Un aire más limpio para los niños

Esta publicación apareció inicialmente en el nuevo informe de UNICEF sobre la contaminación atmosférica Limpiar el aire para los niños.

 

Es el causante de abortos y partos prematuros y del peso bajo al nacer.

Contribuye a enfermedades que representan casi una de cada 10 del total de muertes de niños menores de cinco años.

Puede dañar el desarrollo sano del cerebro de un niño.

Arrastra consigo a las economías y las sociedades, con un coste que ya alcanza el 0,3% del PIB mundial y que sigue en alza.

Además, en muchas partes del mundo, está empeorando.

Hablo de la contaminación atmosférica. Tal y como revela este informe o letanía, la magnitud del peligro que entraña (especialmente para los niños) es enorme.

Los niños respiran dos veces más rápido que los adultos e inhalan más aire por peso corporal. Sus vías respiratorias son más permeables y, por tanto, más vulnerables. Sus sistemas inmunes son más débiles y sus cerebros están aún en desarrollo.

Las sustancias contaminantes ultra finas (derivadas, sobre todo, del humo y los gases) pueden penetrar más fácilmente en los pulmones de los niños, irritarlos y causar o empeorar enfermedades mortales. Los estudios revelan que esas partículas diminutas también pueden sobrepasar la barrera hematoencefálica, menos resistente en los niños, y causar inflamaciones, daños en el tejido cerebral y discapacidades permanentes en el desarrollo cognitivo. Cuando una mujer embarazada se expone a sustancias contaminantes tóxicas, estas partículas pueden incluso atravesar la barrera placentaria y dañar al feto.

De modo que los niños que viven en zonas urbanas y crecen demasiado cerca de zonas industriales donde se queman vertederos o de generadores eléctricos que queman combustibles de biomasa como los excrementos; o los niños de zonas rurales que viven en hogares sin ventilación donde la comida se prepara en cocinas de gas; o los niños refugiados y migrantes que viven en tiendas de campaña llenas de humo de leña respiran día y noche sustancias contaminantes que ponen en peligro su salud, amenazan su vida y debilitan sus oportunidades para el futuro.

Una niña sentada en cuclillas en una roca delante de una masa de agua estancada, con humo y edificios al fondo
© UNICEF/UNI9946/NooraniUna niña pequeña sentada en un muro derruido de una fábrica improvisada en la que los trabajadores hacen pegamento con residuos de piel en Hazaribagh, cerca del río Buriganga en Dhaka, Bangladesh.

Muchos de esos niños ya se encuentran en una situación desfavorecida debido a la pobreza y la privación. Algunos ya están en peligro por los conflictos, las crisis y los efectos crecientes del cambio climático. La contaminación del aire es una amenaza más para su salud y su bienestar, y también otro modo en que el mundo los está defraudando.

Las elevadas cifras de niños afectados son impactantes. Basado en imágenes de satélite en el primer análisis de este tipo, este informe revela que hoy en día, 300 millones de niños de todo el mundo viven en zonas con niveles de contaminación atmosférica extremadamente tóxicos. Alrededor de 2.000 millones de niños viven en zonas en las que los niveles de contaminación exceden los estándares mínimos de calidad de aire establecidos por la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, esos datos no dan cuenta de los millones de niños que hay expuestos a la contaminación del aire dentro de sus hogares.

Los efectos son proporcionalmente arrolladores. Cada año, cerca de 600.000 niños menores de cinco años mueren por enfermedades causadas o agravadas por los efectos de la contaminación atmosférica interior y exterior. Millones más padecen enfermedades respiratorias que disminuyen su resiliencia y afectan a su desarrollo físico y cognitivo.

Los expertos estiman que conforme crece la población, los países se siguen desarrollando mediante la industrialización acelerada y se incrementa la urbanización, esas cifras se dispararán.

A menos que actuemos de inmediato.

Los países desarrollados han dado pasos de gigante en la reducción de la contaminación atmosférica exterior y la protección de los niños contra las sustancias contaminantes del interior. Los países en desarrollo –tanto los de rentas bajas como los de rentas medias—pueden y deben hacer lo mismo.

Lo más urgente es promover la concienciación de los gobiernos, las comunidades y las familias sobre los peligros de la contaminación del aire. Con esta finalidad, debe ofrecerse más información a los padres para que protejan a sus hijos de las sustancias contaminantes interiores. Esto incluye facilitar la ventilación para que el humo no permanezca en las viviendas, mejorar el aislamiento para que se queme menos combustible al calentar, así como mantener los fogones de cocina limpios. Se trata de soluciones prácticas que pueden resultar muy beneficiosas.

En el exterior, se debe mejorar la planificación urbana para que las escuelas y los patios de recreo no se sitúen en las proximidades de las fuentes de contaminación tóxica. Para ello, es necesario mejorar los sistemas de eliminación de desechos e incrementar las opciones de transporte público con el fin de reducir el tráfico de automóviles y las dañinas emisiones de combustibles fósiles que estos producen. Asimismo, se debe invertir en soluciones de energía sostenible que reduzcan la dependencia de fuentes de energía contaminantes.

Por último, hemos de controlar con más atención los niveles de contaminación del aire e incluir esta información fundamental en nuestro acercamiento a otras cuestiones, como la salud infantil. Los trabajadores de la salud que sepan que un niño enfermo ha estado expuesto a niveles altos de contaminación pueden diagnosticar enfermedades más rápidamente, tratarlas de forma más efectiva y prevenir los daños adicionales que causa la contaminación.

Proteger a los niños de la contaminación del aire no los beneficia solo a ellos, sino también a sus sociedades, pues reduce los costes en salud, aumenta la productividad, proporciona un entorno más limpio y seguro y, además, da como resultado un desarrollo más sostenible.

Juntos podemos hacer que el aire sea más seguro para los niños. Y como podemos, debemos hacerlo.

Anthony Lake es el Director Ejecutivo de UNICEF.

 

Casi uno de cada siete niños –es decir, unos 300 millones– vive en zonas donde la contaminación atmosférica exterior es tóxica. ¿Alguna vez te preguntaste cómo se ve eso? Sumérgete en varias partes de Nigeria donde la contaminación atmosférica es parte de una realidad cotidiana para muchos.

 

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