Día Mundial del Agua en África subsahariana: cómo medimos nuestros avances

Hoy se celebra en todo el mundo un nuevo Día Mundial del Agua.

Nadie puede negar que esta celebración anual supone un acto de difusión importante y necesario con respecto a los retos que actualmente presenta la agenda internacional en materia de agua y saneamiento, entre los que destacó desde el año 2000 hasta el 2015 el compromiso global de alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Su labor continúa actualmente a través de los nuevos 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) hasta 2030, incluyendo el Objetivo 6 en materia de agua y saneamiento. Esto pone en evidencia el gran camino recorrido y que aún queda por delante para la universalización de los servicios de agua y saneamiento para todos y todas en el planeta, y por consiguiente la realización efectiva del Derecho Humano al Agua y al Saneamiento (DHAS) a escala mundial.

Es considerable la capacidad que tiene este evento, con réplicas de la gran celebración en diferentes puntos de la geografía mundial este mismo día, para sensibilizar internacionalmente y ante diferentes sectores políticos, económicos y sociales del planeta sobre la importancia de avanzar en esta esencial agenda internacional para mejorar el acceso a servicios adecuados de agua y saneamiento para todos los seres humanos. Sin embargo, y desafortunadamente, las celebraciones del Día Mundial del Agua, celebrado anualmente desde 1995, suelen tener a menudo y de forma recurrente un sabor agridulce para millones de personas en todo el planeta.

El evento queda usualmente acotado entre las alarmantes cifras que asaltan los titulares cada 22 de marzo, que para este año anuncian que hay aproximadamente 663 millones de personas sin acceso a servicios seguros de agua potable y 2,400 millones de seres humanos sin acceso a servicios de saneamiento básico, y la auto-complacencia de haber hecho cada año un poco más por reducir esta terrible y mortífera brecha que tanto mina el desarrollo humano del planeta. En palabras del propio Secretario General de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, “la falta de servicios adecuados de agua y el saneamiento mata anualmente a más personas en el mundo que todas las guerras actuales juntas”.

Es en este contexto que la comunidad internacional y sus grupos sectoriales globales asumen actualmente que, en el mundo en general y en los países del África subsahariana en particular, los avances en materia de agua y saneamiento están siendo considerables. Por ejemplo, el último informe de los ODM (2015) afirma que esta región de África redujo entre 1990 y 2008 en un 20% la cantidad de personas sin acceso a fuentes de agua apta para el consumo humano, y en un 6% la población sin acceso a servicios de saneamiento básico. Desafortunadamente, aun siendo siempre limitados con respecto a la magnitud de las necesidades existentes, estos datos están lejos de la realidad y, en consecuencia, las cifras reales resultan lamentablemente mucho menos halagadoras.

Uno de los motivos de esta situación es que las grandes iniciativas globales de compilación, análisis y publicación periódica de dichas estadísticas (como el Programa Conjunto de Monitoreo para el Abastecimiento de Agua y Saneamiento de OMS y UNICEF o el Análisis Mundial y la Evaluación del Agua Potable y el Saneamiento (GLAAS – OMS) suelen basarse en información proporcionada por los respectivos países participantes. Éstos, en la gran mayoría de los casos, ofrecen datos únicamente basados en infraestructura registrada como construida, sin tener en cuenta aspectos tan o más determinantes que el hecho de tener cerca un grifo, un pozo, una letrina o un retrete construido, es que estemos siendo capaces de asegurar el acceso y la funcionalidad en el tiempo de dichas infraestructuras, ya sea en términos de calidad, confiabilidad, asequibilidad o sostenibilidad operativa y financiera de los servicios de abastecimiento de agua potable y saneamiento básico en cuestión. Sin esto último, el reto de la cobertura, y en consecuencia el acceso, se convierte en una mera quimera.

Un niño sale de un sitio de riego público en Cazenga, el barrio marginal más grande en Luanda, Angola
© UNICEF/ANGA2010-14128/BlumenkratzUn niño sale de un sitio de riego público en Cazenga, el barrio marginal más grande en Luanda, Angola.

En otras palabras, tener agua saliendo de un grifo o una bomba manual no significa automáticamente tener acceso a agua potable si ésta no tiene la calidad suficiente para su consumo humano. Tener físicamente una letrina en casa o estar conectado a una red de saneamiento no debería ser contabilizado como acceso si estas infraestructuras están obsoletas, colapsadas y, en definitiva, resultan más un problema de salud pública que un servicio saneamiento.

En ese sentido, podríamos hacernos varias preguntas. ¿Deberíamos considerar como acceso a agua potable tener un grifo en casa del que, por ejemplo, sale agua de dudosa calidad cada cinco días y sólo durante tres horas? ¿Cómo se puede considerar que tengo acceso a servicios de agua y saneamiento si no tengo capacidad para pagarlos y, por lo tanto, se me corta el servicio? ¿No resulta contraproducente para el sector y la población implicada que se contabilicen como acceso a agua potable infraestructuras que en la mayoría de los casos, y especialmente en el contexto rural, tienen una vida útil cuando menos limitada, con índices de inoperatividad de los sistemas que pueden llegar, en países como Mozambique, al 35% de las infraestructuras construidas?

Desde las grandes declaraciones y resoluciones del sistema de Naciones Unidas, como el mencionado reconocimiento del Derecho Humano al Agua y al Saneamiento, pasando por los compromisos financieros e institucionales de países donantes y receptores de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), hasta la manera en cómo se enfocan estas inversiones en el ámbito nacional y local, dependen en gran medida de la forma en la que identificamos y medimos los avances y retos pendientes para el sector. Ejemplo de ello es que a pesar de que en 2009, según la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCDE), se invirtieron en África subsahariana más de 2.400 millones de dólares en materia de agua y saneamiento, estos se destinaron principalmente a la construcción de nueva infraestructura de abastecimiento de agua potable, saneamiento básico, alcantarillado sanitario y marginalmente tratamiento de aguas residuales. Lamentablemente, quedaron relegadas a un segundo plano cuestiones tan importantes como el desarrollo e implementación efectiva de planes e instrumentos que mejoren los marcos institucionales, legales y normativos, y la sostenibilidad operativa y financiera de lo ya invertido previamente en materia de agua y saneamiento.

Éstas y otras cuestiones toman especial relevancia en el contexto de la presente celebración del Día Mundial del Agua y de las iniciativas que emanan de eventos como éste, en donde la realidad de los avances en materia de acceso a servicios adecuados y sostenibles de agua y saneamiento en África subsahariana requiere repensar la forma en que medimos el trabajo que hacemos, y las metas que consideramos que alcanzamos. Porque al fin y al cabo, medir el nivel de acceso real a servicios de agua y saneamiento implica condicionar la forma en la que se negocian y establecen las agendas y compromisos del sector. Y esto, más allá de las cifras, implica la calidad de vida, y en muchos casos la vida misma, de millones de seres humanos. Las consecuencias son tan dramáticas y los retos reales tan grandes que no podemos ni debemos prorrogar más la forma en que actualmente medimos y acotamos los compromisos hacia nuestros semejantes. Más allá de las cifras, nos va la vida.

Por último, me gustaría concluir estas reflexiones en el contexto del lema ‘Mejor agua, mejores trabajos’ que este año 2016 tiene la celebración del Día Mundial del Agua, ya que desde UNICEF en Angola, y en particular desde el programa que gestiono junto a mi equipo en este país, estamos trabajando actualmente junto al Gobierno de Angola, la Unión Europea y el Banco Mundial en la creación de un Centro Nacional de Formación Profesional para Agua y Saneamiento, sobre el que puedes conocer más información aquí: http://goo.gl/OytLo2

¡Feliz Día Mundial del Agua 2016!

Este artículo fue originalmente publicado por el Estudio de Centros Africanos (CEA) de Barcelona y adaptado para la celebración del Día Mundial del Agua 2016

 

Tomás López de Bufalá es jefe del área de Agua, Saneamiento e Higiene de UNICEF Angola

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