Construyendo la capacidad de resiliencia de los niños en la costa de Honduras

“En 2011, una marejada destruyó por completo mi casa. Fue un día que todavía recuerdo. El mar se adentró cientos de metros tierra adentro y junto a mi familia solo tuvimos tiempo para ponernos a salvo con lo necesario”.

Quien lo cuenta es Yaki Martins, una niña de 14 años de Cedeño, una comunidad ubicada en el Golfo de Fonseca al sur de Honduras donde sus 6.000 habitantes viven a orillas de la playa. Y es del mar, precisamente, de donde proviene su principal sustento.

Yaki Martins, en su escuela de Cedeño, Honduras.
© UNICEF Honduras/2015/D.AtienzarYaki Martins, en su escuela de Cedeño, Honduras.

A Yaki se le humedecen los ojos cuando nos cuenta la historia y mientras nos habla de sus hobbies, sueños y esperanzas. “Quiero ser profesora para poder enseñar a otros niños y ayudar a mi familia y comunidad.” Sin embargo, en cuanto mira al mar se le enciende una sonrisa en el rostro.

El proyecto de Fortalecimiento de Comunidades ante Emergencias, auspiciado por UNICEF, tiene como objetivo principal que familias de 43 comunidades de zonas rurales vulnerables alcancen un mayor nivel de preparación ante emergencias con el apoyo de los líderes comunitarios, autoridades municipales y departamentales.

Junior Espinal, de 13 años, es alumno del único centro de Educación Básica de Cedeño. Los 570 alumnos del CEB Michel J. Hasbun han recibido capacitaciones para poder responder ante los fenómenos meteorológicos.

“En los días que el mar está agitado las olas golpean el muro de la escuela, pero ya todos sabemos las rutas de evacuación que debemos seguir y hacia dónde hemos de dirigirnos”.

Como ocurre siempre en este tipo de situaciones son los niños y niñas los más perjudicados, ya que durante varios días no pueden asistir a clase.

Junior Espinal a la entrada de su Centro de Educación Básica en Cedeño, Honduras.
© UNICEF Honduras/2015/D.AtienzarJunior Espinal a la entrada de su Centro de Educación Básica en Cedeño, Honduras.

Junior, al igual que Yaki, también perdió su vivienda en una de las últimas marejadas. Tras las capacitaciones, los beneficios están claros para ambos y el cambio es evidente en sus vidas.

“Antes, en los días de mucho viento, sufríamos desde recién levantados; pero los simulacros y capacitaciones han conseguido que perdamos el miedo a las marejadas”.

El proyecto se ejecutó en municipios prioritarios de la región sur del país con el más alto nivel de vulnerabilidad: Goacorán, Alianza, Nacaome y San Lorenzo, en el departamento del Valle; Marcovia, Triunfo y Namasigue en el departamento de Choluteca. En total, beneficia a más de 46.000 personas de las que casi 19.000 son niños y niñas.

Jose Rigoberto Ávila es el coordinador de la Unidad de Gestión de Riesgos de Marcovia y explica que “pese a los riesgos de marejadas y desbordamiento del rio Choluteca, la zona es una de las afectadas por la sequía fruto del fenómeno de El Niño. Es por ello que se trata de una zona doblemente vulnerable”.

En mayo de 2015 el mar se adentró en Cedeño y en las comunidades adyacentes, destruyendo viviendas y negocios, anegando calles y dejando un paisaje desolador. También provocó que multitud de personas fueran desalojadas de sus viviendas. Resulta paradójico que el mismo mar que les llena de vida, a veces se las quita.

Para despedirse, Yaki nos habla con una enorme sonrisa. “Siempre voy a necesitar estar cerca del mar. El primer recuerdo que guardo es jugar con mi hermana en su orilla y, pese a las marejadas, también es el mar quien más alegrías me ha dado”, concluye.

Daniel Atienzar trabaja en el área de comunicación de UNICEF Honduras

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