Las cocinas mejoradas acaban con enfermedades, pero no con árboles

Casi la mitad de la población se sirve de biomasa para cocinar. En Zimbabwe, la cifra asciende hasta el 74%. Esa dependencia de la biomasa tiene graves consecuencias para la salud, el medioambiente, las cuestiones de género y la reducción de la pobreza. La exposición a los gases de la contaminación del aire interior y exterior y la responsabilidad de recoger madera combustible tienen numerosas consecuencias negativas para la salud.

Existen tantas comunidades que siguen dependiendo de la biomasa que las cocinas mejoradas podrían lograr un cambio significativo.

UNICEF Zimbabwe lanzó un programa de cocinas mejoradas para 2015 y 2016 en Hurungwe y Nuanetsi. Esas cocinas mejoradas son más limpias, emiten menos gases, son más eficientes y requieren menos madera. Durante el proyecto, también se enseñó a las mujeres a construir los hornos de cocina y enseñar a otras mujeres a hacerlo. Los recursos para fabricarlos son gratuitos y están disponibles a nivel local; además, algunas mujeres han ganado dinero mediante la venta de los hornos.

El proyecto llegó a 3.480 hogares y benefició indirectamente a unas 17.400 personas. El horno de cocina Tsotso, utilizado en la mayoría de los casos, redujo el consumo de combustible hasta en un 39% en comparación con las cocinas de fogones abiertos.

¿Qué lección aprendimos? ¿Son adecuados estos utensilios para cocinar? ¿Cuáles son los beneficios y las dificultades de utilizar los hornos de cocina Tsotso? ¿Permiten ahorrar dinero y combustible? ¿Han identificado los miembros de la comunidad otros beneficios de esas cocinas o del programa?

Los miembros de la comunidad no solo valoraron los hornos, sino que fueron capaces de identificar resultados positivos específicos derivados de su uso: el ahorro de tiempo y madera, la reducción de la contaminación del aire interior y los beneficios para la salud y la higiene. En algunos casos, las mujeres informaron que a sus familiares ya no se les irritaban la nariz y los ojos mientras cocinaban.

Los debates de grupo con miembros de la comunidad revelaron que el horno de cocina era fácil de utilizar y adecuado para preparar comida. Un usuario escribió un poema para describirlo:

Durante el invierno doy calor; mantengo la comida caliente haya lluvia, frío o sol; tómame en brazos y llévame a cualquier lugar; las normas, reglas y protocolos dan igual; me llamo Tsotso y sirvo para cocinar.

Además de reducir la contaminación del aire interior y mejorar la salud de los niños, el proyecto también contribuye a preservar los bosques, ahorra el tiempo dedicado a la recogida de madera y tiene efectos positivos en la economía local. Por otro lado, los niños son más puntuales en la escuela, ya que emplean menos tiempo en preparar la comida o calentar el agua para lavarse.

Una mujer sonríe mientras remueve la comida en una olla colocada sobre una cocina de barro
UNICEF/ZimbabweUna mujer prepara la comida en un horno de cocina Tsotso en Nuanetsi, Chingwizi, Zimbabwe.

La concienciación y la formación son componentes esenciales. La información sobre los beneficios que las cocinas mejoradas aportan a la salud y el medioambiente contribuye a aumentar la demanda y ayuda a las familias a mejorar su salud con prácticas adicionales al uso de estos hornos de cocina.

Las familias aprenden que la contaminación del aire interior amenaza su salud y que, si quieren protegerla mejor, deben cocinar en entornos con menos emisiones y más ventilación, como los espacios exteriores. Los hombres y las mujeres aprenden, además, a ventilar sus cocinas, a minimizar la contaminación al encender el fuego para cocinar y a utilizar madera combustible secada adecuadamente para reducir significativamente los niveles de contaminación.

Media Nyamasoka, de 35 años, procedente de la ciudad de Karoi, vive con su marido y su hijo de 12 años. La nombraron asesora comunitaria para instruir a otras mujeres en la fabricación de sus propias cocinas mejoradas.

Durante una visita de asistencia a las familias, Media confesó: “Antes de embarcarme en el proyecto de las cocinas mejoradas, mi marido y yo teníamos grandes dificultades para sacar adelante a nuestra familia. Gracias a esta intervención, fui fabricando cada vez más hornos de cocina hasta que llegué a vender unas 200 Tsotso por 3 dólares cada una y 80 Jengeta Huni en tres meses. Ahora podemos proporcionar una dieta equilibrada a nuestra familia y pagar la matrícula de la escuela dentro de plazo”.

Los programas de cocinas mejoradas han demostrado un gran potencial para producir efectos positivos en las comunidades. Su éxito, sin embargo, depende de un enfoque coordinado que incluya la promoción y la concienciación de los beneficios que estas cocinas tienen para la salud, el medioambiente y la economía. A la hora de diseñar las cocinas y llevar a cabo el programa, es importante tener en cuenta el modo de cocinar de las familias y el tipo de cocina que prefieren. La información y la concienciación son fundamentales para garantizar que todos sigan utilizando sus cocinas nuevas y mejoradas.

 

Amy Wickham es Oficial de Cambio Climático en UNICEF Zimbabwe.

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