Dos primos sobrevivieron al terremoto y tsunami en el norte de Chile

El pasado 16 de septiembre, la naturaleza se ensañó nuevamente con Chile. Un terremoto de 8,4 grados Richter sacudió prácticamente todo el país y especialmente desató su fuerza en la comuna de Coquimbo, ubicada a 460 kilómetros al norte de Santiago.

Faltaban pocos minutos para las ocho de la noche cuando empezó la catástrofe. Un movimiento tan fuerte que hacía imposible mantenerse en pie, casas derrumbándose, grietas en el suelo y un ruido ensordecedor, eran el presagio de que algo aún más dramático estaba por llegar. Y así fue.

Cuando la gente, aún en estado de shock, no lograba digerir la magnitud del terremoto vino lo peor. Un tsunami con olas de seis metros inundó las costas de Coquimbo y azotó diversas localidades, entre ellas el barrio de Baquedano, lugar neurálgico de la historia que conoceremos a continuación.

“Perdimos todo y no puedo ir a mi escuelita”

Martín tiene 6 años y continúa con el miedo de un nuevo terremoto, en medio de decenas de fuertes réplicas del sismo.

Vive en Baquedano, uno de los sectores más poblados de la ciudad mayormente afectada por el terremoto en Coquimbo. Por suerte, él estaba acompañado por su familia cuando vino el movimiento telúrico.

“Estaba en mi casa, muy asustado. Mi papá fue a salvar a una anciana que estaba atrapada después del terremoto y yo arranqué con mi mamá al cerro… lloré mucho”.

Actualmente están viviendo en el segundo piso de su casa, en uno de los pocos espacios que aún se mantienen de la edificación que está al borde del colapso. Pero a pesar del daño material, lo que más lamenta Martín es no poder volver a su escuelita “Mundo de palabras”.

“En mi casa no quedó nada, mi pieza se desarmó entera, se cayó todo y después entró el agua. No puedo ir al colegio y extraño mucho a mis compañeros”.

Martín no tiene ropa y sólo quiere volver a su vida normal, sin el miedo latente de que en cualquier momento la tierra se vuelva a mover.

“Queremos que todo sea normal otra vez”

“Estábamos los tres cuando se empezó a mover todo, fue horrible, pensamos que era el fin del mundo”.

Así relata Faney, una niña de 11 años, cómo vivió junto a su mamá y hermano el momento en que comenzó el terremoto y luego el tsunami.

“Se salió el mar y arrasó con todo; en mi casa sólo quedó mi ropero en pie”.

A diferencia de su primo Martín, ella sí pudo regresar a clases y ha recibido el apoyo y compañía de sus profesores y compañeros del colegio Gabriela Mistral.

“Ellos me han ayudado mucho y me han entregado ropa interior y útiles de aseo que me han servido bastante”.

Hasta la fecha, las réplicas en la zona superan los 500 sismos y al miedo de que un nuevo movimiento los afecte, los niños claman por un apoyo para volver a tener lo que la fuerza de la madre naturaleza les quitó.

“Queremos volver a como era todo antes del terremoto, con nuestros libros y juguetes para que todo sea normal otra vez”, señala Faney.

 

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