Ayudar a que una niña afgana se aferre a su niñez

La primera vez que la conocí, Samira Azizi rebosaba de felicidad después de la llegada de su madre con su bebé de tres días, el último miembro de la familia Azizi y la nueva hermana de Samira. La madre acababa de regresar al centro de tránsito para migrantes y refugiados de Tabanovce, tan solo cuatro días después de dar a luz a su quinto hijo en un hospital cercano, en Kumanovo.

Entre los cientos de miles de niños y familias que hay en situación de desplazamiento, esta enérgica niña afgana de 12 años tomó a la nueva bebé en brazos y comenzó a presentársela a todos sus amigos de Tabanovce. Con una sonrisa deslumbrante, se llevó a la niña al hogar modular en el que vive su familia desde que quedaron atrapados por las nuevas restricciones fronterizas en febrero de 2016. Su madre, el resto de su familia y diversos trabajadores humanitarios del centro de tránsito la siguieron enseguida.

“Es totalmente normal que cuide de su nueva hermana”, explicaba un trabajador de Aldeas Infantiles SOS, una organización aliada de UNICEF. “Es el tipo de niña capaz de impresionar fácilmente a cualquiera que conozca, gracias a la sincera responsabilidad que es capaz de asumir”.

De hecho, desde que viajaron con su madre de Afganistán a Europa, Samira y sus hermanos pasaron los últimos cuatro días en el espacio para niños habilitado por UNICEF en el centro mientras su madre estaba en el hospital. A pesar de que el personal del centro de tránsito se ocupó temporalmente de cuidarlos, Samira se hizo responsable de su hermano y su hermana pequeños.

Una mujer joven con pañuelo mira al frente
UNICEFMK/ 2016/DimishkovskiSamira reflexiona sobre el tiempo pasado en el centro para refugiados y migrantes de Tabanovce, donde lleva ya más de tres meses. Una de las cosas que más echa de menos es la posibilidad de ir a una escuela normal.

Desde principios de 2015, alrededor de 1,2 millones de refugiados y migrantes que escapaban de la guerra, la violencia y la inestabilidad de Siria, Afganistán, Iraq y otros muchos países han atravesado el Mediterráneo en busca de seguridad en Europa. Muchos de ellos son mujeres y niños que deben emprender el peligroso viaje por el mar para cruzar de Turquía a Grecia antes de pasar por la antigua República Yugoslava de Macedonia hacia el norte y el oeste de Europa.

Un viaje del peligro a la incertidumbre

Sentada en uno de los toboganes del parque infantil del centro de tránsito, Samira cuenta su historia.

“Escapamos de Afganistán porque allí no estábamos seguros. Estaban destruyendo todo lo que había a nuestro alrededor y teníamos mucho miedo. Nos fuimos a Irán, pero allí no se estaba mejor, así que decidimos irnos a Europa en busca de un lugar mejor para todos, un lugar más seguro”, explicaba Samira.

Su familia debió afrontar muchos problemas por el camino, y la niña recuerda bien la mayoría de ellos. Sin embargo, lo que más miedo le dio fue cruzar el mar Egeo, donde casi se ahogan.

“Fue la policía turca la que nos salvó de ahogarnos”, aseguraba con alivio.

En febrero, unas semanas después de emprender su viaje, lograron llegar a Grecia y cruzaron a la antigua República Yugoslava de Macedonia. Fueron unos de los primeros refugiados y migrantes a quienes impidieron continuar su viaje por las nuevas restricciones fronterizas. En marzo, la ruta de los Balcanes se cerró por completo, lo que dejó a miles de personas atrapadas en los puntos fronterizos y centros de tránsito de la región, incapaces de seguir hacia delante o dar media vuelta.

Recuperar la sensación de normalidad

Con el fin de acoger a los cientos de refugiados y migrantes que están atrapados como Samira, el centro de tránsito de Tabanovce debía convertirse en un lugar donde poder pasar la noche. Además, UNICEF necesitaba adaptar su respuesta para incluir educación informal.

Todos los días, los niños pueden participar en una variedad de actividades de recreo, talleres creativos y clases para ponerse al día con los idiomas, todo organizado por UNICEF y sus aliados. Desde que vive en Tabanovce, Samira visita cada día el espacio adaptado para niños y se aferra con entusiasmo a cada oportunidad que se le presenta para aprender. Ya sean idiomas como árabe, inglés o macedonio o clases de música, Samira se esfuerza todo lo posible para no quedarse atrás. Sin embargo, la incertidumbre sobre su futuro modera sus ganas.

“La mayor parte del tiempo estamos jugando. Eso nos gusta, pero lo que queremos de verdad es proseguir nuestro viaje, llegar a nuestro destino final”, sostiene.

Una de las cosas que más echa de menos de su hogar es la posibilidad de ir a la escuela. Completó cuatro años de escuela elemental en Afganistán y parte de otro año en Irán. Las actividades y los programas a los que ha asistido con asiduidad en el espacio adaptado para niños en Tabanovce le ha ayudado a recuperar la sensación de normalidad.

“Ya he aprendido el alfabeto macedonio”, dice Samira, orgullosa.

Esperanzas de un futuro mejor

Desde la construcción de parques infantiles hasta la organización de obras de teatro, clases de baile o, simplemente, juegos, UNICEF y sus aliados trabajan para garantizar que todos los niños del centro de acogida para migrantes y refugiados de Tabanovce puedan disfrutar de una parte de su niñez.

UNICEF y sus aliados han trabajado con dedicación para recobrar cierto nivel de normalidad en el centro, gracias a la educación informal y algunas medidas de protección muy necesarias para niños como Samira. Esos programas proporcionan un entorno seguro, agradable y estimulador, especialmente para niños vulnerables que han debido enfrentarse a la adversidad y la inseguridad.

“Quiero llegar a ser dentista. Por eso debemos continuar nuestro viaje”, sostiene Samira. “Y después, quiero realizar labores humanitarias. Quiero viajar allá donde se necesite un médico (o un dentista) para ayudar a las personas y los niños que deban enfrentarse al mismo futuro que nosotros estamos viviendo en este momento”.

 

Aleksandar Dimishkovski trabaja para UNICEF como consultor web y de redes sociales en la antigua República Yugoslava de Macedonia.

 

 

 

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Comentarios:

  1. Hola somos pareja mexicana, vemos la condiciones de los niños Sirios, quisieramos ver si hay la posibilidad de adoptar?! gracias

  2. Es necesario unirnos existen tantas necesidades que necesitamos devolver un poco de las Bendiciones recibidas desde cada lugar del mundo en donde estemos promoviendo salud,educación Unidos somos Unicef.