Alternativas a la privación de libertad: una oportunidad para cambiar la vida

¿Te acuerdas de la primera vez que te enamoraste? Esa sensación febril de la adolescencia en la que no puedes pensar en otra cosa que en esa persona especial; ese estado de fantasía, ensueño y delirio que te atrae hacia los extremos sin pensar en las consecuencias: a dejarlo todo y escaparte de casa, a mentir a tus padres, a sufrir por esperas y silencios de pocos minutos, hasta a pensar en morir en nombre de este sentimiento nuevo y aterrador…

La historia de Julia* podría ser la tuya, la mía, la de tu hijo o tu hija, o la de cualquier persona que se haya enamorado una vez en su vida de la persona equivocada.

Julia es boliviana, de la calurosa ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Tiene 18 años y cuando tenía 14 fue engañada por un pederasta que la enamoró y la sedujo; se conocieron a través de las redes sociales y, al poco tiempo de salir juntos, ella abandonó a su padre y su hermana y se fue a vivir a la casa de él. La vida con su ‘pareja’ fue diferente a lo que Julia había soñado. La intimidad de su nuevo hogar era en realidad segregación; una mezcla de cariño, violencia y abuso, que desgasta, consume, mortifica y carcome. Hasta el día en el que Julia dijo basta. “Hay días en los que me despierto y pienso en qué habría sido de mí si no hubiera hecho lo que hice. Muy probablemente estaría muerta”.

Le cayeron cuatro años. Los primeros siete días, a la espera del juicio, los transcurrió en detención preventiva en el centro penitenciario de Palmasola, el ‘pueblo prisión’ o ‘la cárcel de máxima inseguridad’, según las definiciones populares por las cuales se conoce tristemente este centro penitenciario de adultos. Una niña sola rodeada de tres mil reos. “Mirabas a tu alrededor y tenías miedo de lo que podía pasarte. Éste no es un centro de recuperación, es un centro de perdición”.

Finalizado el juicio, fue trasladada al centro de detención para adolescentes dependiente de la Gobernación Departamental de Santa Cruz, de acuerdo a lo que establece el Art. 277 del Código Niña, Niño y Adolescente. La Constitución Política de Bolivia reconoce a los adolescentes privados de libertad una “atención preferente por parte de las autoridades judiciales, administrativas y policiales” donde “la detención deberá cumplirse en recintos distintos de los asignados para los adultos, teniendo en cuenta las necesidades propias de su edad” (Art. 23 de la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia).

El juez asignado a su caso dispuso que Julia pasara el último año de su sentencia acudiendo regularmente al Centro de Orientación ‘Centro Nueva Vida Santa Cruz’ (Cenvicruz), para que pudiera aprender una profesión técnica y lograr su reinserción social. Un equipo compuesto por una psicóloga y una trabajadora social la apoyan personalmente en este proceso.

Unos niños en Bolivia
UNICEF Bolivia/2016/fsimcicDependiendo del grado de delito, el juez dispone qué tipo de trabajo y formación tiene que realizar el/la adolescente en el Centro de Orientación ‘Centro Nueva Vida Santa Cruz’ (Cenvicruz) y de esa manera lograr su reinserción social.

Desde 2009 UNICEF apoya al Gobierno Departamental de Santa Cruz en la formulación de estrategias de prevención del delito y atención a adolescentes con responsabilidad penal, especialmente con la creación del Centro de Orientación al que está acudiendo Julia. Este centro es el primero que funciona en Bolivia y está teniendo muy buenos resultados que se procuran llevar a escala.

En el Cenvicruz, Julia decidió estudiar para estetista. Actualmente está trabajando en un centro de belleza como manicurista. En un mes terminará su condena. Con lo que está ahorrando quiere apuntarse a cursos profesionales y, en unos años, abrir su propio negocio.

Hay muchos factores de riesgos familiares, comunitarios o socio económicos, que influyen en que un adolescente cometa un delito. Puede ser la falta de referencias positivas en la familia, la disfuncionalidad en estas relaciones, la presión de los amigos, la integración y participación en pandillas, un sistema escolar que tolera la violencia y la discriminación y servicios sociales que no alcanzan a llegar con acciones preventivas y de orientación.

Por la razón que sea, en el caso que cometan un delito, las y los adolescentes tienen el derecho de recibir un tratamiento especial y adecuado a su edad. Además, se merecen una nueva oportunidad. Las medidas alternativas a la privación de libertad para adolescentes y los Centros de Orientación con equipos multidisciplinarios y comprometidos, son un servicio que está al alcance de jueces, que son quienes establecen las sanciones y sus modificaciones, y está demostrado que funcionan. La historia de Julia es la mejor prueba de ello.

*Este nombre ha sido modificado para proteger la identidad del niño.

Federico Simcic es especialista de Alianzas Corporativas en UNICEF Bolivia. 

 

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