niños son los pacientes más difíciles cuando se trata el ébola, porque hay que tocarles y ellos quieren acercársete. Esto resulta difícil cuando eres una enfermera del ébola, ya que aumenta el riesgo de contraer la enfermedad, aunque lo que una desea hacer es procurar que se encuentren mejor”.

La hermana Aminata Sankah, una enfermera de la Clínica Macauley St. en Freetown.
(c) UNICEF Sierra Leone/2014/DunlopLa hermana Aminata Sankah, una enfermera de la Clínica Macauley St. en Freetown.

Las enfermeras de todos los hospitales también deben conocer las precauciones necesarias contra las enfermedades infecciosas. Un viernes por la mañana en el pabellón para menores de 5 años de la Clínica Macauley St., las madres hacen fila para que inmunicen a sus bebés. La enfermera de salud materno infantil, hermana Miniratu King, y su personal acaban de terminar una capacitación para el control de la enfermedad que ha recibido apoyo de UNICEF, y están tomando precauciones para garantizar su protección cuando tratan a los bebés.

“Ahora tenemos guantes, máscaras, batas y cloro para lavarse las manos, y esto es lo que se necesita en todos los centros de salud”, dice. “Sostenemos a los bebés, les tocamos. Resulta fácil atrapar algo de un bebé pequeño, porque están muy cerca de ti”.

La hermana King tiene confianza en que esta labor de concienciación haya mejorado la forma en que las madres cuidan a sus bebés en el hogar. “A estas madres les decimos que no tengan miedo del ébola, sino que tomen precauciones, que se laven las manos antes de alimentar y cambiar al bebé y de tenerlo cerca, y que no permitan que personas a las que no conocen toquen a sus bebés”.

“Creo que están tomando nota y que ahora tienen más conocimientos y se comportan de manera más cuidadosa que antes de que el ébola comenzara en este país”, dice la hermana King.

La cuestión del contacto físico afecta también a los niños que pudieran portar el ébola o que han tenido contacto con personas con ébola. Cuando alguien está infectado, los miembros de su familia se convierten en “contactos”, y tienen que permanecer 21 días en cuarentena bajo supervisión. Los niños que han quedado huérfanos están, o bien a cargo de sus parientes, o terminan en centros de atención o en orfanatos.

Según Mary, una funcionaria de promoción de la salud de Médecins sans frontières (MSF), esto crea una situación difícil para los niños y sus cuidadores: “Cuando se sospecha que un niño pudiera tener el virus, son vulnerables, necesitan apoyo, pero realmente no podemos tocarles porque podrían tener el ébola”,

“Escuché una historia de un niño que estaba recibiendo atención en un centro provisional de cuidado, y que comenzó a tener fiebre, le hicieron la prueba y mientras esperábamos los resultados nadie podía tocarle. Todo lo que él quería era que lo tomaran en brazos y lo sostuvieran porque tenía miedo y estaba enfermo, pero los cuidadores no se podían acercar. Es doloroso no poder consolar a un niño cuando llora”, dice Mary.

Informes como este son frecuentes, y según las estadísticas del Ministerio de Salud y Saneamiento, hay más de 2.220 niños en Sierra Leona afectados por el ébola. Este número continúa aumentando medida que se propagan enfermedad y hay más niños que se infectan o se queda huérfanos.

Jo Dunlop trabaja como consultor de UNICEF en Sierra Leona.

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