El ébola en Liberia: Cómo se logró llegar al caso cero

Pocos días antes de que Liberia fuera declarada oficialmente libre de la transmisión del ébola  –el 9 de mayo de 2015– tuve la oportunidad de conversar con la alcaldesa de Monrovia, Clara Doe Mvogo, una mujer extraordinariamente vital que no solo tomó la lucha contra el ébola como un reto personal, sino que logró generar un profundo interés en esta causa entre las comunidades locales.

Cuando nos reunimos en su oficina, Mvogo lucía un vestido típico africano de color amarillo brillante y un tocado a juego; sin embargo, pocos meses antes, cuando hacía campaña en las calles, llevaba una camiseta alusiva a la Operación Detener el Ébola y hablaba con los residentes sobre la importancia de que todos pusieran de su parte para erradicar el mortal virus.

Mvogo me dijo que el apoyo de la comunidad internacional era crucial en la lucha contra el ébola –que cobró más de 4.600 vidas en este país de África Occidental–, pero que ganar la batalla dependía de las comunidades locales.

“Quienes merecen crédito por lo que hemos logrado hasta hoy son los dirigentes y los miembros de las comunidades”, dijo Mvogo, señalando un gran mapa de la ciudad desplegado en su oficina.

Pocos meses atrás, en Liberia se habían registrado notables progresos frente a la crisis del ébola; no obstante, seguían presentándose casos en el pueblo de Zuma, un suburbio de Monrovia. Sin perder tiempo, la alcaldesa salió a las calles con movilizadores sociales respaldados por UNICEF, para hablar con los residentes y explicarles cómo prevenir el contagio y la propagación del virus.

“La campaña que se realizó en el pueblo de Zuma duró más de tres días y siempre contamos con la ayuda de los voluntarios y los dirigentes comunitarios. Unos 10 días después dejaron de registrarse nuevos casos, y 20 días más tarde la situación seguía siendo igual, por lo que llegamos a cero”, dijo Mvogo.

Al igual que la alcaldesa, numerosos hombres y mujeres de Liberia trabajaron incansablemente para librar a su país del ébola y aliviar el sufrimiento que ocasionó. Un ejemplo es la trabajadora social Lucy Jagbeh, que se dedicó a visitar a las familias afectadas por el virus y a ayudar “de todas las maneras posibles”.

Lucy Jagbeh.
(c)UNICEF Liberia/2015/Sarah GrileLucy Jagbeh.

Según dijo, al principio ninguna de las personas que se habían ofrecido voluntariamente para ayudar, incluida ella misma, conocía las medidas que convenía tomar para protegerse contra la temible enfermedad, como evitar el contacto físico y permanecer a una distancia segura de quienes podían estar infectados.

“En ese momento no sabíamos que el ébola se puede propagar por medio del tacto”, me dijo esta mujer, de 53 años. “Y yo no sabía si moriría, pero deseaba ayudar”. En un momento dado, recibió capacitación en los protocolos del ébola.

Mientras nos dirigíamos a las afueras de Monrovia para conocer a una de las mujeres que habían recibido ayuda de Jagbeh, vimos un gran aviso que decía: “El ébola mata”. Era un recordatorio de los primeros días del brote epidémico, cuando mucha gente aún creía que el ébola era un mito, y una advertencia de que seguirá representando una amenaza mientras no se detenga la transmisión en Guinea y Sierra Leona, países vecinos de Liberia.

Al llegar al pueblo de Kpallah, Jagbeh me presentó a Adama Loyma, cuya historia pone de manifiesto la solidez de los lazos familiares incluso en las condiciones más adversas.

En el mercado, Adama Loyma compra alimentos para preparar una comida que compartirá con sus hijos adoptivos.
(c)UNICEF Liberia/2015/Sarah GrileEn el mercado, Adama Loyma compra alimentos para preparar una comida que compartirá con sus hijos adoptivos.

Adama, de 32 años y madre de un hijo, a duras penas se gana la vida cosiendo y vendiendo carbón. Sin embargo, actualmente se encarga de los seis hijos de una amiga suya que murió el año pasado por el ébola. Y cuando uno de sus hermanos y su cuñada murieron por la misma causa, una tía adoptó a sus siete hijos.

Todos esos niños huérfanos ahora viven en el mismo complejo. Cuando los visité, estaban jugando en un terreno polvoriento junto a una cocina al aire libre que compartían varias familias. Con una amplia sonrisa, Loyma me dijo que los niños le dan felicidad y la hacen reír, aunque a veces se preocupa por el futuro.

Más de 3.320 niños y niñas se han registrado como huérfanos de padre o madre debido al ébola. De ellos, 884 perdieron a ambos progenitores. Pero prácticamente ninguno de estos niños vive en orfanatos; de hecho, la mayoría se encuentra al cuidado de parientes o miembros de la comunidad que desafiaron el temor al ébola y a las dificultades económicas para abrir sus hogares –y sus corazones– a los niños y niñas huérfanos por el temible virus.

Adama Loyma sirve la comida para todos los niños, con los platos en el suelo junto a sus pies.
(c)UNICEF Liberia/2015/Sarah GrileAdama Loyma sirve la comida para todos los niños, con los platos en el suelo junto a sus pies.

Jerry, de 16 años, es el mayor de los hijos adoptivos de Loyma. Como ella carece de los medios para mandarlo a la escuela, el niño ayuda en el negocio del carbón. Los demás asisten a la escuela en la iglesia local. “Cuando las escuelas volvieron a funcionar me aseguré de que se observaran todas las precauciones contra el ébola, como el lavado de las manos y la toma de la temperatura”, me dijo.

Loyma insiste en que tanto ella como su familia seguirán teniendo en cuenta los consejos de los movilizadores sociales durante las campañas de divulgación en su comunidad, donde el ébola ha cobrado 16 vidas. Se desplegaron equipos en todo el país para dar a conocer las medidas de protección que se deben tomar, como lavarse las manos frecuentemente, informar al centro de salud sobre personas enfermas, y permitir que equipos especializados lleven a cabo los entierros en condiciones de seguridad.

“Quiero que mis hijos estén seguros”, dijo Loyma, señalando a algunos de los más pequeños, que se encontraban jugando lapa, que consiste en patear un balón, desparramar un montón de zapatillas y reorganizarlas en pares.

Patrick Moser es Coordinador de Comunicaciones sobre Ébola de UNICEF

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