David contra Goliat: La lucha de Dominica contra el cambio climático

En septiembre del año pasado, el 90% de los edificios de Dominica estaban destrozados. No había luz, ni agua, ni mucho menos internet. El tradicional y frondoso verde de sus bosques se había tornado gris. El huracán María, uno de los más potentes de la historia, había dejado el país en ruinas, además de 31 muertos y 34 desaparecidos, según datos oficiales. Para muchos podría haber supuesto el fin de cualquier esperanza, pero no para los más de 70.000 habitantes de esta pequeña isla de las Antillas menores, quienes comenzaron de inmediato a reconstruir sus hogares, y decidieron convertirse en la primera isla del mundo resiliente al cambio climático.

“Es una cuestión existencial para nosotros; es la única vía posible”, aseguró el Primer Ministro de Dominica, Roosevelt Skerritt, consciente de que el huracán María ha marcado un antes y un después en la isla. La supervivencia depende de afrontar el futuro desde una nueva óptica que permita enfrentarse con éxito a las crecientes amenazas que afectan a la isla, situada en primera fila durante la temporada de huracanes, pero también pendiente de posibles erupciones volcánicas (tiene 9 volcanes, 2 de ellos activos), terremotos o tsunamis.

El informe del Banco Mundial ‘Groundswell: Prepararse para las migraciones internas provocadas por impactos climáticos’ concluye que en América Latina y el Caribe los efectos del cambio climático podrían producir 17 millones de desplazamientos de aquí a 2050. Solo en 2017, 15,6 millones de personas, incluidos 8 millones de niños, resultaron afectados por desastres naturales en la región.

Marita Perceval, directora regional de UNICEF para América Latina y el Caribe asegura que “apoyar no es una opción, es nuestra responsabilidad y nuestro mandato”. “Crear resiliencia es también crear esperanza para Dominica y en especial para los niños y niñas de la isla”.

 

Pensar en el largo plazo

Una de las prioridades ha sido reconstruir los sistemas de agua. El huracán dañó 42 de las 44 instalaciones de la isla, de acuerdo con los datos de la compañía nacional de aguas y alcantarillado Dowasco, lo que dejó al 95% de la población sin suministro.

“Todavía somos vulnerables”, asegura Iva James, directora técnica de Dowasco. “Pero hemos aprendido”. UNICEF y diversos aliados han apoyado a esta empresa en la recuperación de centros de abastecimiento y en la construcción de infraestructuras duraderas en colegios, así como asesorando técnicamente y coordinando las diferentes actuaciones a lo largo y ancho de la isla.

UNICEF/UN0218551/HarrisEstos alumnos de St Luke’s Primary, Pointe Michel, Dominica, están disfrutando de sus lecciones en un espacio temporal de aprendizaje. Después de que el huracán María destruyera el 90% de los edificios escolares en septiembre de 2017, el sector educativo prácticamente ha vuelto a la normalidad. UNICEF y sus aliados proporcionaron tiendas de campaña para espacios de aprendizaje temporales, materiales escolares y kitsde educación para la primera infancia.

“No estábamos preparados”

Un tercio de las escuelas de primaria y secundaria sufrieron daños severos con el huracán. Las clases tardaron un mes en reanudarse y durante varios meses muchos colegios impartieron las lecciones desde carpas temporales instaladas por voluntarios con el apoyo de UNICEF. Junto a las reparaciones en las infraestructuras educativas, también ha sido necesario renovar el mobiliario de las aulas y reponer libros y materiales escolares.

Melena Fontaine, directora del área de Educación del Gobierno, es clara: “Erika primero, María después, generaron una gran devastación. Muchas escuelas se vieron afectadas. No estábamos preparados”. “Ahora todas nuestras escuelas tienen un plan sobre cómo actuar en una emergencia”, añade.

UNICEF/UN0218551/HarrisEsther Denis, de 15 años, asiste a la escuela North East Comprehensive. Como ella, muchos estudiantes en las 73 escuelas de Dominica se están preparando para la temporada de huracanes.

A pesar de las condiciones adversas, el plan está funcionando. “Estamos decididos a prepararnos”, asegura Esther Denis, estudiante de 15 años de la escuela North East Comprehensive, y participante en estos talleres que considera de gran importancia “porque podemos entrenar a otros jóvenes y mayores para que también estén preparados”. Su compañero Ahijah Williams, de 15 años, también asiste a las capacitaciones: “Quiero aprender a prepararme para un huracán y lo que hacemos después de un huracán. Es mi responsabilidad porque tengo que estar entrenado para ayudar a otros”.

 

Fortalecer la autonomía y la dignidad

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) y UNICEF han llevado a cabo un proyecto pionero de transferencias monetarias que benefició a 25.000 personas afectadas, incluyendo 6.000 niños.

Ronda James vive en Loubiere y ha sido una de las beneficiarias de este programa. Trabajaba en un supermercado, pero tras el huracán “todo se dañó” y tuvo que cerrar por lo que quedó desempleada durante meses. Para ella, el efectivo “llegó justo en el momento en que lo necesitaba”. “Pude comprar alimentos, pero lo más importante es que mi hija está en su último año de secundaria y pude usar ese dinero para poner crédito en su teléfono para que pudiera tener datos de Internet y hacer sus trabajos”, afirma.

Dominica se derrumbó, pero su capacidad para reinventarse y convertirse en la primera isla en sobreponerse y hacer frente al cambio climático la convierte en un ejemplo de construcción de resiliencia. Un empeño que sus habitantes recuerdan al pasear por el Jardín Botánico de la capital, en el punto exacto donde un árbol gigante fue derribado por el huracán David en 1979 sobre un autobús escolar y donde un cartel resume esta batalla: “David contra Goliat”.

 

Alfonso Fernández Reca es miembro del equipo de Comunicación en la Oficina Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe.

 

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